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viernes, 19 de octubre de 2018

Son machos, y son muchos

Recuerdo mucho una frase/broma de mi papá, que solía decir para referirse a un grupo de hombres (del que él, en ese momento y/o contexto formaba parte) que no cumplía con los estándares de masculinidad "no seremos machos, pero somos muchos". Me daba mucha risa, una frase que, ante la evidencia de una falta apelara a la cantidad, además, mi papá le aplicaba una inflexión que la hacía muy cotorra.
Pero dejemos atrás el machismo de mi padre, que lo tiene, un poco por quién lo educó, otro poco por su época, otro poco porque el patriarcado es un sistema, no una situación aislada y, por lo mismo, nos chinga a todos en el camino. Sólo diré que, ahora, a sus 65 años, se cuestiona mucho esas actitudes y procura cambiarlas, pararlas, relacionarse con las mujeres desde otro lugar; y eso, también tiene su mérito.

Así las cosas, volvemos a los machos. Hoy me cayó el veinte (y me cayó como cuando te pegas en el codo y el nervio y sientes que vas a morir de dolor) de que casi todos los hombres que me rodean SON MACHOS y, como es evidente, SON MUCHOS. No es que no lo supiera, no es que no lo hubiese criticado, es más bien que de alguna forma lo dejaba pasar porque "no me pegaba a mi" (porque el machismo no te pasa, te pega, son golpes sólidos y con todo, incluso los más nimios) directamente, y porque como amiga de ellos podría estar ahí dando zapes para que ellos fueran la amiga que se da cuenta. 

Pero no, no era así, el machismo de mis amigos me da de lleno y en la cara, constantemente y lo dejo pasar, principalmente, porque no sé cómo poner límites sin que impliquen emascular o castrar al otro (ya sé, si es un macho y me trata mal, no debería importarme quedar como la loca culera súper violenta, pero qué les digo, me sigue pesando terminar por ser esa mujer).

Para muestra, dos botones:
1. Tengo un amigo que un día dijo "yo, la verdad, sí agradezco que las mujeres se vayan sexys al gimnasio, porque me gusta verles mientras estoy en la caminadora". (sí, sí, sí, FOCOS ROJOS, a esos hombres se les da un madrazo y se les manda a chingar a mi madre). Obvio, en ese momento le dije que su comentario era súper macho y ofensivo, que eso está del asco y que no debía hacerlo... pero no me estaba pasando a mi... hasta que, la última vez que nos vimos para comer, me dijo "yo esperaba que vinieras en vestido, quería verte las piernas". ¿¡QUÉ PEDO!? ¿POR QUÉ CREE QUE PUEDE 1. VERME LAS PIERNAS, 2. EXPRESAR QUE ESO QUIERE? Asco, asco, asco. 
Claro, no le dije nada cercano a que se fuera a rechingar a mi madre ni le arranqué los tanates. OTRA VEZ, me quedé pasmada, no podía creer que pudiera decir esas cosas y CONSIDERAR QUE ESTABA BIEN, QUE NO ERA INVASIVO, QUE TENÍA DERECHO DE HACERLO.

2. Me escribió un amigo, hace rato, porque quería verme hoy, le dije que no podía, así, sólo "no puedo". No di explicaciones ni razones ni nada. Simplemente eso, porque ahora que tengo un grupo de amigas, las más hermosas mujeres feministas y cariñosas, he entendido que no, que buenos modales no puede ser sinónimo de permisión de violencia machista. Como era de esperarse, el caballero contestó: "¿No puedes cambiar tus planes? yo quiero verte ¿o qué, vas a ver a un galán? tú di rana y yo salto". Me tomó un par de minutos dejar que me permeara lo que estaba pasando, pero ya que lo sentí, no hubo vuelta de hoja. El pendejo fue ofensivo, pretensioso y machista. PUNTO. Ofensivo porque cree que cambiaría mis planes (sin importar cuáles sean) porque él quiere verme, porque mi respuesta "no puedo", no fue razón suficiente para entender que no iba a pasar, porque él quería verme, que es lo importante; pretensioso, porque se cree prioritario y más importante que cualquier otra cosa que tuviera que hacer, cualquier otra persona con quien yo ya hubiera hecho un plan... todo eso vale nada cuando él quiere verme y, por lo mismo, puedo cancelarles sin pedos, vamos, él quiere verme; machista, porque el único motivo que podría ser razón suficiente para no verle es OTRO HOMBRE, ¡háganme en pinche favor! sólo si hay otro hombre en el asunto está bien que no le vea, porque mis planes, mi vida, mis decisiones NO SON RAZÓN SUFICIENTE PARA NO DEJARLO TODO POR ÉL [nota al pie, es un pendejo a quien he visto sólo tres veces en seis años, quien nada sabe de mi día a día, ni de las cosas importantes, ni nada... nos conocemos desde hace veinte años, pero no hemos sido amigos en casi diez años... pero él quiere verme hoy].
Respondí, simplemente: 😂😂.
Obviamente, no entendió y preguntó por qué eso. Contesté que porque sus mensajes habían sido ofensivos, pretensiosos y machistas.
¿Y cuál fue su respuesta? "Quitando eso, el mensaje es que quiero verte". ¡Quitando eso! ¡QUITANDO ESO! OTRA VEZ, ofensivo y machista, "quitando lo que yo digo, quitando lo que yo siento, quitado lo que yo opino, lo que importa y queda es que ÉL QUIERE VERME. NO MAMAAAAAAAR, es demasiado. D E M A S I A D O. Haciendo acopio de un poco de decencia, contesté que sin importar su mensaje, lo que había pasado era un mensaje ofensivo, pretensioso y machista que tenía como resultado que su mensaje original dejara de importar, y que yo no quisiera verle más nunca.

Y así, después de esto, decidí que ni uno más, ni un comentario, ni una opinión, ni sobre mi ni sobre ninguna otra mujer, jamás. NO MÁS.


lunes, 24 de septiembre de 2018

El chico con el que no sabía si estaba saliendo...

En enero conocí a un chico (vía internet) y, después de un par de días de platicar, me dijo que si íbamos a cenar; yo, que soy una mujer debidamente sabia en cuestiones de "salir", le dije que mejor fuéramos por un café (qué tal que me cae mal o me aburre a media comida, y no sucederá que yo deje de comer para irme, así que es demasiado riesgo). El chico propuso un café, la hora, y quedó sentada la cita.
En el día, hora y lugar, me encontraba yo, cuando vi a un muchacho (que era "mi cita") mirar en el celular y luego a las personas a su alrededor, supongo que tratando de encontrarme. Se acercó, nos saludamos, pedimos de tomar y comenzamos a platicar. ¡Quién iba a pensar que nos caeríamos tan bien! Hablamos de un montón de cosas, nos reímos, compartimos, súper divertido. Tres horas más tarde, nos llevaron la cuenta porque ya iban a cerrar el lugar. Como debe ser, yo saqué la cartera y como él no dijo ni hizo ademán de pagar toda la cuenta, puse lo correspondiente a mi consumo. [Primera situación extraña]
Caminamos hasta la esquina, dijo que tenía hambre y me preguntó si quería ir a cenar algo. Me cayó tan bien que dije que sí y propuse un lugar de pizzas a unas cuadras de donde estábamos. Cenamos, platicamos más, nos reímos, todo iba maravillosamente bien. Pedimos la cuenta y ambos sacamos la tarjeta, cuando llegó la mesera él dijo que la cuenta a la mitad, y cada quien pagó "lo suyo". [Repetición de la situación extraña]
Nos levantamos y, otra vez en la esquina, me preguntó cómo me iría a casa; contesté que si todavía alcanzaba, me iría en Metrobús y que si ya no había servicio, caminaría; él dijo que también tomaría el Metrobús (para el sentido opuesto), así que podíamos caminar juntos hasta allá. Al llegar, dijo que me acompañaba a que yo tomara "mi" Metrobús y, antes de despedirse, me dijo que como se preocupaba un poco, que por favor le mandara mensaje al llegar a casa; me pasó su número y nos despedimos. [Tercera situación extraña]
Llegué a casa, le mandé mensaje y respondió agradeciendo la noche tan divertida que pasó/pasamos.
Los siguientes días platicamos por whatsapp, de cosas interesantes y cotidianas, todo bien y divertido. Me dijo que iría el miércoles a ver una película (no recuerdo cuál) por mi casa, en caso de que me interesara ir; mi respuesta fue que ya era muy tarde para mi, y que los miércoles eran días muy pesados de trabajo, por lo que no podía ir. 
El sábado siguiente, me mandó un mensaje preguntando qué estaba haciendo, le dije que estaba en un seminario de psicoanálisis, y él preguntó si quería ir a cenar o a tomar un café, contesté que no tenía dinero, él dijo que lo importante no era el café sino la convivencia, pero yo seguía sin tener dinero, le ofrecí estambre (porque era algo que sí tenía), pero él dijo que no sabía hacer nada con estambre. Fue una conversación extraña, y terminó en que no nos veríamos. [Cuarta situación extraña].
Después de ese día, no volvió a invitarme a salir ni a vernos, seguimos platicando, pero más bien comenzamos a hacernos amigos, nos contamos cosas que no le cuentas a alguien con quien estás saliendo, y la relación se hizo más íntima (y, al mismo tiempo, más lejana, pues seguíamos sin vernos).

