jueves, 15 de septiembre de 2011

Caballerosos hasta en la oficina

Lo odio, simple y sencillamente, me choca que los hombres sean caballerosos en la oficina. Me incomoda muchísimo cuando el caballero se espera y detiene la puerta para que tú (a quien le faltan todavía tres metros en llegar a la puerta) pases. Me parece estúpido, incómodo y discriminador. Por supuesto que no soy partidaria de que te cierren la puerta en las narices, porque hay una diferencia entre ser caballeroso y ser grosero.

Más allá del sexo de las personas en cuestión, estoy más que a favor en que si viene alguien con un montón de cajas debemos ayudarle a cargarlas, abrirle la puerta, qué se yo, no esperar a que él nos la (puerta) sostenga a nosotras sólo porque somos mujeres. Esas son mamadas. Además, y esto deberían pensarlo todas las mujercitas que esperan este comportamiento: si quieren un sueldo igualitario, un trato igualitario dentro de la oficina, deben dejarse de estas cosas. Eres o no eres machista, y ahí sí que no hay ni cómo hacerle.

Claro, ustedes pensarán, es que no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero sí que la tiene. Repito, una cosa es ayudar a quien le vendría bien una mano, o simplemente sostener la puerta si otra persona (tuerca o tornillo) va a entrar también, y otra es ser grosero  o esperar una caballerosidad digna de la Reina Isabel. No no no, me niego rotundamente.

Sobre todo, me niego a aceptar la nueva modalidad del feminismo, en el que soy muy chingona e independiente para salir a trabajar, ganar mi dinerito, tener mi coche, tomar mis propias decisiones, exigir igualdad con relación a los hombres, hacer chistes feministas, indignarme por el machismo como si fuera una afrenta personal, y utilizar tono doctoral para denigrarlos; PERO, cuando se trata de pagar la cuenta, mantener la casa (cuando viven juntos), pagar el coche, hablarle a quien nos gusta, abrir la puerta, caminar por la calle, entonces SÍ que somos unas mujercitas chapadas a la antigua y esperamos que el hombresillo en cuestión de comporte de esa manera.

¿Dónde cabe tanta ambivalencia enloquecedora? O la una, o la otra. Pero no me vengan con sus tonterías de: yo odio que un hombre diga que la mujer está obligada a cuidar al hijo y al mismo tiempo sean de la idea (y de la costumbre, acción, etc.) de que un hombre debe sufrir y rogar para salir con ellas...
¡Por el amor de Dios!
P.D. Me encontré un blog que decía algo muy similar a lo que yo pienso...

Pasto, recién cortado

Amo el olor del pasto recién cortado, me fascina tanto que cuando llego a olerlo muevo la nariz como cerdito (particularmente como la cerdita de Tiríndaro que era mi amiga) y sonrío cual vieja tonta. No estoy segura de por qué me hace sentir así, ni siquiera sé qué parte es la que más me gusta, pero me gusta. Tal vez tenga que ver con mi infancia, el olor a pasto recién cortado en casa de mis abuelos, o la emoción de arrastrarme en los pastotes (había una parte en casa de mis abuelos, donde ahora está la casa de mi tía, que casi nunca cuidaban, entonces ahí el pasto llegaba a casi un metro de altutra, y la llamábamos La Selva) de La Selva mientras salvábamos al mundo de algún enemigo mortal (mi hermano y yo, obviamente). Podría también ser por el paso de CU, donde pasamos cantidades casi sospechosas durante nuestra infancia (entre que mi papá trabaja ahí y nos llevaba de niños, y que fuera del horario de trabajo, ahí decidía llevarnos a jugar).
Tal vez no sea ninguna de las anteriores. Al final, ni a mí me importa mucho (ja, claro que sí me importa, probablemente pase todo el tía tratando de dilucidar el cuándo de esta situación, pero eso no debo escribirlo aquí, que no es sesión de psicoanálisis), lo que debe ser importante es disfrutar, en cada ocasión, el delicioso olor del pasto recién cortado (preferentemente con rocío, eso me gusta más), y controlar las ganas de echarme pecho-tierra para salvar al mundo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Camisa remangada porque trabaja mucho

De repente recordé esto de la camisa remangada. Tal vez tenga que ver con un blog en el que algo decían de que Obama estaba en look trabajador con la camisa remangada; no sé, la capacidad de asociación libre y pensamientos estúpidos que tiene mi cabeza es inacabable, así que tampoco le tomamos mucha importancia.

El punto o meollo que deseo platicar es justo esta idea de que quien trae la camisa remangada trabaja mucho. Cuando recién comencé a trabajar en la empresa (en la que trabajo) le platiqué a mi jefe que la gente cuchicheaba a sus espaldas sobre su "costumbre" de no quitarse el saco, que nadie entendía por qué, pero que había varias teorías:
1. Hace mucho frío en su oficina;
2. No trabaja, por eso no tiene necesidad de quitarse el saco.

Obviamente, él soltó la carcajada, le parecía súper divertido que la gente crea que trabajas o no por cómo traes la camisa y el saco. Su razón (suya de él, ji ji) es que uno así debe estar, que el saco no es para colgarlo en la silla sino para usarlo, así que quien se lo quite es porque en realidad no sabe usar saco (es decir, el argumento opuesto de lo que pensábamos todos, pero que es más que verdadero). Y, finalmente, me comentó que si él anduviera por la empresa sin saco, con la camisa medio desfajada, arremangada, el primer botón (de arriba hacia abajo) desabrochado y la corbata floja, todos pensarían:
"Caray, éste cabrón trabaja un chingo". JA JA JA

martes, 13 de septiembre de 2011

Pluma fuente


Me fascinan las plumas fuente más que cualquier otro artículo de papelería (y déjenme decirles que amo la papelería en general, en particular, y como entelequia). Recuerdo la primera que tuve, me la compró mi papá para mi cumpleaños 9, recuerdo no sólo que era un modelo muy popular (que aquí quiere decir que mi tía Coquis también tenía una), sino todo lo relacionado con ella: estábamos en la asamblea (era viernes, y en la primaria todos los viernes había asamblea) cuando volteé a una de las puertas y ahí estaba mi papá, sonriéndome mientras, lentamente, metía su mano en la bolsa de la camisa y sacaba con mucha sutileza la pluma... se me cortó la respiración, ahí estaba mi preciada y añorada Pluma Fuente... todavía lo recuerdo como si fuera ayer, todo, un momento tan importante en mi vida (aunque yo no lo supiera en ese momento, como siempre pasa). No recuerdo qué pasó entre ese momento, la presentación, y que comencé a escribir, mis siguientes recuerdos son con la pluma, usándola y disfrutándola. Tampoco recuerdo qué le pasó (yo nunca he sido de perder las cosas, así que seguro no se me perdió, o recordaría ese trauma), pero a partir de ella desarrollé un vínculo invisible con las plumas fuentes.
 
Sí, uno podría pensar que es sólo una pluma, que es una farolada y que no hay motivo alguno para su existencia, pero no es así. Para mí, que soy zurda, las plumas fuente han sido el único medio que tengo para escribir sin sufrirlo (porque, para mí, escribir en la compu no es lo mismo, no es escribir) y además uno que disfruto muchísimo (escribir, aunque termine con mi pobre callito adolorido y lleno de tinta).
 
Qué placer me causan las tintas, las plumas, y la posibilidad de utilizarlas. El trazo con una pluma fuente es mucho más bonito, es capaz de decir mucho más de tí en cada palabra, le da personalidad, y eso me parece indispensable, aunque suelas escribir sólo para tí (eso es lo que yo hago). La posibilidad de escribir, y escribir y seguir escribiendo, lo que piensas, sientes, deseas, o debes es personal, en cada letra y trazo te vuelvas, ahí estás tú, y si es con pluma fuente, es más cerca de tí misma.

Uno de mis deseos ocultos es comprarme una pluma fuente antigua, con todo y tintero, y usarla para escribir... eso sería digno de una gran historia, tal vez, hasta podría ser mi vida, siempre y cuando no se quede sólo en el tintero (que es aquél lugar en el que se quedan los asuntos pendientes).

lunes, 12 de septiembre de 2011

La insatisfacción parece eterna...


Por desgraciada no fui dotada del don de las pocas expectativas, tengo muchas expectativas y además sufro cuando no se cumplen. Así soy.

Afortunadamente, también soy capaz de ver la felicidad y satisfacción absolutas en las situaciones, objetos, palabras o cosas más nimias, y eso me parece una gran virtud. Desgraciadamente, no lo recuerdo con tanta regularidad como me gustaría.

Por eso inauguramos una nueva sección en e blog, destinada sólo a nombrar lo que me hace bailar como duendecito feliz.


El alcohol me cierra la boca

Sí, es cierto, hemos encontrado el remedio que todos han estado buscando, eso que podría hacer que los milagros ocurran, que la vida cambie, que todo sea diferente... ja ja ja...
Después de varias reuniones familiares y por cuestiones de salud mental (y mi nueva práctica de los límites, que no es tan nueva) he decidido no enfrascarme en las discusiones familiares que siempre llevan a malos puertos (es decir, peleas, gritos, molestias, disculpas hipócritas, aceptación obligada de disculpas hipócritas, etc.), pero esto no es tan sencillo como parece (si es que parece sencillo).

Qué podemos decir aquí que cualquiera que haya convivido conmigo más de 15 minutos no sepa: me gusta hablar, no se me escapa nada (ni las incongruencias, ni las estupideces, ni los errores en el uso del lenguaje, ni la irónía, ni el albur, ni nada de nada) y me encanta evidenciar mis cualidades con el lenguaje. Soy parlanchina de nacimiento (cuentan que antes del año yo ya hablaba sin parar) y además vanidosa, por lo que mostrar mi "atención" al parlante es muy importante. Por esto me es complicado y muy difícil cerrar la boca cuando la gente empieza a decir pendejadas, criticarse a sí misma al criticar a otro que hace lo mismo que ellos,ser incongruente, y demás. Es difícil difícil, difícil.

