sábado, 6 de marzo de 2010

Agujeros


A veces me gustaría no ser yo, sobre todo cuando tiene que ver con la memoria. Sí, tengo una memoria aterradoramente buena, y esto es bueno una gran parte del tiempo; la otra, es puro sufrimiento y tristeza.
No sé cómo debería funcionar la vida, sé que yo paso mucho tiempo recordando, y que esto me causa mucha tristeza cuando recuerdo a personas que ya no están en mi vida. Desde amigos hasta familia, mi vida parece llena de despedidas, como si todos aparecieran sólo para despedirse... no importa si es en poco o mucho tiempo, que quien quiero se vaya es siempre triste. Creo, con el tiempo y mucho raciocinio, que estoy mucho mejor sin varios de ellos, pero eso no quita el dolor. También creo que algunos no deberían haberse ido, o mejor aún, llegado alguna vez si iban a tener que irse. Alejandra me dijo un día que "él" le había dicho que había tres tipos de personas: las llegan para quedarse contigo, las que sólo pasan por tu vida rápido, y aquellas que llegan para cambiar(te) radicalmente, y después se deben ir. Esto es, sin duda, triste, por qué hay gente que sólo llega para dejar una huella imborrable, y después se van.
A veces me siento como ese juguete que es como una esfera, que tiene diferentes agujeros, cada uno con una forma geométrica diferente (círculo, triángulo, cuadrado, etc) y tienes que meter a través de cada agujero la pieza que corresponde según la forma... por supuesto, no puedes meter un cuadrado en el círculo, ni un triángulo en la estrella, y si pierdes alguna de las piezas, ese agujero nunca volverá a taparse o usarse, quedará así: un agujero, para siempre. Así me siento. Llena de agujeros cuyas piezas se han perdido, y que no hay solución alguna.
Por esto, me gustaría a veces no recordar, ya no digamos a la pieza, sino recordar que tengo un agujero, que soy sólo agujeros, al rededor del borde de un círculo, que por dentro está vacío...

martes, 2 de febrero de 2010

Reforma a las costumbres de lectura


Tengo que confesarlo: la avaricia (dicen que el pobre quiere lo que no tiene, el rico quiere más de lo que tiene, y el avaro quiere TODO) me ha consumido, y ante esto, no me ha quedado otra opción más que tomar medidas drásticas. He aquí el problema: todo comenzó en mis mozos años en la preparatoria (5 de prepa para ser exactos... coría el año 98), cuando encontré un par de libros que me gustaron mucho, y después, una persona que disfrutaba leer y tenía buen gusto en la lectura, que me fomentó a leer. Después de este segundo en que me di cuenta de haber cruzado la línea entre quien no lee, y quien vivirá una vida leyendo, todo ha ido maravillosamente. Tengo excelentes hábitos de lectura, siempre (y no es exageración) tengo un libro en lectura, y me es indispensable tenerlo. Sí, a veces tardo más en leerlos, y otras veces no duran ni una tarde de lectura, pero siempre existe algo que estoy leyendo.
Por supuesto, pasé una etapa de extrema lectura (2 o 3 libros por semana) y una de poca lectura (un libro cada dos meses, cada mez). Pero, mi etapa actual es preocupante: leo un libro CADA DOMINGO. Esto tal vez, necesite una explicación, pues presumir leer sólo el domingo es un poco tonto. Entre semana leo poco, unas cuantas hojas por día, no más, pero el domingo lo destino a leer, me siento a las 10 de la mañana y leo hasta la 1, y después de las 2:30 a las 6... salvo imprevisto (como una visita). Esto, me ha llevado a leer un libro por domingo, o en ocasiones dos... Sí, suena maravilloso, pero tiene un gran inconveniente: he leído prácticamente todos los libros que tengo (algunos muy valiosos no pueden salir de casa, así que no los puedo leer el domingo), no me gusta pedir libros prestados, y aunque suelo robar (es decir, pedir prestados y nunca regresar) libros de mi abuela, no me doy abasto. Así, compro libros ¡He ahí el problema! Si por mes leo de 4 a 6 libros, eso significa que tengo que comprar esa cantidad de libros por mes... haciendo cuentas, es una cantidad significativa de dinero, casi imposible de pagar en este momento por mi economía. Por eso, pasó lo terrible (que es el tema principal de esto), decidí dejar mis editoriales favoritas, así como atutores favoritos, recomendados o recomendables, y comencé a buscar en otros lugares de las librerías. Encontré una editorial fabulosa, los libros cuestan $29, pasta dura, hojas color revolución (no blancas, pues), buenas ediciones; de esta primero compré un libro de Lessing, y después fui comprando según el título pareciera interesante. Maravilloso descubrimiento. He leído 5 libros de dicha editorial, y TODOS me han gustado. Algunos son de autores muy famosos, otro no tanto para mí, pero sin duda alguna interesantes. Así, también me he aventurado a comprar libros en las secciones de "oportunidades" en la Gandhi, o de descuento, y también he encontrado libros increíbles. Uno de ellos es Un arma en casa, de Nadie Gordimer.
Esta nueva costumbre de comprar libros diferentes, influenciada por el bajo costo, me ha permitido conocer muchísimos autores que tal vez nunca hubiese leído, conocer diferentes editoriales, y vivir muchas horas de felicidad y lectura. Claro que algunos de los libros no tienen las bellezas estéticas de Alfaguara o alguna otra editorial hermosa (porque hay que admitirlo, lo más cómodo para leer son los libros de Alfaguara), pero al final, lo que importa es el contenido, y éste ha sido siempre agradable y lleno de nuevas oportunidades.
Habrá que ver si todas mis compras resultan tan buenas como hasta ahora...