Cuando le contaba esto a mis amigas y amigos, mi conclusión era que no sabía si estaba saliendo con el muchacho, porque no había hecho ninguna de las cosas que se supone que hacen los hombres cuando están saliendo con una mujer (la afirmación anterior se basa en un amplio estudio de los tres documentales más importantes de "dating": Sintonía de amor, Hitch, No le gustas tanto): no ofreció pagar la cuenta en ninguna ocasión; aun más, cuando le dije que no tenía dinero, y él insistió que quería verme, no dijo "yo invito esta vez y tú la siguiente" (así, como para no sentar precedente y que se pudiera malinterpretar que él pagaría) ni nada parecido; el primer día, dijo que le preocupaba que yo me regresara ya tarde a casa sola, pero tampoco se ofreció a acompañarme, vaya, ni siquiera se ofreció a acompañarme a mi estación del Metrobús (esta opción es considerando que tal vez, si caminaba conmigo la cuadra y media que hay entre dicha estación y mi casa, y luego de regreso, ya no podría tomar el Metrobús, porque cerrarían antes)... N A D A. 

Esto nos lleva a una pregunta que para mi, en esta época y con mis posturas éticas, filosóficas y políticas, no puedo contestar ¿si no es con las acciones "antiguas", cómo sabe una que está saliendo con alguien, cómo saber que le gustas, o que eso fue una cita?
No tenía respuesta.

Un mes después, yo le invité a que nos acompañara al teatro (a una amiga y a mi), pero dijo que ese día tenía un compromiso en Xochimilco y que sería imposible que regresara a tiempo para ir al teatro. Pocos días después, me invitó a salir el sábado (y luego me dejó colgada porque él quería ir a caminar a Chapultepec y yo no, así que se fue solo...).

Resultó que sí le gusté, que esas sí habían sido citas, y que dejó de invitarme a salir porque en dos ocasiones consecutivas le dije que no podía. Cuando ya estábamos saliendo (fue hablado con palabras y con el cuerpo, sin dejar duda alguna) me dijo que él sintió que me resultó poco interesante y que por eso no había querido salir con él, que de hecho no entendía qué había cambiado de mi lado para que después decidiera que sí quería salir con él. Sin dar muchos detalles de qué había pasado, le dije que él no se había comportado "como debía" la primera vez que salimos ni las siguientes dos invitaciones, y que eso me había hecho pensar que él tampoco estaba interesado en salir conmigo.
Puros malentendidos.

Pasados unos meses, decidió que le incomodaba la intimidad que tenía conmigo y que prefería no tener relación alguna (salir, convivir, compartir, como quieran decirle que no sea "tener una relación que pretende ser algo más después") a tenerla, desarrollar sentimientos por mi, y luego dejar de tenerla. (Uf, imagínense nada más, qué horrible la posibilidad de que se pudiera enamorar de mi, mejor así, correr antes porque, quedarse, SEGURO era una equivocación)

Así que, salí con un chico con el que no sabía que estaba saliendo, luego supe que sí estaba saliendo con él, finalmente, dejé de salir con el mentado muchacho. Además de un corazón roto y muchas ganas de decirle cosas, me quedé, OTRA VEZ, con la duda de cómo demonios saber cuándo una cita es una cita.

[Mi cuñada la "pero ni de cerca feminista" dijo que el problema era el feminismo, porque antes los hombres simplemente pagaban, iban por ti, te regresaban a tu casa, y que ahora ya no se podía saber qué esperar. Yo, la verdad, prefiero esta vida con feminismo en la que yo pago mis cosas, voy y vengo sola (sin miedo y sin problema alguno), a una vida en la que él paga pero, al mismo tiempo, tiene derecho de cobrarse, de abusar, de someterme. Habrá que ver si mi cuñada no es medio tonta...]

viernes, 18 de julio de 2014

Sabes que es él y no otro, cuando...

No sé si les ha pasado, pero todas las mujeres (no sé si los hombres) tenemos una "lista imaginaria de requisitos que debe cumplir una pareja". A lo largo de los años, metemos y sacamos detalles, según hayamos aprendido que son tonterías, no son importantes, o lo contrario, que sí lo son. Mis amigas dicen que los años y fracasos nos hacen más exigentes e intransigentes en este sentido, pero yo no estoy del todo de acuerdo, o más bien, no sé si sea así o no.

Para mí, dicha lista tiene tres secciones: A HUEVO (sine qua non) / NEGOCIABLE / SERÍA UN PLUS.

En la primera están, por decir algunas:
  • Que lea más de un libro al mes;
  • Que no le moleste que yo fume;
  • Que sepa qué chingados es el psicoanálisis (y no acepto cosas como que Freud se quería acostar con su mamá y hay libros que te dicen qué significan tus sueños);
  • Que escriba SIN errores ortográficos;
  • Que sea más alto que yo;
  • Que tenga por lo menos el mismo nivel de estudios que yo;
  • Que no se drogue;
  • Que no sea alcohólico;
  • Que no le guste la violencia física (léase, que no me pegue);
  • Que sea independiente económicamente y viva solo;
  • Que domine por lo menos un idioma más;
  • Que esté delgado (no como Ryan Gosling, pero sí que no tenga panza chelera o chichis);
  • Que no sea un materialista/capitalista obsesionado con gadgets, coches, marcas, poses...

En la segunda:
  • Que haga ejercicio;
  • Que viva relativamente cerca de mi casa;
  • Que le guste andar en bici;
  • Que no hable inglés (pero alguna otra lengua sí);
  • Que no le guste viajar;
  • Que no fume;
  • Que le moleste que yo cante (lo hago horrible);
  • Que no le guste bailar;
  • Que no le guste la trova;
  • Que quiera mudarse de país.

En la tercera:
  • Que sea psicoanalista;
  • Que haya hecho un análisis;
  • Que cuando seamos viejos quiera vivir en una casa en un pueblo, con un jardín grande y cosechar lo que comemos;
  • Que sea ecoamigable;
  • Que le guste Sherlock Holmes (yo soy muy muy fan);
  • Que sepa cantar;
  • Que sea bailar;
  • Que le guste la trova.

Evidentemente, este post tiene algo que va más allá de esto, si no sería de hueva... Así que, como bien lo dice el título, uno sabe que es él y no otro, cuando te das cuenta de que NO cumple con ciertos requisitos que a ti te parecían indispensables, que tal vez hasta entraban en la sección A HUEVO. Y no sólo eso, sino que te fascina que no sea así.

Ejemplo, que le gusten las botas vaqueras y las use. ¡Botas vaqueras! ¿Hay algo más por decir? Me parecen horribles, incómodas, feas, horribles, espantosas... Simplemente no me gustan, no no no no no. Y, aún así, cuando mi novio se pone las suyas (vergüenza) y lo miro de soslayo, no puedo evitar pensar "pues sí le van, se ve bien guapo" (¡¿Qué chingados pasa por mi cabeza?!).

Yo siempre dije (y lo sostengo) que no hay nada más desagradable (obvio lo hay, me gusta tirarme al drama) que un hombre con la camisa abierta, enseñando pelo en pecho, con cadenita (cual película mexicana, ya saben cómo, lo sé) mucho más cuando trae un dije de la virgen o algo así. Es HORRIBLE, hasta imaginarlo me da "cosita". Y claro, ahora, cuando él sale tan guapo con sus camisas (porque siempre anda de camisa) y se deja los primeros dos botones abiertos, y se le ve el pecho el pecho, yo, LITERAL, me emociono y sonrío y UF, que me vuelve loca loca. Me parece que le da personalidad, que lo hace ver bien guapo, y muero de ganas por tocarle el pecho... (sí, exacto, ¿qué pasa?).