Después de muchos, pero muchos, años de permitir que mi boca fuera lo más rápido del oeste (incluse más veloz que mi conciencia), me di cuenta de que me metía en situaciones incómodas para mí (que si lo eran/son para los otros, me tiene sin cuidados, pero para mí es otra historia) y que no siempre era sencillo salir de ellas (porque, también, me aburre pronto el error ajeno o su estupidez/necedad). Así que, ahora que soy una mujer adulta (ja ja ja) y madura, ya no lo hago, o procuro no hacerlo.

Pero no todo es magia y voluntad, he tenido que buscar y buscar algún método, herramienta o secreto que me permita hacer esto, y ¡lo he encontrado! (no aplica para todas las situaciones, pero sí para la mayoría y las importantes): EL ALCOHOL (No demasiado, porque entonces me la paso mal) me permite escuchar una conversación o situación y desconectarmente completamente de mi necesidad de réplica, y me hace muy feliz. Sobre todo, porque al final del día puedo llegar a casa y platicar sobre lo escuchado, sin ningún riesgo.


Los milagros, inclusive cuando podrían ser dañinos, pueden ser maravillosos...

Que no te engañen porque son licenciados


Paso tanto tiempo en la oficina que me es casi imposible no escribir sobre lo que observo ( y juzgo, silenciosamente) aquí. Por supuesto, como en cualquier empresa, hay todo tipo de gente (y cuando digo todo tipo, me refiero a inteligentes, tontos; bien pagados, mal pagados; groseros, educados; amables, hostiles; con poca educación, con mucha educación; con poco dinero, con mucho dinero, etc.) y ellos se comportan de muchas formas, según en la situación en que los veas o convivas con ellos.

Una de mis favoritas es la hora de la comida, es decir, los modales, manías, gustos y disgustos que todos mostramos al comer, actividad que por alguna extraña razón, hacemos como si estuviéramos en la intimidad. Cabe decir que cuando era chica mi mamá decía que uno debe aprender a comer bien (como Dios y el Manual de Carreño mandan, aunque ella nunca dijera Dios), y que esa era la forma de conducirnos en sociedad, pero, cuando estábamos solos o en casa, podíamos tomarnos ciertas licencias poéticas. Esto, en mi caso, implica que cuando como sola, puedo hacerlo en la cama, usar sólo el tenedor (sin el cuchillo), empujar el arroz con el dedo... cosas así, pero SIEMPRE en privado, nunca cuando sé que hay alguien más (me vea o no).

Creo que hasta aquí todos estaríamos de acuerdo, ¿no? hay cosas que hacer en público, y otras que no, en todos los ámbitos de tu vida. De ahí que sea tan curioso (que aquí quiere decir desagradable) que la gente muestre unas costumbres poco "refinadas" cuando come en la oficina. Porque, hay que mencionarlo antes de que otra cosa suceda: estás en la oficina, comes con las personas con las que trabajas, quienes se forman una imagen e idea de tí.

Así las cosas, podemos mencionar algunas de mis favoritas (que aquí quiere decir gustos morbosos):
  • Comen con cuchara, alimentos que no son líquidos (porque no soy tan tonta como esperar que alguien coma la sopa con tenedor y cuchillo, la sopa agüada, por supuesto). Yo no sé qué les dijo su mamá de chiquitos, tampoco sé si no han practicado comer con tenedor, pero es mucho más fácil comerte una sopa de coditos, o la ensalada, o cualquier cosa que NO sea líquida... Los veo y muero de risa, lidiando con la comida que se desparramada en la cuchara, y ellos abre que abre la boca para que entre todo... risible completamente.
  • Comen sustituyendo tenedor, cuchillo y cuchara con la tortilla. Esto sí que me cae gordo, pero tengo que explicar el proceso, porque nadie come tacos con cubiertos (tuve una amiga en la secundaria que en mi casa se comió los tacos dorados con cubiertos, porque no quería parecer mal educada), así que existen sus excepciones. Existe quien trae bisteces de comer (obvio sin cortar), así que toma con una mano un cuartito de tortilla (previamente cortado) y jala el bistec, utilizando la otra mano de contrapeso, para que éste (el bistec) eventualmente se rompa. Una vez roto, lo meten todo en el taco y lo mastican con mucha emoción y sentimiento de victoria. (Tengo que enfatizar aquí mi molestia a que hagan eso, porque la mitad de las veces terminan salpicando a quien los rodea, todo porque son lo suficientemente pendejos como para no saber qué usos tienen el tenedor y el cuchillo). Los otros son quienes cortan en trozos enormes la comida y la intentan meter en el cuartito de tortilla, medio con la mano medio con el tenedor, y después de enredarla y enredarla les queda todo de fuera y goteando (sea lo que sea, siempre gotea). A mí me gustan mucho las tortillas, simple y sencillamente las amo, disfruto los tacos, las quesadillas, los tacos, las quesadillas, hacerme tacos de empechugadas (así las bautizó Jesús, son pechugas de pollo empanizadas), de bisteces, de pollo con paprika. Sí, me gustan, pero veo la tortilla como un alimento y NO como un utensilio para comer.
  • Mezclan o mueven la comida en el recipiente como si estuvieran haciendo  pasteles de lodo. No sé si todos han hecho o hicieros pasteles de lodo, pero yo sí y lo disfrutaba mucho. Eso sí, hay que menearle y menearle y menearle (como si estuvieras amasando harina de maíz, ji ji ji) para que quede un pastel homogéneo y no una cosa medio seca medio acuosa, medio mojada. Lo que sí sé es que hay gente que usa el mismo método con su comida. No, yo tampoco saco un plato para comer, me da un poco de flojera (además de que el jabón para platos de la empresa me da alergia y no puedo lavarlo, y me parece un abuso que las señoras de intendencia los laven) y me pega la responsabilidad social. Además, ESTAMOS EN EL TRABAJO, lo cual ya hace que la comida en sí no sea tan emocionante como si estuviéramos en casa o algún otro lugar. Bueno, decía yo que yo tampoco uso platos, así que entiendo que haya quien tampoco quiere usarlos; lo que no entiendo es que hay personas que mueven y mueven y mueven y mueven la comida en el recipiente, haciendo ruido y ruido y ruido, no sé si esperan que por arte de magia lo que hay ahí cambie, o desaparezca, o algo pase. No sé qué esperan, no lo entiendo, y es bien molesto que estén todo el pinche tiempo mueve que mueve. ¿Qué no saben que la comida no es un juguete?
  • Truenan la boca. Me parece que no hay nada que decir al respecto, todos sabemos a qué me refiero y lo molesto que es (que siempre me recuerda a un amigo de mi hermano mayor, que hacía tanto ruido al comer como mi bulldog).
  • Empujan la comida con los dedos, no con el cuchillo. Yo sé que es más fácil y orgánico, pero no se ve bien, ni siquiera cuando mi abuela lo hacía y se divertía haciéndolo porque le daba flojera (o le costaba trabajo coordinar con la mano y el cuchillo). Te llenas el dedo y la mano de comida, el objetivo de los cubiertos es justo evitar eso, así que no entiendo por qué lo hacen (sobre todo cuando te das cuenta de que traen la comida en tuppers y que estos tienen paredes, así que hay hacia dónde empujar la comida para subirla en el tenedor).
 Lo mejor de lo mejor es imaginármelos comiendo con el jefe (sobre todo  si es tan educado y propio como el mío) en una importante comida de negocios, llenando su tortillas de mil madres mientras se comen el arroz con la cuchara... y pasándose la comida con tragos de agua (con los que, antes de tragar, hacen buches). Obviamente, lo supremo sería que aún después de una comida de esas, el jefe decida promoverlos...

viernes, 2 de septiembre de 2011

Coser, dejar de tejer un rato


(NOTA: Esta entrada fue escrita originalmente el viernes 2 de septiembre, pero hemos decidido editarla pues, como bien me dijo Ángel, debería ser más personal y honesta en mi escritura.)
Ayer fui a recoger mi máquina de coser, y la emoción que me embargaba era casi incontenible. De repente, resultó completamente tonto haber esperado tanto tiempo para comprarla (no compré una carísima ni finísima, por lo que no había excusa real para el retraso).

No entiendo por qué en ciertas ocasiones dejamos que lo que nos interesa y apasiona quede hasta el final, y pasamos la vida comprando y haciendo y pensando mil cosas que, en realidad, ni nos interesan, sirven ni apasionan. ¿Por qué será? Me da la sensación de que es una forma de protegernos, siempre es más fácil ir por el camino de la insatisfacción y frustración que por el opuesto, y no es para menos. Toparse de frente con lo que uno verdaderamente quiere (o, justo, piensa que quiere) puede resultar completamente caótico, tanto si es lo que en verdad queríamos como si no.

Aún así, yo puedo afirmar, sin caer en mi usual petulancia, que suelo saber lo que quiero (y no porque tenga esa virtud o súper poder, sino porque paso muchísimas horas de mi vida pensando y analizando lo que necesito, siento y quiero, para poder tomar una decisión informada, ji ji, sobre mis deseos) y por eso la emoción de tenerlo me causa una satisfacción maravillosa. Sobre todo, porque reconozco que eso ES, así, sin más.

Estoy resultando repetitiva o circundante, pero es que no encuentro las palabras exactas para poder decir lo que siento, mucha emoción por la máquina de coser y un poco de incertidumbre porque algo tan sencillo como comprar una máquina de coser despierta en mí un poco de angustia y frustración, porque no comprendo qué me impide a cumplir mis sueños, por qué de repente, cuando puedo tomar la decisión, y lo que quiero estará aquí, para mí, me detengo y decido tomar la decisión más racional o responsable.