lunes, 28 de diciembre de 2009

Navidad


Sonaré absolutamente amarguete, y en realidad sé que lo soy, pero creo que con respecto al tema de Navidad, soy bastante objetiva: LA ODIO.
Razones, hay varias, mi infancia no hizo que fueran muy amenas, pero sobre todo, porque me parece una burla. Se supone que es una época para estar con la familia, convivir, disfrutar una buena cena, y por supuesto, utilizar los regalos como una forma de expresar amor. No sé si esto sea universal, o sólo pasa en mi familia, pero la verdad es que esto no sucede. La comida en sí, me choca, no me gusta el pavo (a menos que lo haga la mamá de Aremy), me choca la simple idea de los romeritos, por no mencionar el horrible olor de los camarones secos que alguien cree que es buena idea meter en algo tan especial y exquisito como el mole, y después, el bacalao (por supuesto, el de la mamá de Aremy no se incluye, pues es sin duda alguna el mejor que alguna vez he tenido suerte de probar), que siempre está salado, no tiene gran sabor, y las aceitunas y piñones no son suficientes. Cuando pregunté por qué no mejor comíamos algo que a todos o la mayoría nos gustara, me contestaron que eso se comía en navidad, y que como sólo era una noche, pues que me chingara (con la diplomacia que caracteriza a las familias, es decir, sin groserías, pero con sarcasmo, autoritarismo y desprecio). Así, en cuestiones alimenticias, no me queda más que llenarme de botana.
Después, en la cuestión de la convivencia en familia, qué decir! (ironía, por supuesto), la mitad de la familia "tiene" otras actividades familiares que satisfacer, por lo que convivir se vuelve más en un arreglo o contrato, inamovible, y que siempre puede traer aparejado embargo (recordemos a Jesús Andrés) en caso de incumplimiento. No sé por qué, pero en mi familia no se platica de uno, no se convive tal cual, siempre son temas generales que no nos afectan, o, en su defecto, afectan a quienes sí son importantes (ya saben, cuestiones de jerarquía). Pero no hay tiempo para hablar de cómo estamos, qué hemos hecho, qué pensamos, qué queremos de la vida. Ningún detalle (como chica escolta, cero particulares, puro "trabajo" ja ja ja) personal que pueda comprometer el interés en otra persona.
Finalmente, los regalos. Me encantan los regalos, pero siempre tienen un problemita, atinarle a lo que de verdad me gusta o quiero, es difícil (tampoco imposible, y sería facilísimo si la gente preguntara o pidiera una lista, o algo así). Además, comienzan las comparaciones, ¿El regalo más grande será para la persona que más se quiere? ¿O el más caro? Inminentes son las comparaciones. Mi abuelo, durante muchos años dio el mejor regalo: dinero. Antes nos compraban cosas, casi siempre padrísimas, hay que aceptarlo. Si alguien te regala dinero, te hace feliz!!! Así puedes ir a comprar lo que TÚ quieres, mo lo que alguien más cree que podría gustarte, porque a ellos les parece que "eso" es lo que te gusta o gustaría. Demasiada proyección y adivinación. Me gustan también los regalos de Ángel, porque siempre me pregunta qué quiero, y me lo compra. Sin duda alguna, SIEMPRE LE ATINA. Creo que más que la emoción de la sorpresa, debería ser importante la emoción de la acertividad.
Así, todo parece indicar que no me gusta, ni me gustará algún día navidad. Bueno, tal vez podría gustarme si dejáramos las pretensiones y pautas quesque navideñas, y concentrarnos realmente en el otro, en los demás, en la convivencia, y que lo importante es la oportunidad de estar juntos. El año pasado le comenté a mi prima que debíamos aprovechar esa navidad, pues sería la última con la abuela, y así fue. Murió en septiembre, y esta navidad y las siguientes ya no estará. Pero, a pesar de esto, no aprendimos (el plural es para ser menos agresiva, porque yo no soy así), este año no aprovechamos la oportunidad de estar juntos, de convivir realmente con los demás.
Así las cosas, y ante la realidad de que no cambiarán las cosas, afirmo nuevamente: ODIO NAVIDAD.

