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miércoles, 6 de agosto de 2014

"La abogada"

Yo que pensé que había cosas que simplemente nunca jamás de los jamases haría y dónde me veo ahora: en una de esas.
Estudié derecho y terminé la carrera, con título y cédula profesional y tesis y todas esas cosas. T O D A S. Soy licenciada en derecho, a mucha vergüenza. Y no es que me dé vergüenza sólo porque es una profesión que a mí, en lo personal, no me gusta porque no es psicoanálisis, me da vergüenza porque siempre pensé que era una profesión que dejaba de lado la ética personal y profesional, y eso nunca ha ido conmigo.
                Para escribir sobre esto, me parece que habría que hacer un par de paréntesis.
1.       Para mí la ética es muy importante. No debe responder a algo externo o imposiciones, es una cuestión de posiciones ante el mundo. Uno dice: esto sí, esto no y de ahí no se mueve. Y no se mueve porque está convencido de eso, porque esas decisiones finalmente “son uno”, interpelan, involucran, atraviesan.  Para mí, es tan sencillo como preguntarse, ante determinadas o determinables situaciones: ¿podré vivir con la decisión que tomaré? Si uno puede, entonces va en el cajón de los “sí”, si no, pues en el otro y listo. Nada tiene que ver con que sea bueno o malo, sino con poder vivir con esas decisiones, con la cabeza en alto, y sosteniéndose en ese lugar. [Me parece que de este tema, debería escribir algo desde mi lugar de psicoanalista, sí, suena interesante].
2.       En el derecho, el criterio es: mi cliente siempre tiene la razón. PUNTO. Y de ahí, a venderse cual puta.
Con eso establecido como paréntesis, decidí desde la universidad, que no litigaría, que si mi camino debía andarse en el derecho, sería en otros ámbitos, desde otras perspectivas… y sí, otra vez, primero cae un hablador que un cojo. Así que ahora, con T O D I T A la vergüenza que cabe en mi cuerpecito, trabajo en un despacho de abogados.
                Todo comenzó hace casi dos años, en septiembre de 2012, cuando el pendejo que me contrató en una empresa, decidió correrme. A esta situación, le siguió una fila enorme de tragedias y crisis: me separé, mi papá enfermó y pasó mucho tiempo en el hospital… Está bien, sólo tres tragedias, pero grandes como si fueran de Sófocles. Y así estaba yo, desempleada y con una separación inminente, teniendo que solucionar el cómo mantenerme, pagar la renta, comida, escuela, etc., cuando mi amiga queridísima me ofreció trabajar con ella de maestra de inglés. Exacto, sale la pregunta ¿maestría de inglés? Y sí, domino el idioma, ella sería mi jefa, y podría tener un buen ingreso.
                Así las cosas, comencé a dar clases y me fue bien. Me hacía feliz salir y das clases en cafesitos,  casi todos los alumnos me caían increíble y mi vida comenzaba a acomodarse de formas que me tenían satisfecha y contenta. Un día de mayo, a media mañana, se me acercaron un viejito y un joven (de mi edad, vaya, un mozuelo) para preguntarme si daba clases particulares de inglés. Yo contesté que sí, agendamos las clases y así comenzó la relación inglés/abogado.
                Al principio, el viejito me pareció una persona rara, no podía estar segura de si me tiraba la onda o no, si quería algo más, o simplemente aprender inglés, [Llevamos un año de clases y el cabrón apenas y habla, entiende muy poco, y es terco como el que más] pero lo dejé pasar, porque necesitaba el dinero y me convenía en horarios. Con el tiempo, comenzamos a platicar de mí, mis problemas legales, de él, sus hijos y cuanta pendejada apareciera por ahí.
                En marzo de este año, por cuestiones netamente económicas, tuve que tomar la decisión de conseguirme otro trabajo, porque ya no me alcanzaba con las clases. Así que, aprovechando la llamada de un exjefe, acepté un trabajo de medio tiempo como office manager (el nombre más pedorro para decir asistente, que es un eufemismo de secretaria). Cuando se lo dije al viejito, casi le da el patatús, que no era posible, que él quería que yo trabajara en el despacho con sus hijos, que entonces ya no le daría clases, que el mundo se derrumbaba y era terrible. Yo, que en estas cuestiones son una cabrona, respondí que para mí era una cuestión de dinero, lo necesitaba para pagar mi renta y gastos y que no podía hacer otra cosa, porque no tenía dinero ni para el siguiente mes; que era inminente mi partida. Obvio, a la semana siguiente me presentó a los hijos y me contrataron. Con un buen horario y un sueldo suficiente para solventar los gastos mensuales (nada de ahorro, vacaciones, libros o emergencias, pero algo es algo).
                Honestamente, lo odio. No me gusta lo que hago ni la postura de los abogados, me causa conflicto, hay días que llego a casa llorando porque soy una puta y además, malpagada. Y sí, cuando me dicen los amigos que esto me permite tener el consultorio, pagar gastos y demás, les doy la razón. Pero, ¡NO ME GUSTA! Y sin importar que esto me salve de morir, no deja de parecerme algo molesto.