Perfectamente puedo escuchar el eco de la voz de Aremy diciéndome que le resulta un poco estúpido que para mí el deber ser, lo responsable sea más importante que hacer lo que quiero y necesito. Y, confieso, me parece completamente cierto. A estas alturas de mi vida tengo un miedo espantoso a seguir por este camino, porque el tiempo pasa muy rápido, y me niego a voltear, en unos años y darme cuenta que no fui capaz o valiente como para hacer lo que quería. Pienso mucho en mis abuelos, mi abuela hizo toda su vida lo que quiso (o aprendió a querer lo que debía hacer, no sé cuál de las dos, pero creo que tampoco importa) y los últimos años de su vida (que son los que yo pude ver) se sintió feliz, murió satisfecha; por el otro lado, mi abuelo vivió toda su vida haciendo lo que debía hacer, trabajar para mantener a su familia, cumplir metas laborales, ser un hombre honesto, ahorrar... y ahora, en el final de su vida, se ve vacío, no sabe con qué actividades llenar sus días, ya viudo no le queda mucho más, y tampoco lo disfruta. Yo no quiero ser como mi abuelo, yo quiero disfrutar todos los días (está bien, con que sean muchos me doy por bien servida), hacer aquellas cosas que me causan placer y encontrar un medio para que pueda también comer de ellas (porque si no, de dónde sacamos el dinero). Odio verme como estoy, ahogada en la espera, siendo responsable y racional, esperando que el momento adecuado llegue y entonces pueda comenzar a hacer lo que deseo y quiero... Se me va a ir el tiempo y la vida, creo que si sigo así, no dejaré de esperar. Tal vez me falta valor para simplemente levantarme y decidir que no quiero seguir esperando, que hay demasiadas (sí, demasiadas) cosas que quiero hacer y que no voy a ser quien debo ser, sino quien quiero ser, quien soy. Al final, a la única persona a la que le debo explicaciones es a mí, todos los demás pueden irse en cualquier momento, nadie estará aquí siempre, pero yo... no me queda de otra...
Qué irónico, con sólo una máquina de coser, se destapan en mí muchos más deseos. En un descuido me dejaré llevar...

jueves, 1 de septiembre de 2011

Hasta que la muerte nos separe


Escribo esto sólo con la intención de descargar la frustración que me ahoga cuando el sentido común me impide decir lo que pienso (qué, pero qué castigo más horrible es este para mí).
Una compañera del trabajo (ver Amigos en el trabajo) se comprometió hace poco más de un mes. Como antecedente, es una chica que decía que se casaba en abril, con o sin el novio (ahí no´más), además es alguien cuya familia no tiene una solvencia económica que permita una boda como de las celebridades. Con todo esto, podemos comenzar por contar que la noticia nos pareció maravillosa, más allá de lo que uno decida sobre su vida, el hecho de que alguien realice sus sueños, es razón de felicidad.

Así pues, pasaron los días, ella con su emoción por tener una boda, mostrando a veces que el novio ha preguntado en varias ocasiones si de verdad quiere una fiesta (no haremos una interpretación de esto, pues todos sabemos qué implica), sacada de onda porque él está más emocionado por rentar un departamento, comprar muebles, encontrar TODO para que vivan juntos... inclusive mencionando que como él ya no cabe con sus papás, deberían rentar de una vez para que él se pueda mudar ya... A todo esto le sumamos que quiere un bodorrio con más de 250 invitados, y no ha realizado cotización alguna.

Pero, dejemos la historia particular de un lado, que no es lo que más nos interesa. Lo importante es que las dos últimas semanas he escuchado de la boca de la previamente mentada, y su amiga, que el matrimonio está padrísimo, que casarse es el camino correcto, y que no casarse y vivir con el novio es vivir en pecado (obvio, lo matizan con risitas), y que no está bien, porque lo importante es la boda, el matrimonio... Yo, que todos ustedes saben, no estoy casada ni pienso hacerlo, tengo varias cosas que decir al respecto:
1. ¿Quién chingados se cree para emitir juicios de valor sobre la vida que los OTROS deciden tener? Sólo porque ella tiene una fantasía...
2. Boda y matrimonio NO son sinónimos, son dos cosas diferentes, una consecuencia de la otra, pero NO SON LO MISMO.

Obviamente, y por razones que "desconocemos", ellas han decidido emitir sus opiniones frente a mí, y ni una sola vez han sido como para preguntar por qué yo no me quiero casar, o por qué decidí vivir en pecado, con mi novio... nada, porque evidentemente, no les interesa (de ahí la molestia, la gente que emite generalizaciones que afectan a los que estamos ahí, cuando además no tienen ni les importa tener, idea alguna de por qué la gente toma ciertas decisiones.

Entonces, he decidido expresar las razones por las que yo, ARIADNA, y sólo yo, he decidido no casarme:
1. No creo que un documento o una fiesta impliquen un comportamiento de por vida, per se.
2. No tengo el dinero para pagar una fiesta.
3. Si tuviera el dinero, probablemente lo usaría en algo más duradero que 6 horas de fiesta para alguien más.
4. Todo el estrés, molestia, preocupación y angustia de un año para una fiesta, me parece insano.
5. La fiesta se hace para los demás, para los invitados, (valga la redundancia), se les invita a que participen en ese momento de tu vida, lo cual, tiene una consecuencia obvia, participan en tu vida de casada/o. Los invitas a la fiesta y de repente creen que pueden opinar sobre tu vida en pareja, por el resto del tiempo que ésta dure.
6. Cualquiera que no haya vivido con alguien más, no tiene ni puta idea de lo que eso significa, no es sólo amor y felicidad, es complejo, es difícil, en ocasiones te aliena de ti mismo (y no hablo sólo de mi experiencia, sino de todas las que he escuchado y visto, pero la mía influye muchísimo), y esto nada tiene que ver con un documento o unos anillos y una boda. NADA.
7. Las relaciones, el matrimonio y la vida de casados se construye día a día, con un montón de esfuerzos, dedicación, tolerancia, respeto, comunicación y amor (aunque este último tampoco es indispensable). Ojalá y el papelito y la fiesta fueran suficientes para vivir hasta que la muerte los separe, pero no es así. Es tan difícil que por eso hay tantos divorcios (o parejas infelices, porque muchas no tienen el valor para divorciarse, o no les conviene $$$).

Eso sí, creo que una vez que decides compartir tu vida y tu espacio con otra persona (llamémosle matrimonio, para fines prácticos), uno debe cumplir con ciertos roles, y a pesar de sonar anticuada, considero que los roles de la esposa deben ser siempre hacerse cargo de la casa (que no quiere decir hincarse a limpiar el excusado con cepillo de dientes) y la comida diaria, procurar a la pareja (con amor y otros menesteres, según sea el caso). Me parece patético (ahí sí, emitiré un juicio igual que el de ellas) que ciertas mujeres pretendan casarse, quieran una boda y un matrimonio de película pero no sepan cocinar ni unas quesadillas, no estén dispuestas a limpiar (ni a pagarle a alguien porque limpie), ni hacerse cargo de la casa, PERO, eso sí, esperen que él sea el sustento económico y que las apoye en todo lo que necesitan para cumplir sus sueños (léase, embarazarse y dejar de trabajar para "cuidar" a los hijos)...

Vamos, si queremos una vida tradicional, a chingarse que también les toca hacer lo propio. Y si no, por favor, cierren la boca porque, como harán boda, estaremos invitados a opinar sobre su fracasado matrimonio



jueves, 11 de agosto de 2011

Como Griselda y Anastacia


Desde hace muchos años (qúé vieja me siento, caray) he notado que muchas mujeres gustan de las sandalias (o zapatos abiertos) chicos, por esto entendemos aquellas bellísimas mujeres que usan los zapatos media talla o una talla más chicos, razón por la cual, los dedos de los pies les quedan, literal, fuera de los zapatos. ¿Por qué escogerán esos? ¿Que el vendedor/a no les comenta al probarse los zapatos que éstos deben cubrir el pie completo (o que el pie debe quedar no sólo justo, sino inclusive un poquito más pequeño que la superficie del zapato)? Yo pienso que, aun a pesar de que el vendedor no lo sepa o no lo exprese, es una estupidez comprarte unos zapatos que te quedan chicos. Las veo caminando por las calles con las yemas en la suela, plataforma o el piso, y no lo entiendo, verdaderamente no comprendo qué demonios tiene que cruzar por tu cabeza al comprarlos así, y de manera constante al ¡usarlos!

Además, resulta completamente curioso, porque los zapatos de mujer no destacan por la comodidad, sino todo lo contario, los usamos porque nos hacen ver (o eso pensamos) hermosas, y esta es la razón por la que el sufrimiento vale la pena. Una cosa es que el zapato canse, que termines con la espalda adolorida en las noches, pero de ahí a decidir, por voluntad propia y consciente, que usarás unos zapatos más pequeños, sólo por gusto (¿o por qué otra razón?) me parece una absoluta estupidez.

Tal vez esas mujeres no saben que los zapatos son fabricados en diferentes tallas...

lunes, 8 de agosto de 2011

Una mirada impecable


¿De dónde habrá surgido la moda? ¿Quién la inventó y patentó? ¿Quién emitió el juicio de valor que la colocó como una buena idea? Me encantaría saber la respuesta, porque verdaderamente me anonada, pero ¿qué me hace sentir así? Muy sencillo: los hombres que se depilan las cejas.

Podría afirmar que, a pesar de ser terriblemente ortodoxa, no tengo ningún problema con que los hombres se delieneen los ojos, pinten las uñas, depilen el pecho, espalda y exilas (piernas no), usen cremas y tratamientos para la piel en busca de la eterna juventud; PERO, con las cejas depiladas son IRREDUCTIBLE. Me parece que se ve espantoso, que afecta la armonía y continuidad (no estoy segura de cómo explicar esto, pero cuando veo a un hombre con las cejas depiladas, me da la sensación de que su cara no es un todo, sino unas partes cortadsa por unas terribles cejas y, finalmente, que los hace ver súper falsos.