Las aventuras de Sherlock Holmes


Así es, todas, y cuando digo todas, me refiero a ese absoluto de TODAS, las he leído. Mi papá le regaló a mi abuela todos los libros de Sherlock, y aprovechando, con cierta vergüenza, que ella ya no los va a leer, pues los tomé, y los leí todos.
Siempre me había interesado el detective deductor, pensativo y siempre certero, pero sin duda alguna, ahora que ya leí todo lo que de él se ha escrito, puedo afirmar que es absolutamente increíble y maravilloso. Me impresiona cómo Sir Arthur Conan Doyle pudo escribir tan bien cada detalle, situación, imagen. Padrísimo sin duda alguna.
Ahora, con todo el conocimiento necesario, me preparo para ver la película. Aunque, tengo un poco de miedo, pues los cortos que he visto lo representan como un hombre de acción más que un hombre de cerebro, y eso no me gusta. Pero, ay de ver...

jueves, 17 de septiembre de 2009

Réquiem


Quien me conoce, sabe que no creo en lo sobrenatural, en Dios, o en cualquier ente que implique actos de creencia y no de raciocinio. A pesar de esto, también conocen mi capacidad extrasensorial de "adivinar" el futuro. Soy conocida en el bajo y pequeño mundo como Guru-Ari, y puedo preveer muchas situaciones, que terminan haciéndose realidad. No sé si es porque tengo la capacidad de leer en las personas su "inconsciente" (necesitamos nombres y términos científicos, por supuesto) y poder así inducir lo que harán después; o, si es que soy tan poderosa que no es el futuro lo que veo, sino que al nombrarlo, mis afirmaciones se convierten en realidad. Esta última opción es más interesante, porque implica un genio de los deseos o algo así, lo que nombro, se hace realidad. Por supuesto, como el Rey Midas, tiene su lado bueno y otro malo.
He podido preveer lo que le pasa a los demás, y a veces lo que me va a pasar a mí, siento con horas de antelación que voy a encontrarme con alguien, y así sucede. Pero, también siento las tragedias antes de que acontezcan. Esto me pasó el domingo... mi abuela llevaba dos semanas muy mal, un poco por la edad (91), otro por las consecuencias de ser fumadora pasiva, y otro más por razones que yo no alcanzo a comprender (mi conocimiento médico es en realidad bastante reducido). Yo sabía desde octubre que estuvo internada en el hospital, que le quedaba relativamente poco tiempo, pero no podía saber cuánto. En navidad, le comenté a mi prima que debíamos aprovechar esa navidad porque sería la última de mi abuela. Así, el jueves pasado fui a verla; ya estaba muy mal, no caminaba nada, estaba conectada al tanque de oxígeno (que amorosamente compartía con su marido), y no se le entendía lo que decía. Estuve un rato ahí, con ella, la tomé de la mano y le sonreí... lloré un poco porque era ya inminente el futuro... platiqué con mi abuelo lo maravillosos que han sido siempre conmigo, cómo nos consintieron, quisieron, educaron, y dieron mucho más de lo que pueda yo decir. Me sentí triste pero contenta. Sin asuntos pendientes. Tal vez, sólo decirle a mi abuela lo mucho que la quiero y adoro, lo importante que ha sido para mí, y lo feliz y dichosa que me siento de haberla tenido por abuela y casi-madre.
Finalmente, el domingo, leyendo y pasando el tiempo en Tlalpan, me puse triste, tenía una necesidad incontenible de llorar, platiqué con Ángel mucho sobre la eventual muerte de mi abuelita, de cómo me sentía al respecto, de todo... Estaba muy triste, más de lo que podía entender...
Ese día, por la tarde, falleció. Me llamó mi prima a las 7, y lo supe en cuanto sonó el teléfono... ella lloraba tanto que no podía hablar, así que me lo dijo su novio: tu abuelita acaba de fallecer... así de rápido, el mundo se me vino abajo, comencé a llorar y me apretó algo dentro, aún no sé qué, pero me aprieta y apenas me deja respirar. Yo lo supe todo el día, lo sentí todo el día... debí correr a verla, despedirme de ella (otra vez, pues lo hacía cada vez que la veía), decirle en voz alta que la quería... tomar su mano mientras moría, no sé... algo. Hacer algo para prolongar la realidad inevitable.
La muerte es un absoluto, creo que el único que existe. Nunca más volveré a verla, no la escucharé más, ni podré reirme con ella como lo hacíamos antes... su casa está llena de recuerdos y familiares muertos que nos acompañan. Ella ya está, como lo pedía, con sus hermanos y padres. Está muerta y con esto tranquila, sin sufrimiento ni dolor. Yo no creo en el cielo ni que haya algo más después de la muerte, por lo menos no para su cuerpo o alma. Dejó en cada uno de nosotros, y de forma diferente, algo. A mí me dejó llena de buenos y hermosos recuerdos, de amor y cariño, de palabras y leyendas. De todos los buenos actos, sentimientos y palabras que alguien pueda dar a otra persona. Me dejó llena de ella, aquí la tengo, conmigo, todos los días estará conmigo.
Me gustaría que alguien me dijera lo que yo significaba para ella, que no sea sólo yo quien interprete esto como un amor absoluto, porque lo sé, me amaba y estaba feliz y orgullosa de mi. Una de mis tías me lo dijo: eras todo para ella, te adoraba y fue la más feliz cuando naciste. Espero que así hayan sido todos los días, que yo haya sido capaz de ser todo lo que ella esperaba. Porque así, sólo ella me importa en esto, sólo esperaba SU aprobación y satisfacer sus expectativas. Por qué, no sé, pero así es. Para mí no hay ni habrá nadie más importante y trascendente, y espero que ella, antes de morir, lo supiera. Porque no era cualquier persona, era la mejor y más importante.
Su papá murió el mismo día hace 42 años... y ella que sí creía en esto, debió de sentirse acompañada porque su papá vino por ella, para llevársela... con ellos...
Nosotros, aquí, nos quedaremos con todo lo demás, dentro de mí, en todo lo que soy y hago.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Disertaciones educadas