El esposo de una amiga de mi papá, solía decirle a ella "princesa": princesa, ¿qué te traigo?, princesa, ¿qué quieres? Y yo, moría de diarrea por esas cursilerías. P R I N C E S A, ni que fuéramos niñas que todavía creen que las películas de Disney se hacen realidad. Y ahora, cuando escucho que me dice "princesa", siento mariposas en el estómago, sonrío, me emociono, me parece lo más hermoso del mundo. SOY UNA NIÑA TONTA QUE SUEÑA CON SER SU PRINCESA, ¿qué pedo?

Sé que son tonterías, que es divertido que pase, pero yo no lo veo como cualquier cosa, todo lo contrario. Me parece que está bien cabrón que tenga un vínculo tan fuerte con un hombre que tiene esas cualidades que antes me parecían espantosas, que me emocionen cosas que siempre me parecieron ridículas y patéticas. Es como si el amor pusiera todas nuestras convicciones y decisiones en una cuerda floja, y cualquier de ella pudiera caerse. Sí, lo sé, no es el amor, es el inconsciente, porque no hay nada que nos guste ahora, que en realidad no nos haya gustado siempre (pura negación y represión). Y si es así, sólo me queda por decir una cosa:
CHALE, ESTOY BIEN ENAMORADA

miércoles, 29 de agosto de 2012

Y me puso a pensar

Me gustaría decir que no es cierto, que eso no es importante porque yo estoy bien pero bien feliz con mi novio (y es cierto), pero la verdad es que hay ciertas situaciones que no dejan de desconcertarme.

Por ejemplo, hoy por Facebook me enteré que el chico del que estuve "enamorada" toda mi adolescencia, le propuso matrimonio a su novia. Y claro, hay una parte narcisista que siente "coraje" porque no decidió quedarse a vestir santos sólo porque yo no quise estar con él (maravillosamente, cuando a mí dejó de gustarme, él comenzó a insistir y buscarme y demás ironías). Porque a todos nos pasa, ¿no? nada tiene que ver con que uno quiera estar con ellos, sino con que ellos no quieran estar conmigo (¿quién puede no querer estar conmigo?).

Tampoco tiene que ver con que yo quiera casarme (algo así como que me proyecto), porque no quiero hacerlo, soy la más feliz del mundo con mi relación y el no-casamiento. Pero da para pensar, porque el tiempo pasa y pasa y pasa, y si no te das cuenta, todo está cambiado y no entiendes por qué. Hasta hace poco (o parece poco) todos eran solteros y andaban felices por la vida, no había más que planes a futuro. Ahora, todos vivimos "en" lo planeado, estamos ahí y pareciera que ya no hay nada qué planear (que no sea lo evidente: tener hijos, trabajar, envecejer), y esto resulta raro para mí, que mis amigas (y conocidas) estén casadas, que algunas tengan hijos... y yo, con mi vida que va por otro lado (ni casorio, ni hijos, ni ningún plan convencional) me siento cada vez más desconcertada, desconocida de este mundo en el que vivo, de las personas que me rodean. 

Y no es, en este sentido, una queja, pues me fascina hacia dónde va mi vida y lo que estoy haciendo, mis relaciones (amistosas, familiares, de pareja). Tal vez sea sólo una pregunta, ¿si la vida de todos va por otro camino, a la larga estaré sola?

Qué cosas provoca en mi cabeza que un chico le haya propuesto matrimonio a su novia...

viernes, 27 de julio de 2012

¿Te pusiste bilé?


De repente tuve una epifanía: debía saber qué demonios significa la palabra bilé y por qué ya no se usa.

Ja ja j aja. Yo también me reí nada más de pensar que eso ni es una epifanía, ni es algo importante; pero vamos, que a veces la curiosidad va a donde ni el aburrimiento, así que, investigué:
Según el DRAE, es sinónimo de pintalabio en México (y ya todos sabemos qué es un pintalabios y no tiene ningún chiste).

Y esa es toda la información que pude obtener...

jueves, 28 de junio de 2012

Ándale, es para convivir


Para mí, la hora de comida durante la jornada laboral es un lapso para descansar, comer y hacer lo que quieras, vamos, que es un momento en el que eres libre de tus obligaciones laborales. No hay más, no es complejo, es así de sencillo.
En los trabajos anteriores en que he estado, sin importar el tamaño de la empresa, cada quien hace de y con su hora de comida lo que le viene en gana, que para eso es. En la empresa pasada en que trabajé, comía con dos chicas, con una de ellas todos los días, pero no era una obligación hacerlo, es más, yo bajaba más temprano que ella para encontrar un buen lugar, y ella bajaba a la hora que podía. Así era, comíamos juntas siempre que tuviéramos ganas de hacerlo y, si no, no pasaba nada. Recuerdo un día que decidí no comer ahí, porque no me sentía de humor, simplemente no me aguantaba yo sola y sabía que sería una pésima compañía para comer, y que no debía hacerle eso a mi amiga.
Ahora, en el nuevo trabajo, todo funciona diferente. El viernes salimos temprano, así que cada quien come donde quiere. El resto de los días, es un poco más complejo. El día que entré me dijeron que lunes y martes cada quien traía su comida o pedía y comían en la oficina, y que miércoles y jueves salían a comer.
Yo, que soy una mujer avara y controladora, siempre hago de comer para los días de trabajo, y lo prefiero porque es, además, más fácil hacer dieta así (por no mencionar que es más barato). SI hago un análisis a conciencia, creo que no me gusta salir a comer, entre el tránsito y el estrés de la ciudad, siento que me canso más, en vez de descansar y distraerme. Así que, soy completamente partícipe de comer en el trabajo sola o acompañada.
Ahora, llegado el momento de relatar los sucesos de hoy, puedo contar que bajo la insistencia de los compañeros de trabajo, acepté salir hoy con ellos a comer sushi (hágase nota de que no como sushi, odio la sensación del masacote en mi boca), me di cuenta que sólo puedes decir que no un número delimitado de veces, y que ahorita, que estoy empezando aquí, no era bueno alejarme. Así las cosas, estábamos todos hambrientos y listos para salir a comer, cuando uno de ellos menciona que habrá semifinal de futbol y que deberíamos ir a verla. NI MADRES, pensé yo a gritos dentro de mi cabeza: sushi y futbol juntos, pero ni si me ofrecieran baro de por medio. Y no sólo eso, además se les ocurre que deberían de ir mejor a la cantina del Camino Real (hotel), porque ahí seguro hay lugar y pueden ver el partido. HÁGANME EL PUTÍSIMO FAVOR: futbol-caro-todos juntos. Bueno, que ni que fuera parte del trabajo.
Sí, nadie entendió que yo simplemente no quería ir, que no me gustan ni el futbol ni el ambiente que genera en el espectador. Que además me caga la madre pagar un montón de dinero por una comida que no quiero comer, sólo para estar con ellos, para formar parte del grupo. Es que lo escribo y vuelvo a molestarme, está mal, simplemente mal que esas sean las condiciones: alguien más decide qué hago yo con mi dinero, en qué tipo de comida y lugar lo gasto, pues son requisitos para ser aceptado en un grupo…
No, no, no, por donde lo vea me indigna. Es que es el colmo que en todos los grupos sociales es indispensable que uno se sacrifique, se ponga en situaciones incómodas o deba dar más de lo que le resulta lógico y sano dar. ¿Por qué? ¿Es justo esta la razón por la cual las relaciones de todo tipo terminan tan mal?
¿Qué nadie se ha dado cuenta?

martes, 26 de junio de 2012

Dos nombres, dos, no uno.

Me quedé pensando en lo que escribí sobre mi nombre, y luego ese pensamiento brincó al de los dos nombres: sobre los padres (o quien sea que lo haga) que decide ponerle dos nombres a los críos.

Haciendo conciencia, es súper común que la gente tenga dos nombres, casi tanto como tener uno, pero tres, por ejemplo, no es tan común; conozco tres personas con tres nombres de pila cada uno, que justo por esta razón, se han quedado grabados en mi mente: Dulce Amancer Estefanía; José Manuel Alejandro; y el otro se me acaba de olvidar (chale). El caso es que no es común, no pasa con tanta frecuencia como uno pensaría.