No sé si a todas las personas les contaron el objetivo del maquillaje y las estrategias de arreglo personal, así que, para quienes no lo sabían, ahí les va: el objetivo y el secreto es que todo lo que te pongas te haga ver NATURAL, que parezca que justo así de hermosa(o) te despiertas, que no hay un gran esfuerzo detrás de tu imagen, es así, natural y sencilla. (De una vez hago la aclaración de que esto no se refiere a quien se maquilla exageradamente, o que pretende proyectar algo diferente con su maquillaje). Si lo que te pones se nota , ya lo hiciste mal. Por ejemplo, si usas un wonder bra, el chiste es que parezca natural, que el ojo observador de tus curvas crea que son naturalitos; una vez que sabes que es relleno, se le pierde el chiste, y no importa si traes papel de baño o súper relleno de silicón, porque son falsos. Pasa lo mismo cuando te pones una faja para agarrar las carnes y no parecer temblor, te ves muy bien, realzan la figura, son completamente recomendables, pero si se nota la costura, o se te sale la faja por debajo de la falda, adiós, eres una vieja gorda con faja, nunca más una mujer esbelta y de carnes firmes (sin importar que estés gordita). O, uno de mis ejemplos favoritos, la depilada, todas las mujeres tenemos vello (mucho o poco, pero tenemos), y el chiste de depilártelo es que NADIE se dé cuenta de que tienes un bigote como el de Carranza, o que tus piernas son tan peludas que podrías trenzarte los bellos, por no decir el ombligo, escote, barba, etc. El chiste es que nunca se note, que nadie lo sepa...

Es lo mismo con las cejas, el secreto de hacerte algo es que no se vea, es conseguir la ilusión de que toda tu belleza es natural y sin mano de obra. Y, lo siento, pero como la mayor parte de los hombres que se depilan las cejas son belludos, es evidente que se nota la ausencia de bello. Por no mencionar aquellos muchachones que no se conformar con quitarse lo "indispensable", sino que les dan forma cual señorita...

Podría seguir escribiendo lo que pienso sobre esta nueva práctica, pero temo que en algún momento mis dedos dejen de hacerme caso y escriban con todas las palabras, lo que me gustarái expresar sobre esta situación, y no me parece decente. Así que, mejor aquí lo dejamos, rogamos que quienes gustan de depilarse las cejas dejen de hacerlo, y quienes piensan hacerlo en un futuro, lo eviten. Porque, muy importante, a las mujeres no les gustan los hombres que se ven más producidos o vanidosos que ellas, buscamos un hombre, un macho, que satisfaga nuestras necesidades animales de protección y masculineidad. Por favor.

martes, 2 de agosto de 2011

Zapatos para lluvia


Sí, sí, sí, ya todos lo sabemos, soy una mujer quejosa, criticona, exigente y ortodoxa. Eso no es novedad alguna, así como tampoco lo es el hecho de que espere que el mundo se comporte como DEBE, y no como lo hace...

Y trato de ser tolerante, de verdad que sí. Es más, tan soy tolerante y respetuosa que no voy por la vida sermoneando a la gente o expresando lo que yo considero que ellos deberían hacer. No lo hago, no señor. PERO, eso no quiere decir que no pueda escribirlo o expresarlo aquí. Porque, entonces, violaríamos mi necesidad de usar el lenguaje y expresar todo lo que pienso (bueno, no todo, ¿se imaginan lo dramático que sería esto?

Así las cosas, hoy escribiré sobre un tema que desde hace muchos años me causa la mayor consternación: los zapatos abiertos en época de lluvia.
No lo entiendo. Y es así de sencillo, no lo entiendo, ¿cómo puede una mujer ponerse sandalias o zapatos abiertos en plena época de lluvia? O, peor aún, cuando hay tormentas. Porque, no es sólo que se los pongan, sino que ya que está lloviendo y ellas van por la calle, esperan no mojarse, o se enojan (porque se les mojan los pies y/o porque se mojan los zapatos y echan a perder). No es que no me haya sucedido que un día que se ve soleado, digamos en octubre, decidas ponerte esas hermosas sandalias, y a media tarde ¡tómala! de la nada cae una tormenta. Eso nos pasa a todos, lo sé, y tampoco hay manera de preveer cada una de las lluvias en esta Ciudad (porque, y ese es mi decir, cualquier día puede llover, CUALQUIER DÍA). Pero, una cosa es una situación imprevista, y otra cosa es la bien conocida época de lluvias.

Cuando es época de lluvias, lo lógico es que uno vista de acuerdo al tiempo, de la misma forma que en invierno nadie anda de minifalda y top (bueno, hay quien sí lo hace), y en verano no salimos con abrigo de lana. Por eso, cargar paragüas, gabardina (o impermeable), y zapatos cerrados (de preferencia impermeables) es lo obligado y lo que DEBE hacer una persona racional. Sin embargo, no sucede así, y lo peor es que ni siquiera podríamos decir que es una minoría la que cae en este error práctico, pues son muchísimas mujeres (y algunos hombres que gustan vestir chanclas, o huaraches) las que día a día, salen de sus casas vestidas así.

En caso de que nadie les haya dicho qué demonios usar cuando es época de lluvias, aquí les va una ayudadita:
- Gabardina;
- Paragüas;
- Botas (de piel, sintéticas o de hule).

Por que, lo más irónico del asunto, es que son justo estas personas quienes enferman en esta época, no aceptan su parte de responsabilidad, contagian a todo el mundo, y debes soportar sus quejidos porque es época de lluvias (que no, porque son bien pendejos...).

jueves, 21 de julio de 2011

Mejor salúdame de beso


Yo no tengo, así que no puedo hablar vivencialmente de la comezón en los huevos, pero sí que puedo escribir sobre esta maravillosa práctica, desde el punto de vista del espectador (que en estos casos es mi favorito).

No sé a ciencia cierta en qué radica, lo he platicado con muchos hombres, y creo que las causas de un rascado excesivo de huevos son dos: la higiene y la educación.

La higiene porque (y aquí no sé, porque yo como mujer no tengo de esos, y mi mamá no me enseñó a mantenerlos bien limpios, ji ji ji) si no está bien limpio (es decir, libre de residuos), da comezón. Así de fácil. Obvio no es la única causa de la comezón, pero sin duda alguna es un factor que influye mucho. Cuando uno tiene el aquellín bien limpio y fresco (conozco hombres que se ponen talco u otros menjurjes para mantenerlo fresco y al tiro. Nota: no los conozco por experiencia propia, sino que soy testigo de oídos) no hay muchas razones por las que uno pueda sentir comezón y, como consecuencia, rascarse.

La educación porque los padres (o madres) deben enseñara sus hijos a no rascarse en público. Sí, es una acción inconsciente, pero gracias al padre ( o madre) jodón, podemos hacerla conciente y erradicarla de nuestras vidas. Hay muchos hombres que no se rascan en público, y no creo que sea porque no les da comezón de vez en cuando (con o sin higiene, a veces hay ataques de comezón que son inevitables, inclusive en las partes prohibidas e inalcanzables de nuestra anatomía), sino que han sido educados para contener esa acción, o buscar la forma de hacerlo discretamente, sin que el resto del mundo se dé cuenta.

Ahora bien, ya que sentamos las causas del rascado de huevos, hablemos de lo feo que es ver a un hombre rascándose en público, como si eso fuera lo más delicioso del mundo y, por tanto, impostergable. Por supuesto que hay todo tipo de rascados (o situaciones en las que se presenta), el que se rasca cuando da clases (o las recibe), cuando viene manejando, cuando está sentado en la oficina (solo o acompañado), cuando está dormido, y cuando está simplemente parado en la calle (yo quiero pensar que esperando).

Por su esto fuera poco, sigue lo peor de lo peor de lo peor: el saludo o contacto físico. Obviamente una persona que se rasca indiscriminadamente los huevos NO se lava las manos después de hacerlo, así que anda con manos huevosas todo el día (o hasta que se lava las manos, y después de vuelve a rascar, y así, en un círculo vicioso de poca higiene) y con ellas SALUDA A QUIEN SE ENCUENTRA, literal, te pone los huevos en la mano...

Ante esta situación tan asquerosa, yo veo dos opciones: si eres zurdo está bien rascarse los huevos (al final, saludas con la derecha, así que no hay problema), y si no, mejor salúdame de beso.
Los hombres que se rascan los huevos todo el tiempo.

Los judíos siguen siendo un buen partido


Inspirándome en una nota que leí hoy en el Publímetro, he decidido escribir esto, haciendo incapié en que no pretendo hacer comentarios racistas o discriminadores, sino sólo un análisis de los prejuicios sociales (o una comprobación de los mismos).
La nota afirma que los hombres no circuncidados son más propensos (76% más) a contagiarse de SIDA. Así pues, mi mamá tenía razón al decir que los judíos eran los mejores hombres para tener como maridos (curioso, pero ella no se casó nunca con uno, así que quién sabe de dónde sacaría estas ideas), pues son trabajadores, honrados, tienen mucho dinero, y además provienen de una sociedad (o cultura) solidaria. Obvio, ahora habrá que sumarle que además, por estar circuncidados, tienen 76% menos probabilidad de contraer SIDA. ¡Vamos por ellos!

P.D. Por supuesto habría que aceptar que este es sólo un razonamiento falaz, porque nos basamos en la idea (tonta o falsa) de que el sida sólo se contrae por esto, y no por la falta de educación, prevención y cuidado que debe tener toda persona sobre su vida sexual (hablemos aquí sólo del tema de los condones, lo demás no lo tocaremos). Pero bueno, si comenzáramos a hablar de salud y responsabilidad sexual, este post se convertiría en lo que no es, y lo importante es que debemos buscar un judío por mario. PUNTO.

En el coche como en el baño


Sé que no es ninguna novedad, pero desgraciadamente no escribo con la constancia con la que debería aquí, así que de repente miles de ideas se me juntan y no sé cómo comenzar o por dónde; lo más triste es cuando ese conflicto se traduce en un olvido por escribir. Espero que hoy no sea el caso, pues me siento particularmente inspirada para escribir.