Ultimamente María y yo hemos platicado mucho sobre las buenas costumbres y la educación social. No es que ella esté del todo en contra del Manual de Carreño, pero sí cuestiona varias normas, sobre todo las que ya no son vigentes (como bajar del caballo y cosas así); pero, me preguntó brillantemente cuál era la causa de las buenas costumbres, y yo contesté que sirven, básicamente, para evitarle a los demás molestias, saber cómo comportarse para no incomodar al otro. Así de sencillo, es sólo para vivir en armonía.
Sin duda, se presentan conflictos de intereses, como en todos los conjuntos de normas, pero yo no creo que sea demasiado complejo resolverlas.
En cuestiones de hospitalidad, es decir, cuando invitas a alguien a tu casa, yo soy de la idea de que uno debe atenderlos (por eso los invitas), hacer de su estancia en tu casa un momento agradable. Esto implica, ofrecerles algo de tomar o comer, y estar a cargo del orden y limpieza durante la reunión. Esto implica que, si los invitas a comer, no debemos permitir que sean ellos quienes levanten sus platos o los laven. Claro, uno como invitado, debe ofrecerse a ayudar a limpiar, levantar el plato de la mesa cuando terminas de comer, llegar con algo para la reunión o los anfitriones. En realidad es sencillo lo que uno debe hacer... o por lo menos eso creía yo...
He descubierto que las buenas costumbres parecen entes extraños y desconocidos para muchas personas. Han venido a nuestra casa varias personas y demostrado, en cada una de sus visitas, una falta absoluta de educación y buenas costumbres. En una ocasión, una invitada se metió a la cocina, y sin pedirlo, se sirvió café... Por supuesto, quien me conozca podrá saber que ganas de matarla no me faltaron (para suerte suya, yo me enteré hasta después). ¿En qué mundo uno puede hacer eso? Yo, ni siquiera en casa de amigas de toda la vida, o de mi familia me atrevo a hacer algo así, NUNCA, sería motivo de traición a la patria, pena de muerte, y cualquier tortura aplicada por la Inquisición.
¿De verdad es tan complejo portarse educadamente? ¿Soy yo la que exagera? O, simplemente, las buenas costumbres dejaron de ser importantes, y ahora lo socialmente aceptado es ser groseros, violentar al otro, y vivir en un egoísmo descarado. Espero que no.

martes, 25 de agosto de 2009

¡Agua va!


Sé que es un problema nacional, y particularmente de la ciudad, pero tengo que confesar que hasta este fin de semana, no nos había tocado vivirlo en "agua" propia. El domingo y hoy por la mañana, no tuvimos agua, y es extraño, en realidad, porque aquí hay cisterna automática, así que siempre hay agua. ¡Pero no el domingo! A las 8 de la mañana, tuvimos que bañarnos a mentada de madre, y hoy casi.
El asunto es, que esta situación, no sólo la mía sino la del agua en general, me hace pensar muchas cosas. Primero, me pregunto por qué nadie hace nada para purificar el agua, y que se pueda usar (acepto que mi conocimiento científico en purificación de agua es prácticamente nulo, por eso sólo me lo pregunto, hipotéticamente); o, por qué no hay una buena orientación y educación sobre el uso del agua... algo, para que la situación cambie. Porque, no es sólo que hay poca agua, sino que el uso que hacemos de ella es poco responsable y nada sustentable. Yo, puedo regodearme en que hago un uso mesurado de ella, procuro nunca desperdiciarla, lavo los trastes con la mínima cantidad posible, y así; pero, no hago otro tipo de actividades que podrían disminuir el desperdicio, como poner botes o cubetas en la regadera para usar el agua que se tira mientras espero a que se caliente... o utilizar agua de lluvia para el escusado (la idea de usar lluvia ácida para lavar los trastes no me convence, podría usarla para lavar la ropa, pero no tengo lavadora). No sé bien por qué no lo hago, podría escusarme diciendo que porque no tengo suficientes contenedores, pero sé que eso es muy fácil de solucionar.
No sé, tal vez me gustaría vivir en una sociedad, o por lo menos comunidad, en que el desarrollo sustentable y el uso racional de los recursos fuera una práctica común y seria, me sentiría más dispuesta a hacer cambios y mejorar la situación...