En cambio, los dos nombres son el pan de cada día. Ponerlos, que no usarlos, y de ahí mi pensamiento recurrente hacia ellos. Mucha gente tiene dos nombres, pero sólo usa uno, el otro suele omitirlo (completa o parcialmente), usar sólo la primera letra como para no olvidar que ahí está, pero sin otorgarle el lugar o importancia de un nombre, y algunos, pocos, usan los dos.

Así que, pensaba yo en la razón de que ciertos nombres dobles sean más usados que otros, por ejemplo Miguel Ángel, José Antonio, Juan Carlos, Luis Carlos, José Ramón, María de la Luz (aunque le digan Mariluz, o algo así, ahí están os os)… casi todas estas combinaciones están formadas por un nombre de dos sílabas. ¿Será esto lo que fomenta su uso doble? ¿Es la rima que se crea entre ellos?

Estoy completamente de acuerdo en que cada quien puede tomar decisiones sobre su propio nombre, pero más bien, lo que me genera duda es la decisión de los padres. Suelen ponerles dos nombres porque les gustan ambos (los nombres), y creen que poniéndolos pasa algo, y no se dan cuenta de que da igual cómo te hayan puesto, si nunca lo usas. Entonces, ¿para qué? O de plano es sólo una de esas cosas pendejas que hacen los padres quesque porque son mejores para sus hijos.

Porque el nombre es eso, lo que te nombra, la palabra que nos conceptualiza, es algo bien importante, no nimiedades. Es más, es tan importante que hay gente que decide cambiárselo legalmente (borras el anterior, deja de existir), o que optan por otro nombre para mentarlos (una tía decía, cuando era niña y le preguntaban su nombre, que se llamaba Coquis, no Sara Esther).

No sé, tal vez si yo me llamara María Ariadna, o Ariadna Petroncia (por aquello de dolorosa) entendería qué se siente o motiva que usemos uno u otro. Porque yo, si me llamara Ariadna Petroncia, pediría que me llamaran Petroncia, que es un nombre demasiado chingón como para dejar en el olvido.

jueves, 13 de octubre de 2011

Perversiones

Si creyera en Dios, le agradecería que dos o tres días a la semana me dé un regalo tan especial como la compañía de ciertas personas (de dudosa calidad moral y humana) a la hora de comer. Claro, si Dios existiera, es evidente que este regalo sería sólo un castigo... ¡espera!... en realidad sí es un castigo, y ahora les diré por qué.

Tres de la tarde, un miércoles normal, un poco nublado, el clima ni muy frío y caluroso, yo concentrada en mi comida (y en comerla, principalmente) cuando llegan A* y E*, dejan sus cosas y van a calentar la comida. A los pocos minutos llegan MA y P* y se sientan frente a mí. En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos los cuatro ahí, A* sin hablar (porque le cae mal P* y le parece súper maduro hacerle la ley del hielo. Aunque, yo tampoco le caigo bien... capaz que por ninguno de los dos hablaba) y los demás sí que hablábamos. Después de un rato, la conversación se tornó en algo extraño:

E*- No, no es que yo los discrimine, pero la verdad es que no está bien. Recuerdo cuando tenía 14 años y de repente vi a dos viejas comiéndose a besos: horrible. Me dio mucho asco. Es que ahora hay muchos homosexuales.
P*- Que no, siempre ha habido la misma cantidad, es sólo que ahora no se esconden.
E*- Pero es que es una exageración, igual que el día que fui al Vips a la Zona Rosa y un gay estaba comiéndose y desnudando con los ojos a R* [su prometido].
Yo- Bueno, pero es que estabas en la Zona Rosa/
E*- Nada que ver, antes no estaba como ahora. Yo todavía recuerdo cuando era decente.
Yo- La Zona Rosa ha sido "indecente" desde hace 30 años...
E*- Claro que no. Yo estudié por ahí y salía a los bares de ahí y no es como ahora.
P*- Pero antes era sólo en la noche, ahora también en el día.
E*- Además, está mal, esas cosas no están bien. Cada quien puede hacer con su cola lo que quiera, pero no tienen por qué meterse/
Yo- con tu cola/
E*- ¡Exacto! Al final iba yo a terminar golpeando a un hombre para que le quitara los ojos a mi novio.
MA- Bueno, pero cada quien sus cosas...
Segundos incómodos, yo reía por dentro al ver la cantidad de pendejadas y prejuicios que pueden salir de la boca de E* y ella no sólo no se da cuenta, sino que se cree la reyna de la moral, sabiduría y deber ser.
P*- Un día entré al baño de Central, Central y me encontré a un viejito como de 85 años entradísimo con una muchacha, seguro una puta, de 20 años.
MA y Yo- Ja ja ja ja ja.
E*- ¡Qué horror! ¿Y qué hiciste?
P*- Dice "perdón" y cerré la puerta. La verdad es que yo no me lo esperaba.
Así siguió la conversación, cuando de pronto:
E*- No, pero esas ya son perversiones [besarse con dos personas o ser exhibicionista, aunque no lo dijera tal cual], yo no entiendo por qué la gente tiene que hacerlo así, para que lo cachen, es que eso ya es una enfermedad, esas fantasías están mal, es súper enfermo, vamos, son perversiones.
Yo- Pero si son fantasías, no tienen nada de malo, en la mente todo está permitido y todo es sano. Yo no veo cuál sea el problema de fantasear.
E*- Es que no está bien porque las llevan a cabo, y eso es perverso y enfermo.
Yo- Si son fantasías, quiere decir que no las realizas, que están en tu cabeza, que son: FANTASÍAS.
E*- Por eso, esas fantasías de que te vean, o hacer cosas así, son perversiones y están mal, es gente enferma. O por lo menos eso dice Frod. [es decir, Freud, que se pronuncia como fro-id]
P*- A Quentin Tarantino le gustan los pies, tiene un fetiche con ellos, y no veo cuál sea el problema.
E*- ¡¿Cómo que no?! Si nada más hay que ver las películas que hace, es un enfermo.
Yo- Pero hay diferentes tipos de fetiches, y un fetiche NO es una fantasía, son cosas diferentes.
E*- No, son perversiones y están mal. Es que, ¿por qué el viejito y puta estaban ahí, excitados porque alguien los iba a cachar?
P*- Pues no sé, no les pregunté... [Como por qué habría de haberles preguntado: "Disculpe caballero, sé que está muy excitado por tocar los bellos pechos de la señorita, pero me atrevo a interrumpirlo porque deseo saber qué lo motiva a realizar dicho acto en un lugar público, con el riesgo de ser descubierto" No mames]
E*- Tampoco entiendo por qué una mujer tan joven estaría con un hombre tan mayor.
P*- Pues es que el señor le pagó por que estuviera...
Yo- P*, igual y es una situación que sólo entenderás cuando llegues a los 85, y entonces se te antoje meterle mano a una muchacha de 20.
P*- JA JA JA, yo creo que sí.
E*- Es como a la gente que le excita que la cachen, no lo entiendo.
Yo- Pues es que esos asuntos no son románticos...
E*- Exacto, y ese es el problema, por eso están mal, porque eso (aquí debemos entender que eso significa el sexo) debe ser romántico. Por eso insisto en que esas fantasías son perversiones y están mal. Además me molesta que yo tenga que verlas.
[Claro, todos nos preguntamos por qué ella las ve... porque tampoco es como que te pongan de esas cosas tipo Naranja Mecánica para que no cierres los ojos].

Ya no recuerdo de qué más hablamos, yo me quedé pasmada con el pensamiento lógico-matemático de E*. Para todos aquellos que no pudieron entenderlo, ahí les va:
La homosexualidad es una perversión.
Las perversiones están mal.
Las fantasías son actos perversos.
Los actos perversos son de enfermos.
Los fetiches son perversiones, ergo son fantasías, ergo son actos de enfermos.
Ser exhibicionista es una fantasía.

Y, mi favorita: el sexo es un acto romántico.