Todos los días, para ir a trabajar, recorro una distancia considerable (en realidad no, son menos de 15 Km. pero el tránsito crea una ilusión de grandes distancias) y, gracis a que la calle por la que subo a Santa Fé es de doble sentido, puedo disfrutar una hora de observación hacia quien valientemente baja del cerro para ir a trabajar (o a algún otro lugar, no lo sabemos).

El automóvil es para mí una extensión de mi casa, de mi espacio; es un espacio en el que puedo ser yo, y hacer muchas cosas privadas, a veces olvidando que el hecho de que esté cerrado no significa que no se pueda percibir lo que haces dentro.

Entonces, todos sabemos que es común que las mujeres se maquillen en el coche, entre semáforos y claxonazos las ves, poniéndose la base, el rimel, las sombras, el labial, y cuanta magia traigan en sus pequeñas bolsitas de cosméticos. Esto nos parece hasta cierto punto normal, puesto que los traslados implican mucho tiempo y distancias, que pueden ser perfectamente aprovechados en convertir un rostro feo e insípido en una mujer interesante y joven (ja ja ja). Lo que NO es común, o por lo menos para mí no lo había sido, es ver mujeres DEPILÁNDOSE EL BIGOTE Y LA BARBA en el coche, a la vista de todos los demás. Sí sí sí, es mejor quitárselos en el coche que en la oficina, e inclusivo mucho más que andar todo el día con los bellos adornando el labio (o la barbilla), pero POR DIOS, ¿cómo puede ser una buena idea hacer esto?

Por supuesto que al escribirlo y pensarlo me surgen argumentos en contra y a favor, pues finalmente yo también lo he tenido que hacer (de ahí que pueda profundizar más sobre el tema y sus diferentes cuestionamientos), pero no por eso deja de ser curioso. Yo, por ejemplo, me he maquillado, depilado, comido, bebido, dormido (nunca en el volante, pero sí que lo he hecho con el coche estacionado) y, lo más divertido, cambiado de ropa en el coche. Es como si uno pudiera hacer lo que fuera porque nadie más te va a ver ¡pero ése es el error! las veces que me he cambiado la blusa, pantalones o falda en el coche, he tenido bien conciente y claro que los demás conductores y pasajeros pueden verme (e inclusive mis calzones, si no hago el cambio con agilidad y sutileza).

Esta es la razón de mi asombro: la concienca. Yo soy absoluta partidaria de hacer lo que a uno le dé la gana, lo que sea, siempre y cuando no afecte a otros o, si los afecta, éstos éstén de acuerdo. Y esto va desde abrir la boca para hablar, hasta las perversiones más oscuras y perversas que podamos pensar (me encanta usar pleonasmos tontos en este tipo de argumentos, ustedes perdonen). Eso sí, no podemos olvidar la conciencia y responsabilidad que implican. Si vas por la vida picándote la nariz y sacándote los mocos, está bien, pero después no chilles porque la gente no quiere saludarte de mano, o porque te ven feo. Así es la vida. Por lo mismo, expreso la siguiente recomendación a todas las mujeres que lo hacen:

Los bellos del rostro son una maldición horrible y cruel para todas las mujeres que los padecemos, pero es casi tan horrible tener barba y bigote como observar que una mujer se quito esos bellos. No lo hagan en el coche, porque hacerlo ahí es igual de público que hacerlo en una mesa del restaurante: todo el mundo lo nota y proyectan una falta de recato y decencia que no resulta atractiva para nadie.
Lo siento, pero así es.

miércoles, 20 de julio de 2011

Amigos en el trabajo


Desde pequeña he pensado que los amigos se conocen en diferentes momentos y etapas de tu vida, pero que si se vuelven amigos es porque compartirás con ellos una parte importante de tu vida (emociones, escucha, palabras, cariño, empatía, etc.), pero nunca había hecho conciente que la mayor parte de la gente tiene amigos con los que no convive mucho, y no-amigos con los que convive muchísimo.

En el trabajo, por ejemplo, uno pasa ocho o más horas y, además, tienes que comer; así que te haces "amigo" de otras personas que también trabajan y comen aquí, y empiezas a convivir. Al principio las pláticas giran sobre temas relacionados con el trabajo, pero después, empiezas a abrirte y le permites a los demás que te conozcan (y esperas que el otro también quiera que lo conozcas) y comienzan las amistades laborales. Esto deviene en una situación absolutamente curiosa para mí, porque son tus amigos en el trabajo, pero muchas veces (yo digo que la mayor parte de ellas) no tienes nada en común con ellos, y por lo mismo tampoco los ves fuera de la oficina, al salir del trabajo dejas también la amistad y en caso de que alguno de los deje de trabajar en la misma empresa, se termina también la amistad (sin muchos aspavientos).

Es curioso porque uno puede pasar horas y horas, 5 días a la semana, con alguien que no consideras (interna y honestamente) tu amigo, o a quien sólo aprecias, más no quieres. Compartes con ellos tantas cosas, importantes y no, te ríes, te cuidan y apoyan cuando tienes algún problema, te escuchan, y viceversa todo lo anterior. Pero, saliendo de la empresa desaparecen.

Ya que lo escribo, puedo decir que también me parece triste que consideremos dispensable a alguien que todos los días nos acompaña, bajo una premisa falsa de que es sólo porque trabajas con él/ella, y no la realidad: algunos son buenas personas, y muy buenos amigos.

lunes, 6 de junio de 2011

Me lo tomo con popote


A partir de la expansión de los Oxxo´s, Starbucks´ y Seven Eleven´s, ha proliferado el consumo del café, principalmente "para llevar", accesibles, dependiendo de la tienda, para cualquier bolsillo.

Yo, que no dejo de fijarme en el comportamiento humano, he notado que la gente toma el café (o té) caliente, con el mezclador (que no popote) de bebidas calientes (para aquél que no lo conozca, es un tubo de plástico duro, delgadito y de 15 cm. aproximadamente; también los hay de madera, como pequeños abatelenguas). Debo especificar: Cuando uno compra un café, digamos en el Oxxo, junto a la cafetera hay un anaquel con azúcar, tapas, removedores, etc. La gente llega, sirve su café (o té), le pone los condimentos que considere necesarios, lo revuelve con el mezclador, deja éste en la taza, y pone la tapa. Hasta ahí, yo sólo siento duda ¿por qué lo dejan si ya mezclaron los ingredientes? ¡Claro! Sólo hay que esperar un poco más para observar que las personas utilizan el mezclador como Popote , así es, como un aditamento diseñado para sorber los líquidos. Y así andan, tomándose la bebida caliente de esta forma... ¡qué puedo decir! El anonadamiento me deja alalia, por más que intento expresarme lo único que quiere salir de mi boca es: ¿pero qué están bien tontos? ¿No saben diferenciar un mezclador de un popote? ¿Su mamá no les enseñó a tomar bebidas calientes?

Respira, respira, respira

Aunque no sea sencillo, lo hago, respiro y consigo no decirle a ninguna persona que lo que hace está, de menos, fatal. Pero, independientemente de mis logros sociales, me parece indispensable escribir un poco más sobre las Buenas costumbres aplicables a las bebidas calientes (Nota: desgraciadamente mi Manual de Carreño está en casa, así que debí utilizar uno electrónico):

1. El café y el té se sirven calientes, en tal caso, para enfriarlo, no soples ni lo vacíes en el platillo. El abuso de estas bebidas perjudica el sistema nervioso; úsalo solo como estimulante.

2. Cuando toma un chocolate, un café, un té o cualquier otro tipo de infusión o bebida caliente, debe tomar la taza por su asa (sin levantar el dedo meñique, por favor), y beber a pequeños tragos, pero sin sorber ni hace ruido. Incluso puede dar un sorbo grande, si tiene necesidad, pero nunca haciendo ruido al sorber.

3. Si le echa azúcar, un edulcorante, o cualquier otra especia, revuelva con la cucharilla varias veces (sin ser demasiado insistente), y sáquela de la taza. No se deja la cucharilla en la taza, ni para reposar y mucho menos para beber. No se lleva la taza a la boca con la cucharilla dentro. La cucharilla se deja en el platito que acompaña a la taza, pero nunca se deja sobre la mesa. Al revolver, tampoco se hace ruido con la cucharilla (o se hace el menor ruido posible). Nada de insistentes tintineos de la cucharilla contra la taza.

4. La cucharilla de su taza solo debe utilizarla para revolver su contenido, pero nunca se debe utilizar para servirse azúcar o cualquier otra especia o alimento.

5. Si la bebida es caliente, debe dejar que se enfríe de forma natural (esperando un tiempo prudencial) pero no debe soplar sobre la taza o hacer cualquier otro tipo de gesto o aspaviento (como abanicar sobre la taza, por ejemplo).

6. Si está en una mesa baja de salón, o en otro lugar donde al beber no tiene la taza a su lado (como en una mesa de comedor), debe desplazar la misma junto al plato para evitar que gotee fuera de la mesa (sobre una alfombra o el suelo, por ejemplo) e incluso para que no le gotee sobre sus piernas, zapatos, etc. Si en este trayecto se cae un poco del contenido de la taza en el platito, déjelo ahí. Ni se le ocurra echarlo en el cenicero, o devolverlo a la taza. Si ve que le ha caído mucho líquido lo mejor es cambiar de platillo.

7. Si le ponen con su café, té, etc. unas pastas, sandwichs o cualquier otra cosa para comer son para acompañar, pero no para "mojar" en la bebida.

8. No debe hablar o gesticular con la taza en la mano. Al igual que los cubiertos, la taza la debe tener en la mano solo para beber y luego dejarla de nuevo sobre el platillo en la mesa.