                Ush, ya se me fue el hilo de la escritura. Ahora me puse a pensar justo en ese asunto de lo que gusta y no gusta, y los accesorios. Creo que dejaré esto en un: LO ODIO, NO ME GUSTA y, en cuanto tenga la posibilidad, la más mínima, correré de aquí como cucaracha de la luz.

P.D. Ni siquiera quiero mencionar la diarrea que me da cuando escucho que llaman "abogada". Para darse un tiro.

sábado, 15 de octubre de 2011

Lo vegetariano me quita lo animal, o qué leer a la hora de comer

Sí sí sí, los voy a cansar con lo mismo todos los días, pero es que pasa justo lo que yo siempre he temido: que pasen mil cosas intrascendentales pero importantes para mí, y que no pueda guardarlas...
Y el jueves fueron unas frases maravillosas, tan maravillosas que si no las cuento se perderán para siempre.
E*, D* y yo comimos juntos. Hoy, a diferencia de otros días, todo estaba muy divertido y agradable (si quitamos un poco las lecciones de vida de la Dra. en relaciones de pareja y vida de éxito E*), cuando de pronto:
D*- Sí, ya me tocaba comer carne, llevo toda la semana comiendo puras verduras y ya me hacía falta. Es más, para que vean cuánta confianza les tengo, les puedo decir que no me gusta no comer carne, me quita mi lado animal, estos días me sentí como si no fuera yo, me faltaba algo...
S i l e n c i o rapidísimo/porque/inmediatamente/después/soltamos/la/carcajada.
Después E* puso el Publímetro en la mesa, y lo leímos muy interesados:
Según las manesillas del reloj, son las preguntas 1,2 y 3, respectivamente.
Ante la pregunta 1, la cara de E* fue de susto, la de D* fue de póker...
Sobre las pregutnas 2 y 3, prefirieron no hacer comentarios, pero sin duda a mí me pareció que en la pregunta 3, está mal: los hombres en un mayor porcentaje son amables sólo para obtener sexo.

Siguiente página del periódico, un test para conocer tu inteligencia sexual (¿?):
Pregunta 11. ¿Generalmente está el clítoris en el mismo lugar o depende de la mujer?
A Está siempre en el mismo lugar: por encima de la apertura de la uretra y la vagina.
B Está siempre en el mismo lugar: perpendicular a los labios mayores.
C Es diferente en cada mujer.
D ¿Qué es el clítoris?
Respuestas:
D*- Está en el mismo lugar siempre, ¿no? [y se le veía la duda en la mirada]
Yo- ¡Pues claro que está en el mismo lugar, así como los ojos!
E*- (Silencio absoluto).
 
Pregunta 6. ¿Qué tienen en común una de cada 10 mujeres?
A Nunca tendrán un orgasmo.
B Tienen pechos desiguales.
C Tienen múltiples orgasmos cada vez.
D Admiten que fuman mientras tienen sexo.
Respuestas:
Yo y D* al unísomo- ¡Nunca tendrán un orgasmo!
E*- Tienen pechos desiguales.
Yo- No, esos los tenemos todas (mirada de "¿mande?" de E*).
D*- Yo creo que esto es por culpa de los hombres, en todas las ocasiones, menos las evidentes: por enfermedad.
Yo- Claro que no, es responsabilidad de la mujer (D* me mira sin comprender). Mira, se supone que el sexo es una cuestión de placer, y el placer es algo que sólo puedes sentir si sabes cómo o dónde, es decir: si conoces tu cuerpo. ¿Cómo puedes pretender que el otro conozca qué te gusta si ni siquiera tú lo sabes? Pobre hombre, si no, andaría dando tumbos por la vida, tratando de adivinar de qué va, y no, se supone que la mujer le debe de dar las instrucciones porque sabe de qué va el asunto.
(Silencio sepulcral de E*)

Pregunta 8. El video más visto de todos los tiempos en YouPorn, con más de 48 millones de vistas es…
A Great body, great sex, great.
B Paris Hilton movie.
C Fantasy girl cums to life.
Respuesta:
D*- (Incluso antes de terminar de leer las opciones) Great body, great sex, great.
(Cara de póker de las dos).