lunes, 24 de agosto de 2009

Boris


Hace tres años mi papá adoptó un bulldog, curiosamente los dueños ya no lo soportaban, y mi papá, que siempre quiso uno paraa usar de taburete, decidió adoptarlo. Digo curiosamente porque son perros muy caros y difíciles de conseguir, por lo que, cuando uno los compra, se sabe que son enfermizos, babosos, toscos, hacen mucho ruido (mucho), y otros pormenores.
Feliz era mi papá con Boris, su bulldog que hablaba (es decir, respondía con gruñidos cuando se le hablaba), se sentaba en una silla a la mesa para jugar rummy, y era feliz. Desgraciadamente, su salud no era muy buena, se enfermó varias veces, tuvo una gingivitis complicada que se le pasó al cráneo o al cerebro, perdió varios dientes, muchos kilos, pero seguía vivo, dando lata y haciendo ruido.
El sábado, se murió. Yo me enteré hace rato, y me quedé pensando mucho en esto, en lo triste que es cuando una mascota se muere. Sé que no es igual que la muerte de una persona, más cuando es alguien querido, pero como nadie que yo quiero se ha muerto, no sé cómo se siente. Sin embargo, he perdido varias mascotas queridas. Es muy triste y difícil, sobre todo cuando creamos lazos "humanos" con el animal, cuando lo concebimos no sólo como un animalito o una cosa (legalmente, son cosas), sino como un ser vivo, que siente, piensa, quiere, necesita y da. Sobre todo la última parte, le dan a su dueño muchas cosas alegrías, compañía incondicional, una sensación de maternidad (en mi caso).
Todos estos lazos hacen que la pérdida sea muy difícil, sin duda. Yo todavía recuerdo con nostalgia a varias mascotas que quise mucho, y murieron. Sin embargo, algo curioso me pasa: me duele, pero lo supero relativamente pronto. No sé si porque bloqueo la realidad, pero en cuanto muere una mascota, comienzo a pensar en cuál será la siguiente que la sustituirá, qué perro, raza, sexo, y cómo va a ser. Qué le voy a enseñar, y cómo nos vamos a acompañar. Tal vez, esta sea la gran ventaja de las mascotas, que pueden ser reemplazables sin gran dificultad, a diferencia de las personas, que una vez perdidas, dejan un agujero en nosotros que nada, nadie ni el tiempo podrán tapar.

lunes, 17 de agosto de 2009

La vida nueva, Orham Pamuk


Me avergüenzo de mi: olvidé que había leído este libro antes de leer La visión del ahogado. Cuando me di cuenta, no cupe de indignación ante mi inconsciente, pues el libro me encantó. Así, ahora enmendaré mi terrible olvido.
Parte de mi formación como lectora implica leer premios Nobel, no tanto porque como los premiaron DEBEN ser buenos, si no, más bien, por curiosidad científica, conocerlos, saber lo que escriben, y después poder opinar sobre ellos. Afortunadamente, me han gustado todos los escritores ganadores del Nobel (Menos Jellinek, su escritura fue para mi un suplicio), y Pamuk no es la excepción. Esta novela cuenta cómo un libro cambia la vida de Osman completamente, y acompañado de una chica, deciden ir por todo su país buscando ángeles. La historia, descrita así, resulta ñoña y poco interesante, lo acabo de notar, pero la técnica de escritura, y el cómo son completamente increíbles.
Fue, un libro que causó sólo placer en mi... menos el final, que no era el que yo esperaba (no en calidad, sino en lo que pasó), y lo recomiendo ampliamente.

jueves, 13 de agosto de 2009

Locas de amor


Como ya había visto el capítulo que pasaron hoy de Dr. House, decidí ver la nueva serie de Televisa, Locas de amor. No, no me estoy volviendo fan de esas cosas, no no no; es sólo que me llamó mucho la atención ver el trabajo de Cecilia Suárez en esta serie (porque me fascinó su personaje y actuación en Capadocia, y en el teatro). Así las cosas, hoy vi un capítulo. No sé si el primero, o cuál (el que pasaron hoy, pues), y tengo que confesar que me gustó, y mucho. Las actuaciones están bien, la historia suena interesante (tres mujeres locas), y sobre todo, el guión me gustó. Completamente recomendable para quien todavía crea, o necesite saber, que en México se pueden hacer series y programas con excelente calidad.