Así, si en el número 3 especifican que la cuchara (en caso de desechables, podemos incluir aquí al mezclador) no debe usarse más que para mezclar, no debe dejarse dentro de la taza NI MUCHO MENOS tomar cuando ésta está ahí. Entonces, ¿por qué la gente usa el mezclador? ¿Por qué no toman desde la abertura que tienen las tapas específicamente diseñado para eso?

De verdad, no lo entiendo. Es más, independientemente de las buenas costumbres, me pregunto cómo la gente toma con popote una bebida caliente, cuando existen muchas más probabilidades de quemarse la boca?

Por no mencionar que estéticamente, se ven bien pero bien mal haciéndolo. Aceptémoslo, tomarse así el café es igual de ... que tomar cerveza con popote.

lunes, 18 de abril de 2011

Actividades privadas en el baño


No estoy segura de la causa, pero sí de la realidad: los baños son el lugar más intimo y privado que tenemos. Es ése el lugar que nos dedicamos para leer, estar solos, pensar, llorar, asearnos, simple y sencillamente ser nosotros sin ningún pudor. Tal vez sea por esto que las dinámicas en los baños compartidos (tanto en los restaurantes u otros lugares públicos, como en los trabajos) sean tan divertidas.

Por cuestiones de economía arquitectónica y empresarial, los baños en los edificios son compartidos para los trabajadores, pero no creamos que todos son para todos. Por supuesto que no. En el lugar que trabajo ahora, he descubierto que hay varias jerarquías “bañeras”, primero el jefe de jefes tiene baño para él solito, los directores tienen baños privados, pero deben compartirlos con otro director, y todos los demás, deben usar los baños para “todos”. Escuché a unas chicas del trabajo comentando que ha de ser bien feo tener que compartir el baño con otro de los directores, y yo no pude menos que pensar al respecto…

A mí me gusta mi baño para mí sola, es un lugar en mi casa donde tengo completa privacidad (cuando lo uso, y no es en la noche, porque a esa hora se convierte en el cuarto de mi perra, y entonces sí que no tengo privacidad), puedo hacer lo que quiera, y soy muy feliz. En cualquier otro baño soy bastante quisquillosa, pero creo que es sólo porque añoro mi privacidad. Es por esto que me resulta curioso cuando la gente comenta que odia los baños públicos (que no la falta de higiene, porque ésta no la comentan), que le da asco entrar a un baño justo cuando alguien acaba de salir, o que preferiría tener un baño privado en cada lugar que está. No es que no lo entienda, pero no creo que sea para tanto o, tal vez, yo tengo muchas capacidades de negación.

Yo, por ejemplo, no creo que haya ningún problema en esperar a que alguien salga del baño para usarlo (si necesito entrar, necesito entrar, no hay más), pero sin duda alguna procuro bloquear cualquier ruido escuchado, así como las intimidades y costumbres que a veces la gente olvida ocultar frente a otras personas.

Antes, cuando era joven (bueno, más joven, casi una niña), gustaba de ir acompañada al baño. No tanto porque me gustara estar (literalmente) con alguien más en el baño, platicando o lo que fuera, sino porque me daba miedo entrar sola y que algo me fuera a pasar. Esto debo agradecérselo a mi abuela, quien desde chiquita me enseñó que los baños eran lugares peligrosos porque te podían robar, o algún hombre podría abusar de ti. Así que, no iba al baño en lugares públicos si no era acompañada. En las desgraciadas ocasiones que debía entrar sola (como cuando voy al cine, sola), prefiero usar el baño que está pegado a la pared (así el “atacante” tiene menores posibilidades de acercarse), y realizar cualquier actividad a la brevedad posible. Ahora, todavía siento miedo al entrar a un baño grande, pero puedo lidiar con ello mucho mejor que antes, pues también debe sumársele que prefiero ir al baño sola.

Pero, regresando a las costumbres de los baños, me sigue dando mucha curiosidad la percepción de tenemos de ellos, y la forma en que vivimos todas las experiencias ahí dentro. Entiendo que es asquerosín (así, en diminutivo) entrar cuando alguien acaba de salir, pero si consideras la cantidad de otras actividades que realizamos en ellos, esa debería ser la que menos nos preocupara. Como ejemplo están la cantidad de mujeres que frente a los baños se acomodan y mueven cuanta parte del cuerpo pueden, se maquillan, depilan el bigote (eso lo agradecemos, pero deberían hacerlo en casita) o las cejas, se secan el cabello, planchan o peinan… Es aterrador. No hay nada más feo que tener que ver a una mujer que se transforma en el baño por alguien decente (ni me quiero imaginar lo que ha de pensar su marido o pareja cuando la ve de cara lavada…), que cree que puede venir a hacer en el baño de la oficina lo que por floja NO hace en su casa. Para mí es así de sencillo: si no te da tiempo para hacerlo, tal vez deberías de dejarlo por la paz, aceptar que no lo vas a hacer, y no torturarnos porque lo debemos ver.

La regla del baño debería ser esta: soportamos todo lo que es producto obvio y natural de los menesteres en el baño (feo o no, no nos queda de otra, según lo aprendí en El libro de las Cochinadas), pero nos negamos a verlas peinar y platicar cosas que NUNCA debería observar/escuchar ningún ser humano. Y, por favor ¡no hablen por teléfono cuando están ocupadas en el baño! Eso sí que es una falta de respeto para uno mismo, para el pobre tonto que está del otro lado del teléfono, y para todos los demás que debemos compartir baño con ustedes. Decencia, no pedimos más.

martes, 9 de noviembre de 2010

Los Tlalpenses

Antes que otra cosa, haré la aclaración debida: este "ensayo" (o bálsamo, para quienes saben a qué me refiero) no pretende generalizar, sino simplemente identificar un grupo social "determinable" que asiste a un lugar en particular de el Centro de Tlalpan. Si ustedes no son parte de esas personas, sólo disfruten y no se sientan juzgados.

Ahora sí, comencemos.

Todas las mañanas de los sábados, así como mañanas y tardes de los domingos, leo en el centro de Tlalpan, para ser exactos, en las mesas ubicadas en los arcos, del restaurante La Sazón. Ahí paso horas y horas deleitando mi alma, mente y cuerpo con excelentes libros que me hacen muy feliz y preparan para la siguiente olimpiada de lectores ávidos y veloces (no sé cuándo sea la siguiente olimpiada, pues aún estoy organizando la idea, ya no digamos conseguirla... ja ja ja). Como son comidas tipo buffet, debo pararme cada vez que quiero más café, o cuando el café ha terminado su trayecto en mi cuerpo, y pasa lo más curioso del mundo: tomo mi bolsa y libro (habría que ser pero bien pendejo para dejar en una mesa en la calle los efectos personales de alguien, sobre todo algo tan valioso como un libro), y, si es necesario, la taza para el café. Entro y me sirvo felizmente el café, y cuando regreso a sentarme ¡HAY ALGUIEN EN MI MESA Y SILLA! Entiendo que la gente a veces no entiende qué demonios hace uno cuando toma sus cosas y una taza y entra a un restaurante (seguro pensarán que ya me fui, o desaparecí), entonces acepto su probable razonamiento, pero cuando me acerco a la mesa, resulta que o no se quieren quitar, o se encabronan porque les pido que se quiten. ¡Pero qué demonios tienen en la cabezota!

Sé que las mesas no son de mi propiedad, y también sé que pocas personas están familiarizadas con las buenas costumbres ( o, digamos, las costumbres decentes y medias), pero todos entendemos que cuando estás en un restaurante que tiene buffet, debes pararte cada vez que quieras algo ¿o no?

Avancemos. Digamos que las personas pensaron que cambié mi mesa de afuera por una de adentro (no me pregunten por qué, pero la gente es bien pendeja y cree que las mesas que hay afuera NO son para el servicio, sino como sala de espera...), pero, si salgo y me paro frente a ellos, ¿por qué no se levantan? ¿por qué les vale que yo estuviera ahí? ¿Por qué el mundo está lleno de gente con pocos modales y educación?

Después de pensarlo mucho el domingo, llegué a la conclusión que tiene que ver con el tipo de personas que van a La Sazón, porque eso NUNCA me ha sucedido en ningún otro lugar, ni en otro de Tlalpan, ni en ninguna otra zona de la ciudad.

Así las cosas, encontré un grupo de personas con poca educación que gustan de los buffetes de mala calidad, con pésimo servicio y en un lugar que deja mucho qué desear (el lugar está súper sucio, la falta de baños e higiene en los mismos, las entradas de emergencia tapadas con un montón de basura que ahí consideran "decoración", ) que tienen las siguientes características: con poca educación, atrabancados, ignorantes y con pocos deseos de ser alguien mejor (y no lo digo en el sentido usual de querer ser alguien mejor, sino de aceptar que tenemos fallas y errores, y a partir de ahí pretender una mejoría en todos los aspectos).

Entonces, si ustedes han ido a comer o desayunar ahí, tengo sólo una recomendación ¡No reincidan! Podrían perder más que sólo $80... si se sientan en mi mesa, un día de estos podrían perder la vida...

viernes, 17 de septiembre de 2010

Sólo camina!!!


Podría asegurar que todos hemos visto los infomerciales de los tenis mágicos que "pulverizan la grasa" y te hacen bella, esbelata y ágil con "sólo caminar".

Bueno, no sé los demás, pero yo me divierto viendo cómo han sido un éxito rotundo estos tenis, y las señoras los compran y compran y compran. Afortunadamente para ellas, ya existen más marcas y modelos, puedes comprar chanclas, botas, zapatitos, y no sólo unos tenis.

SIn duda la publicidad va dirigida a las mujeres no trabajadoras (o con trabajos no ejecutivos, en oficina y con traje sastre), de clase media y media alta (nadie abajo puede o debería costear unos pinches tenis de $1,000 a $ 2,500), que son el mejor mercado que existe, pues prácticamente están ya cautivas, sólo falta dirigir sus compras.