Y ya no contaré el resto de la historia, porque después de ver esto en el Publímetro, no hay palabras que decir...



jueves, 13 de octubre de 2011

Perversiones

Si creyera en Dios, le agradecería que dos o tres días a la semana me dé un regalo tan especial como la compañía de ciertas personas (de dudosa calidad moral y humana) a la hora de comer. Claro, si Dios existiera, es evidente que este regalo sería sólo un castigo... ¡espera!... en realidad sí es un castigo, y ahora les diré por qué.

Tres de la tarde, un miércoles normal, un poco nublado, el clima ni muy frío y caluroso, yo concentrada en mi comida (y en comerla, principalmente) cuando llegan A* y E*, dejan sus cosas y van a calentar la comida. A los pocos minutos llegan MA y P* y se sientan frente a mí. En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos los cuatro ahí, A* sin hablar (porque le cae mal P* y le parece súper maduro hacerle la ley del hielo. Aunque, yo tampoco le caigo bien... capaz que por ninguno de los dos hablaba) y los demás sí que hablábamos. Después de un rato, la conversación se tornó en algo extraño:

E*- No, no es que yo los discrimine, pero la verdad es que no está bien. Recuerdo cuando tenía 14 años y de repente vi a dos viejas comiéndose a besos: horrible. Me dio mucho asco. Es que ahora hay muchos homosexuales.
P*- Que no, siempre ha habido la misma cantidad, es sólo que ahora no se esconden.
E*- Pero es que es una exageración, igual que el día que fui al Vips a la Zona Rosa y un gay estaba comiéndose y desnudando con los ojos a R* [su prometido].
Yo- Bueno, pero es que estabas en la Zona Rosa/
E*- Nada que ver, antes no estaba como ahora. Yo todavía recuerdo cuando era decente.
Yo- La Zona Rosa ha sido "indecente" desde hace 30 años...
E*- Claro que no. Yo estudié por ahí y salía a los bares de ahí y no es como ahora.
P*- Pero antes era sólo en la noche, ahora también en el día.
E*- Además, está mal, esas cosas no están bien. Cada quien puede hacer con su cola lo que quiera, pero no tienen por qué meterse/
Yo- con tu cola/
E*- ¡Exacto! Al final iba yo a terminar golpeando a un hombre para que le quitara los ojos a mi novio.
MA- Bueno, pero cada quien sus cosas...
Segundos incómodos, yo reía por dentro al ver la cantidad de pendejadas y prejuicios que pueden salir de la boca de E* y ella no sólo no se da cuenta, sino que se cree la reyna de la moral, sabiduría y deber ser.
P*- Un día entré al baño de Central, Central y me encontré a un viejito como de 85 años entradísimo con una muchacha, seguro una puta, de 20 años.
MA y Yo- Ja ja ja ja ja.
E*- ¡Qué horror! ¿Y qué hiciste?
P*- Dice "perdón" y cerré la puerta. La verdad es que yo no me lo esperaba.
Así siguió la conversación, cuando de pronto:
E*- No, pero esas ya son perversiones [besarse con dos personas o ser exhibicionista, aunque no lo dijera tal cual], yo no entiendo por qué la gente tiene que hacerlo así, para que lo cachen, es que eso ya es una enfermedad, esas fantasías están mal, es súper enfermo, vamos, son perversiones.
Yo- Pero si son fantasías, no tienen nada de malo, en la mente todo está permitido y todo es sano. Yo no veo cuál sea el problema de fantasear.
E*- Es que no está bien porque las llevan a cabo, y eso es perverso y enfermo.
Yo- Si son fantasías, quiere decir que no las realizas, que están en tu cabeza, que son: FANTASÍAS.
E*- Por eso, esas fantasías de que te vean, o hacer cosas así, son perversiones y están mal, es gente enferma. O por lo menos eso dice Frod. [es decir, Freud, que se pronuncia como fro-id]
P*- A Quentin Tarantino le gustan los pies, tiene un fetiche con ellos, y no veo cuál sea el problema.
E*- ¡¿Cómo que no?! Si nada más hay que ver las películas que hace, es un enfermo.
Yo- Pero hay diferentes tipos de fetiches, y un fetiche NO es una fantasía, son cosas diferentes.
E*- No, son perversiones y están mal. Es que, ¿por qué el viejito y puta estaban ahí, excitados porque alguien los iba a cachar?
P*- Pues no sé, no les pregunté... [Como por qué habría de haberles preguntado: "Disculpe caballero, sé que está muy excitado por tocar los bellos pechos de la señorita, pero me atrevo a interrumpirlo porque deseo saber qué lo motiva a realizar dicho acto en un lugar público, con el riesgo de ser descubierto" No mames]
E*- Tampoco entiendo por qué una mujer tan joven estaría con un hombre tan mayor.
P*- Pues es que el señor le pagó por que estuviera...
Yo- P*, igual y es una situación que sólo entenderás cuando llegues a los 85, y entonces se te antoje meterle mano a una muchacha de 20.
P*- JA JA JA, yo creo que sí.
E*- Es como a la gente que le excita que la cachen, no lo entiendo.
Yo- Pues es que esos asuntos no son románticos...
E*- Exacto, y ese es el problema, por eso están mal, porque eso (aquí debemos entender que eso significa el sexo) debe ser romántico. Por eso insisto en que esas fantasías son perversiones y están mal. Además me molesta que yo tenga que verlas.
[Claro, todos nos preguntamos por qué ella las ve... porque tampoco es como que te pongan de esas cosas tipo Naranja Mecánica para que no cierres los ojos].