La visión del ahogado


Finalmente lo conseguí, después de más de un año, lo encontré en una librería de libros viejos (terrible fue que costara más que nuevo, pero los "nuevos" están ahotados, y esa era mi única opción). Además de bailar como duendecito feliz, me emocionó mucho comprarlo y leer otro más de los libros de mi súper favorito y más maravilloso escritor de habla hispana (Juan José Millás). Desgraciadamente, no duró mucho la emoción, el domingo lo comencé desde temprano, y antes de la hora de comer lo había terminado TODO, con todo y que me puse a leer, con todo y que me distraje un rato... no duró. Por supuesto, eso significa que es maravilloso, como debe ser.
Esta es su segunda novela y libro, y tiene más o menos la misma línea: es crudo, intenso, emotivo, y no pretende trascender (esto lo escribiré otro día, una más de mis disertaciones basadas en epfanías), pero es absolutamente apasionante, atrapa desde la primera frase hasta la última.
Sólo tengo un gran reclamo, descubrí hace poco que Millás ha escrito 24 libros, y en nuestro hermoso país sólo venden (o, con mucha emoción y perseverancia) 9 de ellos... los cuales, ¡ya tengo! Necesito, todos los demás. Hay cosas indispensables, y esta es una de ellas.

miércoles, 29 de julio de 2009

Pascua


El domingo fuimos a ver el montaje de la compañía nacional, Pascua, basado en la obra de August Strindberg, del mismo nombre. El texto, por supuesto, es excelente; la escengrafía exquisita, como suelen serlo las escenografías de Phillip Amand; el vestuario estaba bien, acertado. Me gustó mucho que hicieran dos intermedios, uno entre cada acto (es una obra en tres actos).
Las actuaciones, tengo que confesar, no me dejaron del todo satisfecha. El teatro de Strindberg es realista, por lo cual, es necesario que el personaje tenga similitudes con el actor que lo representará, pero me parece que en este caso, la realidad se salió de ficción. Me dio un poco la sensación de que cada uno de los actores actuó como él/ella lo hace, no había una homologación en las actuaciones, un ritmo común. Sé que cada uno de los personajes tiene una personalidad diferente, y que esto implica tonos diferentes, pero no era eso; más bien parecían actores actuando en obras diferentes, con un director diferente, extraño.
Aún así, me pareció un buen montaje, y recomendable. Eso sí, como montaje de la compañía nacional, yo esperaba algo más grande... no sé cómo explicarlo, pero recuerdo los montajes anteriores de la compañía, y eran espectaculares (no forzosamente excelentes), y este montaje parece más algo pequeño, aunque no por ello falto de calidad.
Me gustó mucho ver un público diferente al que suelo ver en las obras. Casi siempre es gente de teatro, y aquí había muchas personas "normales", espectadores reales, y eso me gustó. Estoy convencida que lo que el teatro mexicano necesita son espectadores, como tales, gente que disfruta el teatro y por eso va a verlo, no personas del mismo gremio.

Sabiduría legal


NOTA IMPORTANTE: Este escrito contiene palabras antisonantes, salidas de una boca infantil.

Hace un año, aproximadamente, platicaba con mi madrastra sobre los títulos ejecutivos (cheque, pagaré y demás), y la maravilla de que tengan aparejada ejecución. Por supuesto, expliqué extensamente que la ejecución que traen aparejada significa que si el deudor no paga, uno puede presentarse ante el juez y solicitar inmediatamente que lo embarguen para satisfacer la deuda... justo en ese momento mi hermanito Jesús comentó (con ese aire de sabio inocente que tiene): sí, te envergan. Las dos nos quedamos asombradas y calladas, no estábamos seguras de lo que había pasado. Al preguntarle nuevamente qué había dicho, Jesús contestó que cuando te embargan te envergan. Así, en dos segundos y con una sencillez digna de Sócrates, mi hermano explicó las consecuencias reales de un embargo...

La "otra" clase social

No vengo de una familia adinerada, ni mucho menos con pedigree, mis abuelos tuvieron buenos ingresos (ahora sólo viven de mantenidos por el gobierno, según palabras de mi abuelo, porque está pensionado) y estos les permitieron darle a sus hijos muchas comodidades y una buena vida. Así, crecimos en una familia de clase media, estudiamos en escuelas privadas, viajamos (aunque nunca a Europa o lugares así), tuvimos algunos lujos, pero sobre todo y gracias a mi madre, buenos modales. Ella siempre decía que los modales eran indispensables, pues nos permitirían mejorar nuestra condición (es decir, subir de clase social, convivir con los ricos, y no desentonar).
Mi papá, por el otro lado, siempre estuvo preocupado por que tuviéramos una excelente educación, pues esto era lo que en verdad nos permitiría tener el mundo. Tengo que aceptar que la tuvimos (una excelente educación). Los amigos y compañeros que tuve a lo largo de mi educación básica fueron educados más o menos igual, los papás estaban muy preocupados por la calidad de la educación y la posibilidad de que tuviéramos un futuro profesional satisfactorio.
Me parece curioso, porque todo esto se mueve como si fuéramos otra clase social, no forzosamente relacionada con la economía, sino con la cultura y el conocimiento. Como patadas de ahogado: como no les pudimos dar vida de ricos, les damos educación, para que se puedan realizar. Así, en esta clase social, esta maravillosa burguesía, tiene mejor nivel aquél que haya realizado estudios de posgrado, y por supuesto quien tenga doctorado en una de las 10 mejores universidades del mundo, será el rey.
Esta mentalidad, por supuesto, la tengo muy arraigada. Me gusta estudiar, mucho, pero sobre todo, la posibilidad de algo mejor y diferente. No forzosamente económico, sino de satisfacción personal, de poder llegar por las noches a mi casa y sentirme exitosa, pensante, grande. Desgraciadamente, me he dado cuenta de que no es tan sencillo, tener estudios de posgrado, trabajar y ser independiente es muy difícil, a mi papá se le olvidó mencionar que este plan necesitaba, prima facie (ja ja), a alguien que me mantenga (y no sólo con lo básico, sino también con los estudios).
Quien me conoce, sabe que no es mi caso. No he encontrado a alguien que quiera pagarme mi formación psicoanalítica (sobre todo las 3 sesiones semanales de análisis), y así, estoy atorada en un limbo en el que cuento con una licenciatura, pero que no es suficiente, ni para mi ni para mi mundo. Cualquiera tiene una licenciatura. Muchos de mis conocidos tienen estudios de posgrado (por lo menos una con doctorado y estudios en Harvard). Yo quedé, tristemente, relegada en un mundo en el que no soy todavía lo que quiero ni todo lo que puedo ser, por un pequeño detallito: el sustento económico...