Todos los comerciales promueven magia, los compras, los usas, y bajas de peso sin haber hecho ejercicio, y es ¡maravilloso!
Yo, después de mucho analizarlos, llegué a la conclusión de que deben ser sin duda zapatos ergonómicos que obligan al cuerpo a mejorar la postura, y utilizar mejor los músculos de las piernas. También creo que deben ser muy ligeros, pues de otra forma lo práctico y cómo se terminaría. PERO, no creo ni remotamente que unos tenis, por el simple hecho de usarlos, puedan hacer que uno queme calorías mágicamente.

Me parece que pensar que la magia no existe, debería de ser muy sencillo, pero creo que no ha sido así. Conozco gente (científicos, y personas con criterio, lógica y demás) que ha comprado estos tenis, esperando bajar de peso ¡qué les pasa! ¿Cómo es posible que alguien que sabe que no es posible quemar grasa sin esfuerzo físico gaste tanto dinero en unos tenis? Que, según me han dicho, salen súper malos y se rompen bien rápido...

No lo puedo creer, verdaderamente me asombra. Pero, lo más interesante es que quienes usan estos zapatos son justo las señoras burguesas que no trabajan ni nada... algunas más jóvenes que otras, pero seguro todas ya casadas.

Toda esta situación me lleva a pensar que las mujeres resultamos bastante pendejas cuando de belleza se trata, dejamos de lado toda razón y lógica y creemos en los comerciales que nos prometen salud, belleza y un cuerpo delgado y sin grasa. No entiendo por qué ninguna de ellas piensa que tal vez cerrar la boca, comer sano, y hacer ejercicio sea lo indispensable para el cuerpo que todas deseamos...

Ojalá y algún día exista un infomercial que quite la pendejez y fantasía...

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Qué pasa cuando no escribo?

He dejado de escribir, con todo y que llevo a todos lados mi libreta, dejé de escribir y aún no sé por qué. Sé que siempre argumento que no escribo cuando vivo, cuando hay un mundo de actividades y felicidad, pero no es cierto; dejo de escribir cuando no quiero volver realidad lo que sucede.
Suena muy estúpido, pero así pasa, cuando uno verbaliza o escribe, lo que sucede se vuelve real, no hay manera alguna de negarlo o hacer como que no es cierto. Está ahí y es inminente... y bueno, yo que soy bien mala para hacerme pendeja, resulta terrible...
Afortunadamente, mi necesidad de no olvidar nos obliga a crear realidades y a tenerlas aquí.
Disfrutemos

sábado, 6 de marzo de 2010

Agujeros


A veces me gustaría no ser yo, sobre todo cuando tiene que ver con la memoria. Sí, tengo una memoria aterradoramente buena, y esto es bueno una gran parte del tiempo; la otra, es puro sufrimiento y tristeza.
No sé cómo debería funcionar la vida, sé que yo paso mucho tiempo recordando, y que esto me causa mucha tristeza cuando recuerdo a personas que ya no están en mi vida. Desde amigos hasta familia, mi vida parece llena de despedidas, como si todos aparecieran sólo para despedirse... no importa si es en poco o mucho tiempo, que quien quiero se vaya es siempre triste. Creo, con el tiempo y mucho raciocinio, que estoy mucho mejor sin varios de ellos, pero eso no quita el dolor. También creo que algunos no deberían haberse ido, o mejor aún, llegado alguna vez si iban a tener que irse. Alejandra me dijo un día que "él" le había dicho que había tres tipos de personas: las llegan para quedarse contigo, las que sólo pasan por tu vida rápido, y aquellas que llegan para cambiar(te) radicalmente, y después se deben ir. Esto es, sin duda, triste, por qué hay gente que sólo llega para dejar una huella imborrable, y después se van.
A veces me siento como ese juguete que es como una esfera, que tiene diferentes agujeros, cada uno con una forma geométrica diferente (círculo, triángulo, cuadrado, etc) y tienes que meter a través de cada agujero la pieza que corresponde según la forma... por supuesto, no puedes meter un cuadrado en el círculo, ni un triángulo en la estrella, y si pierdes alguna de las piezas, ese agujero nunca volverá a taparse o usarse, quedará así: un agujero, para siempre. Así me siento. Llena de agujeros cuyas piezas se han perdido, y que no hay solución alguna.
Por esto, me gustaría a veces no recordar, ya no digamos a la pieza, sino recordar que tengo un agujero, que soy sólo agujeros, al rededor del borde de un círculo, que por dentro está vacío...

martes, 2 de febrero de 2010

Reforma a las costumbres de lectura


Tengo que confesarlo: la avaricia (dicen que el pobre quiere lo que no tiene, el rico quiere más de lo que tiene, y el avaro quiere TODO) me ha consumido, y ante esto, no me ha quedado otra opción más que tomar medidas drásticas. He aquí el problema: todo comenzó en mis mozos años en la preparatoria (5 de prepa para ser exactos... coría el año 98), cuando encontré un par de libros que me gustaron mucho, y después, una persona que disfrutaba leer y tenía buen gusto en la lectura, que me fomentó a leer. Después de este segundo en que me di cuenta de haber cruzado la línea entre quien no lee, y quien vivirá una vida leyendo, todo ha ido maravillosamente. Tengo excelentes hábitos de lectura, siempre (y no es exageración) tengo un libro en lectura, y me es indispensable tenerlo. Sí, a veces tardo más en leerlos, y otras veces no duran ni una tarde de lectura, pero siempre existe algo que estoy leyendo.
Por supuesto, pasé una etapa de extrema lectura (2 o 3 libros por semana) y una de poca lectura (un libro cada dos meses, cada mez). Pero, mi etapa actual es preocupante: leo un libro CADA DOMINGO. Esto tal vez, necesite una explicación, pues presumir leer sólo el domingo es un poco tonto. Entre semana leo poco, unas cuantas hojas por día, no más, pero el domingo lo destino a leer, me siento a las 10 de la mañana y leo hasta la 1, y después de las 2:30 a las 6... salvo imprevisto (como una visita). Esto, me ha llevado a leer un libro por domingo, o en ocasiones dos... Sí, suena maravilloso, pero tiene un gran inconveniente: he leído prácticamente todos los libros que tengo (algunos muy valiosos no pueden salir de casa, así que no los puedo leer el domingo), no me gusta pedir libros prestados, y aunque suelo robar (es decir, pedir prestados y nunca regresar) libros de mi abuela, no me doy abasto. Así, compro libros ¡He ahí el problema! Si por mes leo de 4 a 6 libros, eso significa que tengo que comprar esa cantidad de libros por mes... haciendo cuentas, es una cantidad significativa de dinero, casi imposible de pagar en este momento por mi economía. Por eso, pasó lo terrible (que es el tema principal de esto), decidí dejar mis editoriales favoritas, así como atutores favoritos, recomendados o recomendables, y comencé a buscar en otros lugares de las librerías. Encontré una editorial fabulosa, los libros cuestan $29, pasta dura, hojas color revolución (no blancas, pues), buenas ediciones; de esta primero compré un libro de Lessing, y después fui comprando según el título pareciera interesante. Maravilloso descubrimiento. He leído 5 libros de dicha editorial, y TODOS me han gustado. Algunos son de autores muy famosos, otro no tanto para mí, pero sin duda alguna interesantes. Así, también me he aventurado a comprar libros en las secciones de "oportunidades" en la Gandhi, o de descuento, y también he encontrado libros increíbles. Uno de ellos es Un arma en casa, de Nadie Gordimer.
Esta nueva costumbre de comprar libros diferentes, influenciada por el bajo costo, me ha permitido conocer muchísimos autores que tal vez nunca hubiese leído, conocer diferentes editoriales, y vivir muchas horas de felicidad y lectura. Claro que algunos de los libros no tienen las bellezas estéticas de Alfaguara o alguna otra editorial hermosa (porque hay que admitirlo, lo más cómodo para leer son los libros de Alfaguara), pero al final, lo que importa es el contenido, y éste ha sido siempre agradable y lleno de nuevas oportunidades.
Habrá que ver si todas mis compras resultan tan buenas como hasta ahora...