Ya no recuerdo de qué más hablamos, yo me quedé pasmada con el pensamiento lógico-matemático de E*. Para todos aquellos que no pudieron entenderlo, ahí les va:
La homosexualidad es una perversión.
Las perversiones están mal.
Las fantasías son actos perversos.
Los actos perversos son de enfermos.
Los fetiches son perversiones, ergo son fantasías, ergo son actos de enfermos.
Ser exhibicionista es una fantasía.

Y, mi favorita: el sexo es un acto romántico.

De verdad que pienso que más bien todo el problema es que E* es virgen y no ha hecho otra cosa más que ver películas románticas de Hollywood, por eso tiene una idea errónea de la vida. Aunque esto ni remotamente la frene o le cierre la boca.



miércoles, 12 de octubre de 2011

Ellas también lo tienen grandote (Versión acertada)

El 1° de octubre escribí este post, pero por alguna extraña razón (que aparece todas y cada una de las veces que escribo), me desvié del tema del que quería hablar. Antes era muy exigente con eso, no lo permitía, pero después me pareció que si me desviaba era por alguna razón (inconsciente) y que yo no era nadie para ir contra eso, así que lo dejaba fluir. El único problema es que este post en particular, me gustaría que no se quedara desviado, porque es algo de lo que quiero escribir exhaustivamente (o, por lo menos, intentarlo).
Entonces, retomo el hilo del post:

Y sí, estoy apelando JUSTO a eso que están pensando: al falo. Claro, no quiere decir que ellas realmente tengan uno, sino más bien a la extensión o proyección más famosa del mismo entre los hombres: EL AUTOMÓVIL. Todos sabemos que los hombres proyectan el tamaño (por falta o representación objetiva) de su falín en el automóvil que compran, y que éste se convierte en una extensión de ellos mismos, razón por la cual lo cuidan, le hablan como si fuera un ser sintiente y pensante y, sobre todo, no pueden salir sin él*.

Hasta aquí ninguna novedad. La novedad es justo el título de este blog: la relación fálica entre las mujeres y sus automóviles. ¿Se han fijado que las viejas NO saben ir a algún lugar si no es con coche (nos referiremos sólo a las mujeres que ya tienen coche, las otras, por obvias razones, aquí no existen)? Hayan o no utilizado el transporte público, son incapaces, una vez que son "dueñas" del volante, de soltarlo. Conozco a algunas que inclusive a la tienda van con coche, a DONDE SEA. Y no, no es que no sepan caminar o no tengan patitas, es que para ellas caminar o andar en transporte público es cosa de nacos, pobres, y pendejos. ¿Para qué caminar cuando puedes andar en coche? No es chick, ni nice ni fancy ni nada parecido usar las patas [para algo más que ponerles unos tacones, o levantarlas hacia el cielo, con o sin tacones (ji ji ji)], así que ellas viven en el coche.

Una de las maravillosas consecuencias de esta relación amorosa/fálica con el coche es la capacidad que tienen de hacer cualquier cosa en él (el coche, que no el falo): maquillarse, cambiarse, hablar por teléfono, twittear, mandar mensajitos (todas mientras manejan), comer, cantar, bailar y pensar en mil madres [En esto, lo confieso, yo soy una de ellas, soy capaz de hacer muchísimas cosas, de forma simultánea, tanto dentro como fuera del coche]. Y, si fueran capaces de hacerlas todas bien, no habría problema, pero no es así: andan por la vida aventando lámina, casi atropellando a cualquier cantidad de peatones, vamos, violentando a cuanta persona las rodea. Ése es el problema, bueno, eso y que no tienen idea de la relación que hay creado entre el coche/falo y ellas.