De verdad que pienso que más bien todo el problema es que E* es virgen y no ha hecho otra cosa más que ver películas románticas de Hollywood, por eso tiene una idea errónea de la vida. Aunque esto ni remotamente la frene o le cierre la boca.



miércoles, 12 de octubre de 2011

Ellas también lo tienen grandote (Versión acertada)

El 1° de octubre escribí este post, pero por alguna extraña razón (que aparece todas y cada una de las veces que escribo), me desvié del tema del que quería hablar. Antes era muy exigente con eso, no lo permitía, pero después me pareció que si me desviaba era por alguna razón (inconsciente) y que yo no era nadie para ir contra eso, así que lo dejaba fluir. El único problema es que este post en particular, me gustaría que no se quedara desviado, porque es algo de lo que quiero escribir exhaustivamente (o, por lo menos, intentarlo).
Entonces, retomo el hilo del post:

Y sí, estoy apelando JUSTO a eso que están pensando: al falo. Claro, no quiere decir que ellas realmente tengan uno, sino más bien a la extensión o proyección más famosa del mismo entre los hombres: EL AUTOMÓVIL. Todos sabemos que los hombres proyectan el tamaño (por falta o representación objetiva) de su falín en el automóvil que compran, y que éste se convierte en una extensión de ellos mismos, razón por la cual lo cuidan, le hablan como si fuera un ser sintiente y pensante y, sobre todo, no pueden salir sin él*.

Hasta aquí ninguna novedad. La novedad es justo el título de este blog: la relación fálica entre las mujeres y sus automóviles. ¿Se han fijado que las viejas NO saben ir a algún lugar si no es con coche (nos referiremos sólo a las mujeres que ya tienen coche, las otras, por obvias razones, aquí no existen)? Hayan o no utilizado el transporte público, son incapaces, una vez que son "dueñas" del volante, de soltarlo. Conozco a algunas que inclusive a la tienda van con coche, a DONDE SEA. Y no, no es que no sepan caminar o no tengan patitas, es que para ellas caminar o andar en transporte público es cosa de nacos, pobres, y pendejos. ¿Para qué caminar cuando puedes andar en coche? No es chick, ni nice ni fancy ni nada parecido usar las patas [para algo más que ponerles unos tacones, o levantarlas hacia el cielo, con o sin tacones (ji ji ji)], así que ellas viven en el coche.

Una de las maravillosas consecuencias de esta relación amorosa/fálica con el coche es la capacidad que tienen de hacer cualquier cosa en él (el coche, que no el falo): maquillarse, cambiarse, hablar por teléfono, twittear, mandar mensajitos (todas mientras manejan), comer, cantar, bailar y pensar en mil madres [En esto, lo confieso, yo soy una de ellas, soy capaz de hacer muchísimas cosas, de forma simultánea, tanto dentro como fuera del coche]. Y, si fueran capaces de hacerlas todas bien, no habría problema, pero no es así: andan por la vida aventando lámina, casi atropellando a cualquier cantidad de peatones, vamos, violentando a cuanta persona las rodea. Ése es el problema, bueno, eso y que no tienen idea de la relación que hay creado entre el coche/falo y ellas.

Justo ayer platicaba con mi concubinario A*** sobre las mujeres que dicen ser bien independientes y con unos huevotes de miedo, pero no hacen nada solas, o no son capaces de salir sin coche a ningún lugar. De repente te comentan que estuvieron en no sé dónde, y cuando preguntas si entraron al cine (o algo parecido) contestan, infartadas: ¡No, qué feo entrar al cine sola! Como si el cine fuera un lugar en el que la compañía es indispensable (porque, ya saben, uno ahí habla, platica, ve a la otra persona, baila, etc.). Bueno, pues pasa lo mismo con el coche, ni de chiste salen sin él, ni por asomo son capaces de subirse a un transporte público (bueno, sólo a los taxis ejecutivos y de sitio) o de caminar, si la distancia es relativamente corta.

Y no, nada tiene que ver, realmente, la inseguridad en la Ciudad. No quiero decir que no sea un factor importante y digno de considerar, sólo digo que no es, de facto, la razón por la que no salen; tan es así que son capaces de meterse, con el coche (por supuesto) a zonas de muy dudosa seguridad, donde sí hay un riesgo latente y objetivo. No, la razón por la que no salen sin el coche es porque las han educado a ser así: dependientes del falo y del coche.

Digo dependientes del falo porque, aceptémoslo, muy liberales, contemporáneas y demás, pero las mujeres de ahora fuimos educadas igual que las de antes: a depender de un hombre. No importa lo que hagamos, lo exitosas que podamos ser, todavía escuchas a TODAS (o, al 99.9% de ellas) las mujeres diciendo que ellas quieren casarse, que creen que si no tienen hijos no se realizan como mujeres, que la vida de soltera y solitaria es horrible. Quienes tienen novio/marido/concubinario, miran a sus amigas solteras con desprecio y lástima, porque les falta una parte importantísima: un falo hombre.

Curiosamente, muchas de estas mujeres terminarán con hombres que no las hagan felices (es decir, con hombres que no son los adecuados para ellas, y en quienes depositen todas las expectativas de su felicidad, que nunca podrán ser satisfechas y ellas solas serán, por su culpa, infelices), divorciadas, casadas pero padeciéndolo, volcadas en sus hijos para no pensar lo inexistente que es su relación, o solteras pero muy amargadas. 

Es que, sin un hombre no valemos la pena, no estamos completas (que no sin un compañero, alguien que te acompañe, ame, con quien crezcas, que crezca contigo, etc.) y, para sumarle más a la ironía, como nuestros padres tampoco quieren que nos casemos a los 15 o muy jóvenes, nos enseñan que es indispensable tener un coche. Así, por lo menos, tendremos un gran falo que nos acompañe en nuestra eterna búsqueda de un hombre...

*Aquí hago gala del enorme conocimiento científico del que gozo. Estoy emitiendo un juicio absoluto a partir de los prejuicios ampliamente conocidos entre la sociedad, nada más.

lunes, 10 de octubre de 2011

¡¿Pero qué pasa con los abogados?!

Lo mejor de todo es que, cuando decidí estudiar derecho, no tenía ni idea de lo que venía, porque no conocía abogados, ni nada de eso; así que entré ahí ciega e ignorante, y ahora no me queda más que avergonzarme, qué caray.

Como todos sabemos, gusto (¿será?) de comer con los abogados de la empresa (¿alguien sabe por qué todos los abogados aquí son tan jóvenes?) y deleitarme de sus muchos prejuicios y estupidez invaluable (porque de verdad, nunca nadie la ha valuado). Una de las últimas (porque la última es demasiado escabrosa para que ocupe un post completo*) fue la teoría de D* de que hay más homosexuales ahora (incitado por el comentario de E* de que cada vez hay más homosexuales, en contravención de lo que P* y yo opinamos: no es que haya más, es sólo que ahora no ven la necesidad de esconder sus preferencias) porque hay más gente, y que esto lo sustenta en lo que descubrieron los científicos (¿no aman que la gente apele a la ciencia para hacer que sus enunciados pendejos tengan un poco de valor?) sobre las moscas de la fruta: cuando son muchas, tienen relaciones sexuales entre ellas como control de natalidad. Y que esto es justo lo que pasa con los humanos, que somos tantos que la humanidad o la naturaleza tuvieron que crear más homosexuales para controlar la reproducción.


Pero me parto de la risa, ¿no sería más fácil, si ése fuera el caso, dejar de tener relaciones sexuales (en las moscas, obvio)? No veo el puente entre uno y otro enunciado: habemos muchos, ergo, voy a cogerme a puras personas de mi sexo, para que seamos menos.

Y luego se atreven a preguntarse por qué la sociedad los odia, desprecia y hace tantos (y tan buenos) chistes sobre ellos. Es el colmo que los seres encargados de velar y luchar por nuestros intereses sean tan discriminadores, cerrados, incapaces de dialogar (y por ende de escuchar) y prejuiciosos. Es una lástima. Sobre todo, cuando a mí pueden considerarme parte del clan.