lunes, 20 de julio de 2009

Mujeres asesinas


Por pura curiosidad científica (que debo dejar porque siempre termino metida en problemas intelectuales) he visto los primeros dos capítulos de la segunda temporada de Mujeres Asesinas. Tengo que decirlo: es una PORQUERÍA. Podría, sin duda alguna, utilizar otros adjetivos, pero creo que todos son considerados groserías, así que dejémoslo en que es una porquería. Aceptaré que la producción se ve costosa, que el vestuario y escenografía son buenos, pero las actuaciones son las peores en términos seriales (es decir, de las series). No entiendo quién está haciendo el casting, para empezar, porque una cosa es famosas, y otra muy diferentes es buenas actrices (o siquiera actrices), y me da la impresión de que no lo han distinguido aún. Es indispensable recalcar (podría contradecirse con algo más que he escrito, pero en realidad no es así) que la actuación es una profesión, así como la medicina, requiere teoría, práctica, ejercicios, estudio, mucho esfuerzo, y como cualquier otra profesión, capacidad para ejercerla; en nuestro país se ha desvirtuado mucho esta profesión, pareciera que lo único que uno necesita para ser actriz/or es estar bien buena o "bonita" (hablamos sólo de actores frente a la televisión), y por eso todo lo que se presenta en tele nacional es una basura.
El primer capítulo de la serie, trata de una mujer con una psicosis paranóica (o algo así, no me acuerdo del término médico, ni del que ellos le inventaron) y celotípica, que mata a una vecina porque cree que es la amante de su marido. Lo único rescatable del capítulo fue la maravillosa actuación de Carlos Aragón como el psiquiatra (sin duda, si no hubiera sido actor, ser psicoanalista le hubiera sentado perfecto).
El segundo capítulo, ni qué decir, ninguna de las asesinas es actriz, así que podrán imaginarse.
Me da la impresión que procuraron darle un toque de realismo, pero no se ve, todo lo contrario. Los diálogos son falsos, las poses me remiten a Laura Zapata en María la del barrio (es decir, pésimas), la fluidez del diálogo es como una sequía (no fluye ni tantito). Malo malo malo.
Por donde se vea, es mala la serie, y esto resulta muy triste, por lo menos yo lo veo así, tanto dinero invertido para que no reditúe, y desmerite la calidad e imagen de los demás actores y actrices cuyas actuaciones son dignas de todo el reconocimiento, respeto y admiración de cuanto humano exista en el planeta.
Así, mejor vayamos al teatro, ahí es más probable encontrar lo que nos falta.

miércoles, 24 de junio de 2009

Escritura responsable

La gente afirma que cuando uno tiene un blog, adquieres una obligación de escribir en él todos los días, o casi todos. El argumento que sustenta dicha obligación, no me queda del todo claro, no sé si es para no perder "seguidores-lectores", o porque uno simplemente debe hacerlo.
Yo escribo sobre temas específicos, es decir, sobre ideas o afirmaciones que escucho, leo, y otras también que pienso. Sobre libros y obras de teatro. No me gusta escribir sobre mi vida, pues me parece que eso es privado y sólo le interesa a mis amigos, y ellos no deben entererarse de lo que hago por aquí, sino directamente.
Así las cosas, a pesar de que no escribo diario, escribo algo un poco más trascendental.

lunes, 15 de junio de 2009

Nadie te querrá como lo hago yo...