Justo ayer platicaba con mi concubinario A*** sobre las mujeres que dicen ser bien independientes y con unos huevotes de miedo, pero no hacen nada solas, o no son capaces de salir sin coche a ningún lugar. De repente te comentan que estuvieron en no sé dónde, y cuando preguntas si entraron al cine (o algo parecido) contestan, infartadas: ¡No, qué feo entrar al cine sola! Como si el cine fuera un lugar en el que la compañía es indispensable (porque, ya saben, uno ahí habla, platica, ve a la otra persona, baila, etc.). Bueno, pues pasa lo mismo con el coche, ni de chiste salen sin él, ni por asomo son capaces de subirse a un transporte público (bueno, sólo a los taxis ejecutivos y de sitio) o de caminar, si la distancia es relativamente corta.

Y no, nada tiene que ver, realmente, la inseguridad en la Ciudad. No quiero decir que no sea un factor importante y digno de considerar, sólo digo que no es, de facto, la razón por la que no salen; tan es así que son capaces de meterse, con el coche (por supuesto) a zonas de muy dudosa seguridad, donde sí hay un riesgo latente y objetivo. No, la razón por la que no salen sin el coche es porque las han educado a ser así: dependientes del falo y del coche.

Digo dependientes del falo porque, aceptémoslo, muy liberales, contemporáneas y demás, pero las mujeres de ahora fuimos educadas igual que las de antes: a depender de un hombre. No importa lo que hagamos, lo exitosas que podamos ser, todavía escuchas a TODAS (o, al 99.9% de ellas) las mujeres diciendo que ellas quieren casarse, que creen que si no tienen hijos no se realizan como mujeres, que la vida de soltera y solitaria es horrible. Quienes tienen novio/marido/concubinario, miran a sus amigas solteras con desprecio y lástima, porque les falta una parte importantísima: un falo hombre.

Curiosamente, muchas de estas mujeres terminarán con hombres que no las hagan felices (es decir, con hombres que no son los adecuados para ellas, y en quienes depositen todas las expectativas de su felicidad, que nunca podrán ser satisfechas y ellas solas serán, por su culpa, infelices), divorciadas, casadas pero padeciéndolo, volcadas en sus hijos para no pensar lo inexistente que es su relación, o solteras pero muy amargadas. 

Es que, sin un hombre no valemos la pena, no estamos completas (que no sin un compañero, alguien que te acompañe, ame, con quien crezcas, que crezca contigo, etc.) y, para sumarle más a la ironía, como nuestros padres tampoco quieren que nos casemos a los 15 o muy jóvenes, nos enseñan que es indispensable tener un coche. Así, por lo menos, tendremos un gran falo que nos acompañe en nuestra eterna búsqueda de un hombre...

*Aquí hago gala del enorme conocimiento científico del que gozo. Estoy emitiendo un juicio absoluto a partir de los prejuicios ampliamente conocidos entre la sociedad, nada más.

lunes, 10 de octubre de 2011

¡¿Pero qué pasa con los abogados?!

Lo mejor de todo es que, cuando decidí estudiar derecho, no tenía ni idea de lo que venía, porque no conocía abogados, ni nada de eso; así que entré ahí ciega e ignorante, y ahora no me queda más que avergonzarme, qué caray.

Como todos sabemos, gusto (¿será?) de comer con los abogados de la empresa (¿alguien sabe por qué todos los abogados aquí son tan jóvenes?) y deleitarme de sus muchos prejuicios y estupidez invaluable (porque de verdad, nunca nadie la ha valuado). Una de las últimas (porque la última es demasiado escabrosa para que ocupe un post completo*) fue la teoría de D* de que hay más homosexuales ahora (incitado por el comentario de E* de que cada vez hay más homosexuales, en contravención de lo que P* y yo opinamos: no es que haya más, es sólo que ahora no ven la necesidad de esconder sus preferencias) porque hay más gente, y que esto lo sustenta en lo que descubrieron los científicos (¿no aman que la gente apele a la ciencia para hacer que sus enunciados pendejos tengan un poco de valor?) sobre las moscas de la fruta: cuando son muchas, tienen relaciones sexuales entre ellas como control de natalidad. Y que esto es justo lo que pasa con los humanos, que somos tantos que la humanidad o la naturaleza tuvieron que crear más homosexuales para controlar la reproducción.