Por si alguien tiene curiosidad, encontré estas páginas en internet donde hablan de la homosexualidad en las moscas (por aquello de que no queremos quedarnos con la duda y ser bien ignorantes):
[Por favor, distingan aquellos textos científicos de los pseudocientíficos]



* A E*** los negros no le gustan porque le parece que son "malos y violentos, que le dan miedo", pero no, no es que los discrimine, es que piensa que son malos (es decir, que no sólo es una racista sino que además es bien pendeja porque no reconoce que eso que siente es racismo). No puedo expresar con palabras lo mucho que me escandaliza e incomoda la discriminación, sobre todo cuando no se es consciente de ella.

sábado, 1 de octubre de 2011

Ellas también lo tienen grandote

Y sí, estoy apelando JUSTO a eso que están pensando: al falo. Claro, no quiere decir que ellas realmente tengan uno, sino más bien a la extensión o proyección más famosa del mismo entre los hombres: EL AUTOMÓVIL. Todos sabemos que los hombres proyectan el tamaño (por falta o representación objetiva) de su falín en el automóvil que compran, y que éste se convierte en una extensión de ellos mismos, razón por la cual lo cuidan, le hablan como si fuera un ser sintiente y pensante y, sobre todo, no pueden salir sin él*.

Hasta aquí ninguna novedad. La novedad es justo el título de este blog: la relación fálica entre las mujeres y sus automóviles. ¿Se han fijado que las viejas NO saben ir a algún lugar si no es con coche (nos referiremos sólo a las mujeres que ya tienen coche, las otras, por obvias razones, aquí no existen)? Hayan o no utilizado el transporte público, son incapaces, una vez que son "dueñas" del volante, de soltarlo. Conozco a algunas que inclusive a la tienda van con coche, a LO QUE SEA. Y no, no es que no sepan caminar o no tengan patitas, es que para ellas caminar o andar en transporte público es cosa de nacos, pobres, y pendejos. ¿Para qué caminar cuando puedes andar en coche? No es chick, ni nice ni fancy ni ninguna de las anteriores usar las patas [para algo más que ponerles unos tacones, o levantarlas hacia el cielo, con o sin tacones (ji ji ji)], así que ellas viven en el coche.

Si ahí se quedara al cosa, sería patético e irresponsable (eso de contaminar sólo porque te crees superior a los demás, es más que imbécil, por no decir reprochable), pero tal vez no trascendería mucho. El problema es que estas pinches vacas locas (apodo para toda aquella mujer que maneja y vive el manejar como Cruela DeVil) van por las calles como si les pertenecieran, son neuróticas, viven pegadas al pinche claxon, les gusta mentar la madre, aventar lámina, ser groseras con los demás conductores, motociclistas, peatones, ciclistas, policías y Dios padre. Si, cuando uno va tarde, se estresa, pero la culpa es propia y los demás no tienen por qué sufrir las consecuencias de una neurosis auto provocadas (porque, lo siento, pero si decides ir a trabajar hasta Santa Fé, y vives en el culo del mundo, estás pero bien pendeja si crees que el tránsito va a ser algo agradable. Y, no lo olviden, es responsabilidad de ellas: si te estresa o molesta el tránsito, trabaja por tu pueblo PUNTO).

A mí me súper indignan estas mujeres, si no controlara mis institos asesinos y sociópatas, les rompería el parabrisas a todas y las golpearía, porque ante la pendejez, el narcicismo y la neurosis, no hay razón que valga, sólo la violencia (Ver Momentos éticos). No entiendo por qué creen que la calle existe sólo para ellas, que el tránsito es una maldición que Dios les envía sólo a ellas (si pensaran, se darían cuenta de que el tránsito está lleno de pendejos que no quieren queremos soltar el pinche coche) y que la única acción posible ante ello es la violencia. Sí, confieso, yo antes era una neuras al volante, pero de repente un día dejé de serlo (los milagros sí existen) y, aunque muy en contra de mi voluntad (luego lo explicaré, en otro post), manejo desde la colonia del Valle a Santa Fe de lunes a viernes, pero ya no lo vivo como antes. Ahora, me voy con muuucho tiempo de antelación, con mi cafesito, música y kilos y kilos de tolerancia (porque sé que si soy parte del problema, lo menos que puedo hacer es ser cívica y educada y empática y respetuosa) y, lo más importante, dejo pasar a los automovilistas, ciclistas, motociclistas y peatones; si sé que voy a estorbar, prefiero no avanzar; voy con calma; nunca toco el claxon (salvo para preveer un choque); y respeto TODAS las señales de tránsito. Suena ñoño y tal vez lo sea, pero sé que así hago lo mínimo que puedo, no contamino auditivamente, y le doy algo a alguien más, dejo de pensar que el mundo gira a mi al rededor y que todos los demás son una bola de pendejos que sólo existen para darme en la madre y hacerme enojar (que los hay, los hay). Tal vez no llegue antes al trabajo, pero llego con una sonrisa, contenta y cante que cante. ¿Cuántas de las vacas locas pueden decir eso?


Me desvié completamente, mi intención en este post era expresar lo mucho que me enoja la falta de cultura cívica de las conductoras, pero al final me ganó el optimismo, y resultó ser más bien algo que me hace sentir bien sobre quién soy y cómo me comporto. Ahora sólo espero que ellas también suelten el volante de vez en cuando, usen los pies y las piernas para caminar, disfruten del transporte público (u otros vehículos que contaminen poco o nada)... vamos, que se comporten como miembros pensantes de una sociedad y no como unas pendejas egoístas.




*Aquí hago gala del enorme conocimiento científico del que gozo. Estoy emitiendo un juicio absoluto a partir de los prejuicios ampliamente conocidos entre la sociedad, nada más.

jueves, 29 de septiembre de 2011

¡Pero qué aburrida es mi vida!

Siempre he pensado que para las relaciones sociales son rarita. Sí, antes era de amigos, pero nunca de muchos, más bien de pocos, pero muy buenas amistades y siempre frecuentados y procurados. Por lo menos verlos cada quince días, una llamada a la semana, lo que uno debe hacer cuando tienes amigos.
Después, por ciertas razones que serían demasiado confusas para intentar explicarlas, fui perdiendo a mis buenos y entrañables amigos, y ahora tengo algunos (muy, pero que muy pocos) y, por razones que no entiendo, ya no procuro como antes. No sé qué cambió en mí, si la pérdida de amigos anteriores me marcó o qué, pero la verdad  es que mi vida social se ha ido al caño.

Lo más extraño de todo es que tampoco me pesa mucho. Sí, extraño salir a platicar, tomar el cafesito, una copita, cosas así, pero la verdad es que tampoco lloro porque ya no lo tengo. Eso sí, extraño a mis amigos (independientemente de que los vea o no, los extraño).






Y, bueno, una se preguntará ¿ahora qué hago con mi tiempo? Y tengo que confesar que me la paso bomba: tejo, leo, coso (bueno, todavía no coso bien, pero la práctica me hará una maestra),
veo la tele, escribo, pienso; vamos, disfruto de mi propia compañía y mis hobbies. (Sí sí, también paso mucho tiempo con el concubinario y platicamos, leemos, vemos la tele, paseamos, comemos, dormimos, todo padrísimo).


¿No les parece extrañísimo? Por todos lados: blogs, facebook, twitter, etc., me entero que la gente sale y se divierte y toma hasta acabar inconsciente, tiene one-night-stands, y todo con otras personas. Bien pero requete bien divertido... y yo... paso los viernes en la noche tejiendo, los sábados en la tarde cosiendo... qué cosa más extraña parece ser mi vida.

Por supuesto, más allá de que disfrute lo que hago y de mí misma, sí pienso por qué no salgo más o hago otras cosas, y siempre surge el pero: el dinero. Cuando calculo el dinero que necesitaría para salir dos veces a la semana a tomarme una o dos copas, o cenar, al teatro, al cine, al cafesito con los amigos, me doy cuenta de que necesitaria por lo menos $2,000 más a la semana. Y miren que mal no gano, entonces ¿qué pasa? ¡Claro! Pago renta, servicios, comida en casa, gastos, gasolina, estacionamiento en el pinche trabajo, comida y salud de mis perros, salud mía y del concubinario, seguro del coche, gastos del coche, ahorro, pago algunas deudas, libros (porque una cosa es una cosa, y otra cosa es no tener qué leer, porque hay prioridades)... y ¡tómala! que no hay dinero que me alcance (y eso que soy la reina de exprimir los billetes de $20, y contabilizar hasta el último centavo).