Mientras jugaba a la Cenicienta (en este caso jugaba significa cumplía irremediablemente con mi obligación y necesidad de limpiar), recordé o pensé, no sé bien si fue un nuevo pensamiento, la frase de "nadie te va a querer como lo hago yo" y sus respectivas variaciones, que nadie te va a dar lo que yo, nadie te va a besar como yo, y demás.
Me parece una frase muy curiosa, por un lado es una verdad irrefutable, pues cada uno de nosotros sentimos y externamos nuestros sentimientos y emociones de manera diferente, nos conectamos con el otro según nuestra personalidad, pasado, inconsciente, etc., y por esto, sin duda, queremos de manera exclusiva y diferente a todos los demás. Pero, si lo pensamos así, resulta tonto hacer énfasis en un pleonasmo de esta magnitud. Por supuesto, si nadie va a querer a nadie como yo, entonces qué más da decirlo, tampoco yo querré a esa persona como cualquier otra persona, así que soy única, pero al mismo tiempo igual a los demás. Entonces, ¿por qué lo decimos? ¿Por qué existe una necesidad de reafirmarle al otro (yo pienso que más bien a uno mismo) que somos únicos? ¿No deberíamos más bien, en caso de pérdida, apelar a algo más? Y digo pérdida, porque esta suele ser una frase enunciada sólo en casos desesperados cuando sentimos que estamos perdiendo al otro.
Pensado así las "cosas" (más pronto cae un hablador que un cojo), me parece obvio que uno apele a esto. Por supuesto, pierdes a alguien, o estás a punto de perderlo, y entre tanto dolor y angustia, lo único que puede ayudar es reafirmarnos, verbalizar y externar nuestra individualidad, nuestra existencia como individuos y la necesidad del otro. Porque, si lo pensamos bien, sólo existimos y hacemos si hay alguien del otro lado que lo pueda apreciar. Qué triste, deberíamos bastarnos.

martes, 9 de junio de 2009

Cuentos africanos


Este libro me tomó más tiempo del previsto (3 domingos), pero valió cada uno de los días y horas. No he leído más de Doris Lessing, y como algunos premios Nobel no han sido de mi agrado, decidí comprar este libro para "probar", pues estaba muy barato. Fue una decisión excelente, y no sólo no me arrepiento, sino que quiero leer más de ella.
Esta compilación, como su nombre claramente lo dice, relata historias que suceden en África. En su mayoría son sobre las diferencias que hay entre blancos y negros, la discriminación constante y el maltrato físico y moral. Todas son historias desgarradoras, pero la forma en que fueron escritas las hace maravillosas, como dolor y tristeza bonitos... no sé.
Mi favorito es El pequeño Tembi, y con excepción de uno que ni siquiera quise terminar, todos los cuentos valen la pena.

Delirium tremens


Después de pensarlo mucho, creo que la única palabra que podría describir esta puesta en escena es exquisita, sin duda alguna, una obra de teatro digna de reconocimiento y repetición (para quienes ya la vimos, los demás, deberán ir).
Está basada en un libro que describe las visiones que varios alcohólicos han tenido en su delirium tremens. En la puesta en escena se presentan 5 historias, representadas excelentemente por los actores. La actuación de Jorge Ávalos es absolutamente exquisita, todos sus movimientos, postura, voz, maravilloso. Aída López, como siempre, encantadora: tal vez el único problema fue que salió sólo al principio de la obra, y yo me quedé esperando que volviera a salir, o que el orden hubiese sido otro. Ni hablar.
Podemos concluir diciendo que es la mejor puesta en escena en este momento, completamente recomendable, y reprochable a quien no vaya.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Un buen puro


No estoy segura de qué motivó mi pensamiento, probablemente fue el sol y el ocio el domingo en Tlalpan, pero de repente me encontré pensando en el puro y los cigarros.
Los cigarros son fumados por hombres o mujeres indiferentemente, pero la pipa y el puro son exclusivos para los hombres. Esto, no lo entiendo. Sé que es una extensión del falo, pero si lo pensamos abierta y ampliamente, somos las mujeres quienes más necesitamos un falo externo (porque no tenemos uno incluido). Aún así, fumar puro es un hábito que las mujeres no tienen; o bueno, casi ninguna lo tiene.
Muchos hombres famosos han fumado puro, obvio no los recuerdo a todos, pero a dos que para mi son importantes, sí: Sigmund Freud e Ignacio Burgoa. Del primero me parece que no cabe acotación alguna, pero el segundo, un gran abogado y defensor de la justicia y legalidad, no hay palabras que puedan describirlo. Recuerdo mucho que a todas las clases llegaba con su puro, apagado, a veces lo prendía con un encendedor (nunca entendí por qué no con cerillos de madera) le daba una bocanada, y lo dejaba apagar. Una clase estuvo hablando de las buenas costumbres, y como ejemplo de costumbre dijo: como mi puro, miró su mano por ambos lados y notó que no traía uno, se veía extrañado, y se excusó por no traerlo. Maravilloso, un hombre con una costumbre que justo ese día había perdido...
Así es, los puros le dan a los hombres un cierto aire de intelectualidad, caché, como si supieran algo que los demás desconocemos... aún...
Por supuesto, vemos una mujer con un puro y no pensamos lo mismo. De hecho, creo que sólo conozco dos mujeres que fuman puro, y ambas son vistas de manera extraña, pareciera que roban un derecho que sólo un hombre intelectual puede tener. Pero, ¿si las mujeres también lo tuviéramos?