Pero me parto de la risa, ¿no sería más fácil, si ése fuera el caso, dejar de tener relaciones sexuales (en las moscas, obvio)? No veo el puente entre uno y otro enunciado: habemos muchos, ergo, voy a cogerme a puras personas de mi sexo, para que seamos menos.

Y luego se atreven a preguntarse por qué la sociedad los odia, desprecia y hace tantos (y tan buenos) chistes sobre ellos. Es el colmo que los seres encargados de velar y luchar por nuestros intereses sean tan discriminadores, cerrados, incapaces de dialogar (y por ende de escuchar) y prejuiciosos. Es una lástima. Sobre todo, cuando a mí pueden considerarme parte del clan.

Por si alguien tiene curiosidad, encontré estas páginas en internet donde hablan de la homosexualidad en las moscas (por aquello de que no queremos quedarnos con la duda y ser bien ignorantes):
[Por favor, distingan aquellos textos científicos de los pseudocientíficos]



* A E*** los negros no le gustan porque le parece que son "malos y violentos, que le dan miedo", pero no, no es que los discrimine, es que piensa que son malos (es decir, que no sólo es una racista sino que además es bien pendeja porque no reconoce que eso que siente es racismo). No puedo expresar con palabras lo mucho que me escandaliza e incomoda la discriminación, sobre todo cuando no se es consciente de ella.

viernes, 7 de octubre de 2011

Amiga de hombres casados

Como ya hemos escrito, y ampliamente, las mujeres modernas/actuales, no son lo que dicen ser y, lo que es peor, los hombres tampoco lo son.

Hoy en la mañana me pasó algo bien curioso, pero para explicarlo, primero debemos platicar de los antecedentes:
Por azares del destino, suelo comer con las abogadas contenciosas de la empresa (eso ya lo he contado) y algunas ocasiones, el otro abogado contencioso va a comer con nosotras. Además de éstos abogados, hay 3 abogados corporativos. El jefe de ellos P*** y yo nos llevamos muy bien (trabajamos juntos en muchas cosas y, además, verdad sea dicha, me cae rebién), y P*** y el abogado contencioso (desde aquí MA) son compadres.
Así pues, a veces los dos comen con nosotras: P*** y MA. Y, últimamente, también otro de los abogados D***. Todo hasta ahí súper bien. Yo me llevo bien con ellos, y ellos conmigo. No sé por qué extraña razón, pero me parece mucho más sencillo convivir con hombres que con mujeres...

El abogado restante J*** es un muchacho con semblante de Benito Juárez, con gran corazón e ideales, amable, servicial, es muy lindo (eso digo yo, aunque el concenso es que es insoportable).

Después del resumen informativo, puedo comenzar con la historia:

Hoy por la mañana, estaba yo plátique y plátique con P*** de puras tonterías, cuando llegó J***
J- Hola hermosa, ¿cómo estás? [Sí, siempre me dice hermosa]
Yo- Bien, y ¿tú?
J- Bien gracias. blablablablabla
Yo- ¿Y qué tal es tu jefe, buena onda?
J- Sí, es un tipazo, y además ama muchísimo a su esposa. Lo puedo asegurar.
Yo- [Con cara de poker] ¿Cómo lo comprobaste? ¿Le pusiste unas muchachas enfrente y no cayó en la tentación? ¿O cómo se aseguran esas cosas?
J- No, claro que no, es sólo que conmigo habla mucho de ella
Yo- [todavía con cara de poker] Aaahhhh. No, pues cuando comemos no habla de su esposa/
P- Es que la conversación va por otro lado, siempre terminamos diciendo guarradas.
J- Tal vez, como él y yo estamos casados, nuestra conversación tiende más a esos asuntos.
Yo- [Nomechinguesconquenosotrosqueestamoscasados, ¿qué clase de comentario es ese?] Bueno, y para fines prácticos y legales, abogado, ¿yo qué soy? ¿por qué no habría de hablarlo conmigo? [Que todos sabemos que vivo arrejuntada, es decir, en concubinato, unión libre...]