¿Será que o me la paso bomba, o soy una mujer responsable e independiente? ¿O algún día el dinero alcanzará?

lunes, 26 de septiembre de 2011

La maldición de la tecnología

Uno pensaría que me da tranquilidad saber que no soy la única persona en este mundo que está maldita por la tecnología (seguir leyendo para saber de qué va la maldición), pero la verdad es que no me hace sentir bien, de hecho me enoja que lo digan (Ver Pero a él también le pasa). El caso es que, por alguna HORRIBLE razón, tengo muchos problemas con las impresoras. Y no digo un problemita, sino una batalla titánica que desde los tiempos en que estas dejaron de ser de papel con hollitos (era la neta quitarle las tiritas y luego hacer gusanitos de papel... ya saben, yo la amante de las nimiedades) he tenido que pelear.

De verdad, recuerdo que desde la prepa tuve que lidiar con las impresoras, en esa época con  una mugrosa impresora HP que "era" compatible con la Mac que teníamos... horrible... y así ha sido siempre, con cuanta impresora me cruce. Por supuesto, el problema no es este, eso se podría solucionar de una forma muy sencilla: pedirle siempre a alguien más que imprima mis documentos (o de plano no imprimir, y así ayudar al planeta). PERO NO, el problema es que conmigo no funciona, y cuando viene alguien a ayudarme, o solucionar el problema, la mugrosa impresora sirve a las mil maravillas. ¡Lo odio! No sólo porque un problema intermitente es bien difícil de solucionar, sino porque te hace quedar como una reverenda pendeja frente al ayudador. (Igual que cuando se te descompone el coche, o le escuchas un ruidito al motor, llegas al mecánico o con el novio y el pinche ruido desaparece: maldición).

Hoy, algo pasó en mi vida maldita que hizo que cambiara el patrón: el escáner que tengo en mi lugar (soy bien feliz porque tengo un escáner hermoso y veloz en mi lugar, aunque no lo use para escanear mis documentos, pero me hace sentir como Akaki Akákievich) "saca" unas manchitas y tres líneas paralelas en todas las hojas escaneadas. I*** me pidió que le escaneara un documento y luego buscó a alguien más que lo hiciera porque "mi escáner sacaba manchitas y rayitas". Yo, muy indignada por la crítica a mi amado en la oficina, decidí hablarle a los de sistemas. El maravilloso Al*** vino a ayudar, le pasó espumita por el ¿? y le limpió y limpió, y luego le echó aire comprimido, toda una chulada. Cuando terminó el proceso de limpieza volvimos a escanear un documento y ¡ya no tenía las líneas! pero sí que tenía las manchitas. Así pues, le llamó al chico del Laboratorio de Sistemas (que está al lado del Laboratorio de Cajeros) para que viniera a ayudarnos, quien no pronto y presuroso llegó, le pasó el trapito (franela, por supuesto) y pidió que hiciéramos una prueba  y ¡Oh sorpresa! salió increíble la impresión. Obvio, no resulta claro el motivo por el cual esto me parece maravilloso, así que aquí va:
Si a un ingeniero en sistemas le pueden pasar estas vergüenzas de que las cosas funcionen intermitentemente, ¡que me pase a mí es cosa de nada!




viernes, 23 de septiembre de 2011

No es lo mismo que lo mesmo

No contaré la historia real que inspiró este post, sólo diré que a un amigo de un amigo, llamémosle Orejitas, contó la historia de su truene. El asunto más o menos va así:

Él llega de sorpresa a casa de ella, entra al cuarto y la encuentra revolcándose con otro caballero. Cierra la puerta, la vuelve a abrir y sólo articula un "perdón". Acción seguida sale ella del cuarto y le comienza a gritar que está pero si pendejo, que es un abusivo, que por qué se mete a su casa sin avisar, blablabla... la pelea comienza, ella le lanza una maceta, él se va. Regresan, ella parece que le pone otra vez el cuerno, se pelean, ella le pega y le abre el labio, él la baja del coche y la deja (caballeroso él ¿?) a dos cuadras de su casa y ¡CIAO!

Ahora, ante esta situación de infidelidad y abuso de confianza (a cada quien lo que le toca), recordé también el caso de otra amiga de una amiga, llamémosle Güerita y doñita, que se metió al correo del novio y le cachó unos mails comprometedores que se enviaba con otra vieja. Güerita y doñita se vio en una encrucijada, en la que tenía que decidir si confrontarlo sobre la infidelidad y aceptar, al mismo tiempo, que ella también había violado la confianza por leer su correo, o hacerse pendeja.

Ahora bien, en ambos casos hubo infidelidad (concédanme que sí) y, en términos subjetivos, pretendían mantenerlo escondido y, por el otro, hubo una violación a la privacidad, respeto y confianza por parte del cornudo hacia el infiel.

Ya que ha quedado establecida la relación melodramática, les cuento que le platiqué a otra amiga, llamémosle Juiciosa, y ella dijo que estaba del asco la historia, porque más allá de que Orejitas se hubiera metido SIN PERMISO y violando todo respeto y demás, a casa de ella, ella le había puesto el cuerno y los había cachado IN FRAGANTI, y que ni modo. Pero la violación de ella hacia la relación era mucho peor.


Yo, OBVIAMENTE, estoy en desacuerdo. Sí creo que hay niveles de violación de confianza y respeto, no es lo mismo decirle al novio: "pendejo", que golpearlo como si fueras BJ Penn y acabaran de violar a tu novia (y también, los cachaste in fraganti). Pero, más allá de estas nimiedades (los niveles), creo que uno, ante todo debe ser congruente, siempre desde adentro hacia fuera, esto quiere decir:
No te puedo exigir que te comportes como yo NO lo hago, sin importar las razones por las que yo no lo hago.
Así de fácil y sencillo. No hay más, si no somos capaces de hacer lo que creemos que es correcto, no podemos exigirle al otro que lo haga. Y no hay niveles ni matices en esto. Es a raja tabla.  En estos casos, ambos hicieron mal (negativo) y, como en derecho, si dos personas actúan de mala fe, se cuenta como si fuera de buena fe [(-)+(-)=+].

Por eso Orejitas, cuando cachó a su vieja montada en otro (o viceversa), sólo podía quitarse la ropa y unirse a la fiesta.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Pero a él también le pasa...

¿Se han puesto a pensar por qué la gente cree que decirte que alguien está igual o más jodida/o que tú debe hacerte sentir mejor? Es tan estúpido como sentirse contento porque el vecino es millonario y tú no. Es decir: ¿cómo demonios se supone que lo que NO me pasa y SÍ le pasa al otro debe afectar la forma en la que vivo y siento lo que a MÍ me pasa? Por donde lo vean, a mí me parece enfermo. Por eso me requete enoja.

Por ejemplo, te asaltan (a una amiga le pasó, llegaron a un taller mecánico que estaban robando, así que a ellos también los metieron con los del taller, al novio le cortaron cartucho en la cabeza, y luego los encerraron HORAS en una bodega, de la que salieron temerosos por sus vidas. Ah, además al novio le robaron el coche), o te roban, o algo así, y la gente te contesta: pero lo importante es que no te pasó nada ¡¡No te pasó nada!! ¡¿Acaso están pendejos?! ¡¿Qué sólo el daño físico y tangible importa?! Es más que indignante que te digan eso, porque: 
  1. Sí te pasó algo: te asaltaron;
  2. Sí, no te pasó más, pero tampoco te violaron, ni te moriste de cáncer de colon, ni te obligaron a caminar sobre vidrios rotos en Periférico, ni te ganaste la lotería, así que no es válida esta afirmación;
  3. Cuando te asaltan o sufres algún tipo de violencia, hay varias consecuencias en tu vida: afecta su dignidad (¿dónde ven la dignidad de tener que encerrarte en una bodega porque algún imbécil decide que puede hacer de tu vida lo que quiere?), tu seguridad, la forma en la que vives y llevas tu vida, tu estabilidad y, al final pero no menos importante, tus propiedades (que son tuyas y nadie tiene por ningún motivo el derecho de tomarlas, no hay justificación que valga);
  4. Estos actos repercuten en tu futuro directo: comprar otro coche, pagar el psicólogo para poder superar el trauma vivido, las horas y horas tratando de entender cómo y por qué pasan estas atrocidades, etc.
Así que "A plague on both your houses" (Shakespeare, Romeo y Julieta) para cualquiera que osea decir estas estupideces.