¿Qué fue eso? Al principio me pareció un comentario de alguien que quiere defender a su jefe, pero después lo analicé y me di cuenta de que más bien había defendido el matrimonio de P*** ante mí, recordándome el amor que él le tiene a su esposa por sobre todas las cosas; es decir: marcando territorio prohibido para mí. ¿No está de la chingada? Es decir, como yo lo veo es que no puedo simplemente ser amiga de un hombre casado porque seguro me le quiero trepar, o porque puedo tentarlo y él terminaría en una infidelidad y eso está simplemente de la chingada. Porque, me surgen varias dudas/comentarios:
1. ¿J*** cómo sabe qué quiere P*** de su vida amorosa/sexual?
2. ¿Si fuera así (es decir, P*** ama muchísimo a su esposa), no sería P*** quien lo diría?
3. SI P*** no lo dice, ¿podría ser porque no hay peligro ni ve la necesidad?
4. ¿Qué le hace pensar a J*** que yo soy una pinche trepadora? ¿por qué lo primero que surge es eso y no mi respeto hacia los demás?
Y, al final de los finales:
5. ¿Cómo chingados sabe J*** si P*** y yo no tenemos algo (que no tenemos, pero el punto es cómo lo sabe él)? Porque si fuera así, J*** no tiene ningún derecho de meterse. La vida de P*** (así como su herramienta) es suya, y él debe decidir sobre ella.

Qué molesto que uno no pueda simplemente ser amiga de un hombre casado. Porque si no es la pinche esposa la que desconfía, son los amigos o los compañeros de trabajo... como si una siempre estuviera urgida y fuera una puta...

sábado, 1 de octubre de 2011

Ellas también lo tienen grandote

Y sí, estoy apelando JUSTO a eso que están pensando: al falo. Claro, no quiere decir que ellas realmente tengan uno, sino más bien a la extensión o proyección más famosa del mismo entre los hombres: EL AUTOMÓVIL. Todos sabemos que los hombres proyectan el tamaño (por falta o representación objetiva) de su falín en el automóvil que compran, y que éste se convierte en una extensión de ellos mismos, razón por la cual lo cuidan, le hablan como si fuera un ser sintiente y pensante y, sobre todo, no pueden salir sin él*.

Hasta aquí ninguna novedad. La novedad es justo el título de este blog: la relación fálica entre las mujeres y sus automóviles. ¿Se han fijado que las viejas NO saben ir a algún lugar si no es con coche (nos referiremos sólo a las mujeres que ya tienen coche, las otras, por obvias razones, aquí no existen)? Hayan o no utilizado el transporte público, son incapaces, una vez que son "dueñas" del volante, de soltarlo. Conozco a algunas que inclusive a la tienda van con coche, a LO QUE SEA. Y no, no es que no sepan caminar o no tengan patitas, es que para ellas caminar o andar en transporte público es cosa de nacos, pobres, y pendejos. ¿Para qué caminar cuando puedes andar en coche? No es chick, ni nice ni fancy ni ninguna de las anteriores usar las patas [para algo más que ponerles unos tacones, o levantarlas hacia el cielo, con o sin tacones (ji ji ji)], así que ellas viven en el coche.

Si ahí se quedara al cosa, sería patético e irresponsable (eso de contaminar sólo porque te crees superior a los demás, es más que imbécil, por no decir reprochable), pero tal vez no trascendería mucho. El problema es que estas pinches vacas locas (apodo para toda aquella mujer que maneja y vive el manejar como Cruela DeVil) van por las calles como si les pertenecieran, son neuróticas, viven pegadas al pinche claxon, les gusta mentar la madre, aventar lámina, ser groseras con los demás conductores, motociclistas, peatones, ciclistas, policías y Dios padre. Si, cuando uno va tarde, se estresa, pero la culpa es propia y los demás no tienen por qué sufrir las consecuencias de una neurosis auto provocadas (porque, lo siento, pero si decides ir a trabajar hasta Santa Fé, y vives en el culo del mundo, estás pero bien pendeja si crees que el tránsito va a ser algo agradable. Y, no lo olviden, es responsabilidad de ellas: si te estresa o molesta el tránsito, trabaja por tu pueblo PUNTO).

A mí me súper indignan estas mujeres, si no controlara mis institos asesinos y sociópatas, les rompería el parabrisas a todas y las golpearía, porque ante la pendejez, el narcicismo y la neurosis, no hay razón que valga, sólo la violencia (Ver Momentos éticos). No entiendo por qué creen que la calle existe sólo para ellas, que el tránsito es una maldición que Dios les envía sólo a ellas (si pensaran, se darían cuenta de que el tránsito está lleno de pendejos que no quieren queremos soltar el pinche coche) y que la única acción posible ante ello es la violencia. Sí, confieso, yo antes era una neuras al volante, pero de repente un día dejé de serlo (los milagros sí existen) y, aunque muy en contra de mi voluntad (luego lo explicaré, en otro post), manejo desde la colonia del Valle a Santa Fe de lunes a viernes, pero ya no lo vivo como antes. Ahora, me voy con muuucho tiempo de antelación, con mi cafesito, música y kilos y kilos de tolerancia (porque sé que si soy parte del problema, lo menos que puedo hacer es ser cívica y educada y empática y respetuosa) y, lo más importante, dejo pasar a los automovilistas, ciclistas, motociclistas y peatones; si sé que voy a estorbar, prefiero no avanzar; voy con calma; nunca toco el claxon (salvo para preveer un choque); y respeto TODAS las señales de tránsito. Suena ñoño y tal vez lo sea, pero sé que así hago lo mínimo que puedo, no contamino auditivamente, y le doy algo a alguien más, dejo de pensar que el mundo gira a mi al rededor y que todos los demás son una bola de pendejos que sólo existen para darme en la madre y hacerme enojar (que los hay, los hay). Tal vez no llegue antes al trabajo, pero llego con una sonrisa, contenta y cante que cante. ¿Cuántas de las vacas locas pueden decir eso?


Me desvié completamente, mi intención en este post era expresar lo mucho que me enoja la falta de cultura cívica de las conductoras, pero al final me ganó el optimismo, y resultó ser más bien algo que me hace sentir bien sobre quién soy y cómo me comporto. Ahora sólo espero que ellas también suelten el volante de vez en cuando, usen los pies y las piernas para caminar, disfruten del transporte público (u otros vehículos que contaminen poco o nada)... vamos, que se comporten como miembros pensantes de una sociedad y no como unas pendejas egoístas.




*Aquí hago gala del enorme conocimiento científico del que gozo. Estoy emitiendo un juicio absoluto a partir de los prejuicios ampliamente conocidos entre la sociedad, nada más.

viernes, 23 de septiembre de 2011

No es lo mismo que lo mesmo

No contaré la historia real que inspiró este post, sólo diré que a un amigo de un amigo, llamémosle Orejitas, contó la historia de su truene. El asunto más o menos va así:

Él llega de sorpresa a casa de ella, entra al cuarto y la encuentra revolcándose con otro caballero. Cierra la puerta, la vuelve a abrir y sólo articula un "perdón". Acción seguida sale ella del cuarto y le comienza a gritar que está pero si pendejo, que es un abusivo, que por qué se mete a su casa sin avisar, blablabla... la pelea comienza, ella le lanza una maceta, él se va. Regresan, ella parece que le pone otra vez el cuerno, se pelean, ella le pega y le abre el labio, él la baja del coche y la deja (caballeroso él ¿?) a dos cuadras de su casa y ¡CIAO!

Ahora, ante esta situación de infidelidad y abuso de confianza (a cada quien lo que le toca), recordé también el caso de otra amiga de una amiga, llamémosle Güerita y doñita, que se metió al correo del novio y le cachó unos mails comprometedores que se enviaba con otra vieja. Güerita y doñita se vio en una encrucijada, en la que tenía que decidir si confrontarlo sobre la infidelidad y aceptar, al mismo tiempo, que ella también había violado la confianza por leer su correo, o hacerse pendeja.

Ahora bien, en ambos casos hubo infidelidad (concédanme que sí) y, en términos subjetivos, pretendían mantenerlo escondido y, por el otro, hubo una violación a la privacidad, respeto y confianza por parte del cornudo hacia el infiel.

Ya que ha quedado establecida la relación melodramática, les cuento que le platiqué a otra amiga, llamémosle Juiciosa, y ella dijo que estaba del asco la historia, porque más allá de que Orejitas se hubiera metido SIN PERMISO y violando todo respeto y demás, a casa de ella, ella le había puesto el cuerno y los había cachado IN FRAGANTI, y que ni modo. Pero la violación de ella hacia la relación era mucho peor.


Yo, OBVIAMENTE, estoy en desacuerdo. Sí creo que hay niveles de violación de confianza y respeto, no es lo mismo decirle al novio: "pendejo", que golpearlo como si fueras BJ Penn y acabaran de violar a tu novia (y también, los cachaste in fraganti). Pero, más allá de estas nimiedades (los niveles), creo que uno, ante todo debe ser congruente, siempre desde adentro hacia fuera, esto quiere decir:
No te puedo exigir que te comportes como yo NO lo hago, sin importar las razones por las que yo no lo hago.
Así de fácil y sencillo. No hay más, si no somos capaces de hacer lo que creemos que es correcto, no podemos exigirle al otro que lo haga. Y no hay niveles ni matices en esto. Es a raja tabla.  En estos casos, ambos hicieron mal (negativo) y, como en derecho, si dos personas actúan de mala fe, se cuenta como si fuera de buena fe [(-)+(-)=+].

Por eso Orejitas, cuando cachó a su vieja montada en otro (o viceversa), sólo podía quitarse la ropa y unirse a la fiesta.