Claro, claro, hay una gran diferencia entre haber sido secuestrado/violado/asaltado/robado y que no te hayan dado lugar de estacionamiento en la empresa que trabajas (y has estado desde hace 5 meses) y por lo mismo tengas que caminar medio kilómetro en pendiente pronunciada para ir y regresar del estacionamiento a tu coche (por no mencionar el dinero que gastas en el estacionamiento, más el ocasional taxi de sitio que debes tomar porque está lloviendo, o es de noche, o estás cansada, o te sientes mal). PERO, eso no quita que sea una patada en los gertrudis escuchar que alguien te diga: pero velo por el lado bueno, yo tuve que esperar dos años a que me dieran lugar de estacionamiento.

Les juro que me dan ganas de golpearle los tanates...


jueves, 15 de septiembre de 2011

Caballerosos hasta en la oficina

Lo odio, simple y sencillamente, me choca que los hombres sean caballerosos en la oficina. Me incomoda muchísimo cuando el caballero se espera y detiene la puerta para que tú (a quien le faltan todavía tres metros en llegar a la puerta) pases. Me parece estúpido, incómodo y discriminador. Por supuesto que no soy partidaria de que te cierren la puerta en las narices, porque hay una diferencia entre ser caballeroso y ser grosero.

Más allá del sexo de las personas en cuestión, estoy más que a favor en que si viene alguien con un montón de cajas debemos ayudarle a cargarlas, abrirle la puerta, qué se yo, no esperar a que él nos la (puerta) sostenga a nosotras sólo porque somos mujeres. Esas son mamadas. Además, y esto deberían pensarlo todas las mujercitas que esperan este comportamiento: si quieren un sueldo igualitario, un trato igualitario dentro de la oficina, deben dejarse de estas cosas. Eres o no eres machista, y ahí sí que no hay ni cómo hacerle.

Claro, ustedes pensarán, es que no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero sí que la tiene. Repito, una cosa es ayudar a quien le vendría bien una mano, o simplemente sostener la puerta si otra persona (tuerca o tornillo) va a entrar también, y otra es ser grosero  o esperar una caballerosidad digna de la Reina Isabel. No no no, me niego rotundamente.

Sobre todo, me niego a aceptar la nueva modalidad del feminismo, en el que soy muy chingona e independiente para salir a trabajar, ganar mi dinerito, tener mi coche, tomar mis propias decisiones, exigir igualdad con relación a los hombres, hacer chistes feministas, indignarme por el machismo como si fuera una afrenta personal, y utilizar tono doctoral para denigrarlos; PERO, cuando se trata de pagar la cuenta, mantener la casa (cuando viven juntos), pagar el coche, hablarle a quien nos gusta, abrir la puerta, caminar por la calle, entonces SÍ que somos unas mujercitas chapadas a la antigua y esperamos que el hombresillo en cuestión de comporte de esa manera.

¿Dónde cabe tanta ambivalencia enloquecedora? O la una, o la otra. Pero no me vengan con sus tonterías de: yo odio que un hombre diga que la mujer está obligada a cuidar al hijo y al mismo tiempo sean de la idea (y de la costumbre, acción, etc.) de que un hombre debe sufrir y rogar para salir con ellas...
¡Por el amor de Dios!
P.D. Me encontré un blog que decía algo muy similar a lo que yo pienso...

jueves, 1 de septiembre de 2011

Hasta que la muerte nos separe


Escribo esto sólo con la intención de descargar la frustración que me ahoga cuando el sentido común me impide decir lo que pienso (qué, pero qué castigo más horrible es este para mí).
Una compañera del trabajo (ver Amigos en el trabajo) se comprometió hace poco más de un mes. Como antecedente, es una chica que decía que se casaba en abril, con o sin el novio (ahí no´más), además es alguien cuya familia no tiene una solvencia económica que permita una boda como de las celebridades. Con todo esto, podemos comenzar por contar que la noticia nos pareció maravillosa, más allá de lo que uno decida sobre su vida, el hecho de que alguien realice sus sueños, es razón de felicidad.

Así pues, pasaron los días, ella con su emoción por tener una boda, mostrando a veces que el novio ha preguntado en varias ocasiones si de verdad quiere una fiesta (no haremos una interpretación de esto, pues todos sabemos qué implica), sacada de onda porque él está más emocionado por rentar un departamento, comprar muebles, encontrar TODO para que vivan juntos... inclusive mencionando que como él ya no cabe con sus papás, deberían rentar de una vez para que él se pueda mudar ya... A todo esto le sumamos que quiere un bodorrio con más de 250 invitados, y no ha realizado cotización alguna.

Pero, dejemos la historia particular de un lado, que no es lo que más nos interesa. Lo importante es que las dos últimas semanas he escuchado de la boca de la previamente mentada, y su amiga, que el matrimonio está padrísimo, que casarse es el camino correcto, y que no casarse y vivir con el novio es vivir en pecado (obvio, lo matizan con risitas), y que no está bien, porque lo importante es la boda, el matrimonio... Yo, que todos ustedes saben, no estoy casada ni pienso hacerlo, tengo varias cosas que decir al respecto:
1. ¿Quién chingados se cree para emitir juicios de valor sobre la vida que los OTROS deciden tener? Sólo porque ella tiene una fantasía...
2. Boda y matrimonio NO son sinónimos, son dos cosas diferentes, una consecuencia de la otra, pero NO SON LO MISMO.

Obviamente, y por razones que "desconocemos", ellas han decidido emitir sus opiniones frente a mí, y ni una sola vez han sido como para preguntar por qué yo no me quiero casar, o por qué decidí vivir en pecado, con mi novio... nada, porque evidentemente, no les interesa (de ahí la molestia, la gente que emite generalizaciones que afectan a los que estamos ahí, cuando además no tienen ni les importa tener, idea alguna de por qué la gente toma ciertas decisiones.

Entonces, he decidido expresar las razones por las que yo, ARIADNA, y sólo yo, he decidido no casarme:
1. No creo que un documento o una fiesta impliquen un comportamiento de por vida, per se.
2. No tengo el dinero para pagar una fiesta.
3. Si tuviera el dinero, probablemente lo usaría en algo más duradero que 6 horas de fiesta para alguien más.
4. Todo el estrés, molestia, preocupación y angustia de un año para una fiesta, me parece insano.
5. La fiesta se hace para los demás, para los invitados, (valga la redundancia), se les invita a que participen en ese momento de tu vida, lo cual, tiene una consecuencia obvia, participan en tu vida de casada/o. Los invitas a la fiesta y de repente creen que pueden opinar sobre tu vida en pareja, por el resto del tiempo que ésta dure.
6. Cualquiera que no haya vivido con alguien más, no tiene ni puta idea de lo que eso significa, no es sólo amor y felicidad, es complejo, es difícil, en ocasiones te aliena de ti mismo (y no hablo sólo de mi experiencia, sino de todas las que he escuchado y visto, pero la mía influye muchísimo), y esto nada tiene que ver con un documento o unos anillos y una boda. NADA.
7. Las relaciones, el matrimonio y la vida de casados se construye día a día, con un montón de esfuerzos, dedicación, tolerancia, respeto, comunicación y amor (aunque este último tampoco es indispensable). Ojalá y el papelito y la fiesta fueran suficientes para vivir hasta que la muerte los separe, pero no es así. Es tan difícil que por eso hay tantos divorcios (o parejas infelices, porque muchas no tienen el valor para divorciarse, o no les conviene $$$).

Eso sí, creo que una vez que decides compartir tu vida y tu espacio con otra persona (llamémosle matrimonio, para fines prácticos), uno debe cumplir con ciertos roles, y a pesar de sonar anticuada, considero que los roles de la esposa deben ser siempre hacerse cargo de la casa (que no quiere decir hincarse a limpiar el excusado con cepillo de dientes) y la comida diaria, procurar a la pareja (con amor y otros menesteres, según sea el caso). Me parece patético (ahí sí, emitiré un juicio igual que el de ellas) que ciertas mujeres pretendan casarse, quieran una boda y un matrimonio de película pero no sepan cocinar ni unas quesadillas, no estén dispuestas a limpiar (ni a pagarle a alguien porque limpie), ni hacerse cargo de la casa, PERO, eso sí, esperen que él sea el sustento económico y que las apoye en todo lo que necesitan para cumplir sus sueños (léase, embarazarse y dejar de trabajar para "cuidar" a los hijos)...

Vamos, si queremos una vida tradicional, a chingarse que también les toca hacer lo propio. Y si no, por favor, cierren la boca porque, como harán boda, estaremos invitados a opinar sobre su fracasado matrimonio