lunes, 28 de diciembre de 2009

Navidad


Sonaré absolutamente amarguete, y en realidad sé que lo soy, pero creo que con respecto al tema de Navidad, soy bastante objetiva: LA ODIO.
Razones, hay varias, mi infancia no hizo que fueran muy amenas, pero sobre todo, porque me parece una burla. Se supone que es una época para estar con la familia, convivir, disfrutar una buena cena, y por supuesto, utilizar los regalos como una forma de expresar amor. No sé si esto sea universal, o sólo pasa en mi familia, pero la verdad es que esto no sucede. La comida en sí, me choca, no me gusta el pavo (a menos que lo haga la mamá de Aremy), me choca la simple idea de los romeritos, por no mencionar el horrible olor de los camarones secos que alguien cree que es buena idea meter en algo tan especial y exquisito como el mole, y después, el bacalao (por supuesto, el de la mamá de Aremy no se incluye, pues es sin duda alguna el mejor que alguna vez he tenido suerte de probar), que siempre está salado, no tiene gran sabor, y las aceitunas y piñones no son suficientes. Cuando pregunté por qué no mejor comíamos algo que a todos o la mayoría nos gustara, me contestaron que eso se comía en navidad, y que como sólo era una noche, pues que me chingara (con la diplomacia que caracteriza a las familias, es decir, sin groserías, pero con sarcasmo, autoritarismo y desprecio). Así, en cuestiones alimenticias, no me queda más que llenarme de botana.
Después, en la cuestión de la convivencia en familia, qué decir! (ironía, por supuesto), la mitad de la familia "tiene" otras actividades familiares que satisfacer, por lo que convivir se vuelve más en un arreglo o contrato, inamovible, y que siempre puede traer aparejado embargo (recordemos a Jesús Andrés) en caso de incumplimiento. No sé por qué, pero en mi familia no se platica de uno, no se convive tal cual, siempre son temas generales que no nos afectan, o, en su defecto, afectan a quienes sí son importantes (ya saben, cuestiones de jerarquía). Pero no hay tiempo para hablar de cómo estamos, qué hemos hecho, qué pensamos, qué queremos de la vida. Ningún detalle (como chica escolta, cero particulares, puro "trabajo" ja ja ja) personal que pueda comprometer el interés en otra persona.
Finalmente, los regalos. Me encantan los regalos, pero siempre tienen un problemita, atinarle a lo que de verdad me gusta o quiero, es difícil (tampoco imposible, y sería facilísimo si la gente preguntara o pidiera una lista, o algo así). Además, comienzan las comparaciones, ¿El regalo más grande será para la persona que más se quiere? ¿O el más caro? Inminentes son las comparaciones. Mi abuelo, durante muchos años dio el mejor regalo: dinero. Antes nos compraban cosas, casi siempre padrísimas, hay que aceptarlo. Si alguien te regala dinero, te hace feliz!!! Así puedes ir a comprar lo que TÚ quieres, mo lo que alguien más cree que podría gustarte, porque a ellos les parece que "eso" es lo que te gusta o gustaría. Demasiada proyección y adivinación. Me gustan también los regalos de Ángel, porque siempre me pregunta qué quiero, y me lo compra. Sin duda alguna, SIEMPRE LE ATINA. Creo que más que la emoción de la sorpresa, debería ser importante la emoción de la acertividad.
Así, todo parece indicar que no me gusta, ni me gustará algún día navidad. Bueno, tal vez podría gustarme si dejáramos las pretensiones y pautas quesque navideñas, y concentrarnos realmente en el otro, en los demás, en la convivencia, y que lo importante es la oportunidad de estar juntos. El año pasado le comenté a mi prima que debíamos aprovechar esa navidad, pues sería la última con la abuela, y así fue. Murió en septiembre, y esta navidad y las siguientes ya no estará. Pero, a pesar de esto, no aprendimos (el plural es para ser menos agresiva, porque yo no soy así), este año no aprovechamos la oportunidad de estar juntos, de convivir realmente con los demás.
Así las cosas, y ante la realidad de que no cambiarán las cosas, afirmo nuevamente: ODIO NAVIDAD.

Las aventuras de Sherlock Holmes


Así es, todas, y cuando digo todas, me refiero a ese absoluto de TODAS, las he leído. Mi papá le regaló a mi abuela todos los libros de Sherlock, y aprovechando, con cierta vergüenza, que ella ya no los va a leer, pues los tomé, y los leí todos.
Siempre me había interesado el detective deductor, pensativo y siempre certero, pero sin duda alguna, ahora que ya leí todo lo que de él se ha escrito, puedo afirmar que es absolutamente increíble y maravilloso. Me impresiona cómo Sir Arthur Conan Doyle pudo escribir tan bien cada detalle, situación, imagen. Padrísimo sin duda alguna.
Ahora, con todo el conocimiento necesario, me preparo para ver la película. Aunque, tengo un poco de miedo, pues los cortos que he visto lo representan como un hombre de acción más que un hombre de cerebro, y eso no me gusta. Pero, ay de ver...

jueves, 17 de septiembre de 2009

Réquiem


Quien me conoce, sabe que no creo en lo sobrenatural, en Dios, o en cualquier ente que implique actos de creencia y no de raciocinio. A pesar de esto, también conocen mi capacidad extrasensorial de "adivinar" el futuro. Soy conocida en el bajo y pequeño mundo como Guru-Ari, y puedo preveer muchas situaciones, que terminan haciéndose realidad. No sé si es porque tengo la capacidad de leer en las personas su "inconsciente" (necesitamos nombres y términos científicos, por supuesto) y poder así inducir lo que harán después; o, si es que soy tan poderosa que no es el futuro lo que veo, sino que al nombrarlo, mis afirmaciones se convierten en realidad. Esta última opción es más interesante, porque implica un genio de los deseos o algo así, lo que nombro, se hace realidad. Por supuesto, como el Rey Midas, tiene su lado bueno y otro malo.
He podido preveer lo que le pasa a los demás, y a veces lo que me va a pasar a mí, siento con horas de antelación que voy a encontrarme con alguien, y así sucede. Pero, también siento las tragedias antes de que acontezcan. Esto me pasó el domingo... mi abuela llevaba dos semanas muy mal, un poco por la edad (91), otro por las consecuencias de ser fumadora pasiva, y otro más por razones que yo no alcanzo a comprender (mi conocimiento médico es en realidad bastante reducido). Yo sabía desde octubre que estuvo internada en el hospital, que le quedaba relativamente poco tiempo, pero no podía saber cuánto. En navidad, le comenté a mi prima que debíamos aprovechar esa navidad porque sería la última de mi abuela. Así, el jueves pasado fui a verla; ya estaba muy mal, no caminaba nada, estaba conectada al tanque de oxígeno (que amorosamente compartía con su marido), y no se le entendía lo que decía. Estuve un rato ahí, con ella, la tomé de la mano y le sonreí... lloré un poco porque era ya inminente el futuro... platiqué con mi abuelo lo maravillosos que han sido siempre conmigo, cómo nos consintieron, quisieron, educaron, y dieron mucho más de lo que pueda yo decir. Me sentí triste pero contenta. Sin asuntos pendientes. Tal vez, sólo decirle a mi abuela lo mucho que la quiero y adoro, lo importante que ha sido para mí, y lo feliz y dichosa que me siento de haberla tenido por abuela y casi-madre.
Finalmente, el domingo, leyendo y pasando el tiempo en Tlalpan, me puse triste, tenía una necesidad incontenible de llorar, platiqué con Ángel mucho sobre la eventual muerte de mi abuelita, de cómo me sentía al respecto, de todo... Estaba muy triste, más de lo que podía entender...
Ese día, por la tarde, falleció. Me llamó mi prima a las 7, y lo supe en cuanto sonó el teléfono... ella lloraba tanto que no podía hablar, así que me lo dijo su novio: tu abuelita acaba de fallecer... así de rápido, el mundo se me vino abajo, comencé a llorar y me apretó algo dentro, aún no sé qué, pero me aprieta y apenas me deja respirar. Yo lo supe todo el día, lo sentí todo el día... debí correr a verla, despedirme de ella (otra vez, pues lo hacía cada vez que la veía), decirle en voz alta que la quería... tomar su mano mientras moría, no sé... algo. Hacer algo para prolongar la realidad inevitable.
La muerte es un absoluto, creo que el único que existe. Nunca más volveré a verla, no la escucharé más, ni podré reirme con ella como lo hacíamos antes... su casa está llena de recuerdos y familiares muertos que nos acompañan. Ella ya está, como lo pedía, con sus hermanos y padres. Está muerta y con esto tranquila, sin sufrimiento ni dolor. Yo no creo en el cielo ni que haya algo más después de la muerte, por lo menos no para su cuerpo o alma. Dejó en cada uno de nosotros, y de forma diferente, algo. A mí me dejó llena de buenos y hermosos recuerdos, de amor y cariño, de palabras y leyendas. De todos los buenos actos, sentimientos y palabras que alguien pueda dar a otra persona. Me dejó llena de ella, aquí la tengo, conmigo, todos los días estará conmigo.
Me gustaría que alguien me dijera lo que yo significaba para ella, que no sea sólo yo quien interprete esto como un amor absoluto, porque lo sé, me amaba y estaba feliz y orgullosa de mi. Una de mis tías me lo dijo: eras todo para ella, te adoraba y fue la más feliz cuando naciste. Espero que así hayan sido todos los días, que yo haya sido capaz de ser todo lo que ella esperaba. Porque así, sólo ella me importa en esto, sólo esperaba SU aprobación y satisfacer sus expectativas. Por qué, no sé, pero así es. Para mí no hay ni habrá nadie más importante y trascendente, y espero que ella, antes de morir, lo supiera. Porque no era cualquier persona, era la mejor y más importante.
Su papá murió el mismo día hace 42 años... y ella que sí creía en esto, debió de sentirse acompañada porque su papá vino por ella, para llevársela... con ellos...
Nosotros, aquí, nos quedaremos con todo lo demás, dentro de mí, en todo lo que soy y hago.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Disertaciones educadas


Ultimamente María y yo hemos platicado mucho sobre las buenas costumbres y la educación social. No es que ella esté del todo en contra del Manual de Carreño, pero sí cuestiona varias normas, sobre todo las que ya no son vigentes (como bajar del caballo y cosas así); pero, me preguntó brillantemente cuál era la causa de las buenas costumbres, y yo contesté que sirven, básicamente, para evitarle a los demás molestias, saber cómo comportarse para no incomodar al otro. Así de sencillo, es sólo para vivir en armonía.
Sin duda, se presentan conflictos de intereses, como en todos los conjuntos de normas, pero yo no creo que sea demasiado complejo resolverlas.
En cuestiones de hospitalidad, es decir, cuando invitas a alguien a tu casa, yo soy de la idea de que uno debe atenderlos (por eso los invitas), hacer de su estancia en tu casa un momento agradable. Esto implica, ofrecerles algo de tomar o comer, y estar a cargo del orden y limpieza durante la reunión. Esto implica que, si los invitas a comer, no debemos permitir que sean ellos quienes levanten sus platos o los laven. Claro, uno como invitado, debe ofrecerse a ayudar a limpiar, levantar el plato de la mesa cuando terminas de comer, llegar con algo para la reunión o los anfitriones. En realidad es sencillo lo que uno debe hacer... o por lo menos eso creía yo...
He descubierto que las buenas costumbres parecen entes extraños y desconocidos para muchas personas. Han venido a nuestra casa varias personas y demostrado, en cada una de sus visitas, una falta absoluta de educación y buenas costumbres. En una ocasión, una invitada se metió a la cocina, y sin pedirlo, se sirvió café... Por supuesto, quien me conozca podrá saber que ganas de matarla no me faltaron (para suerte suya, yo me enteré hasta después). ¿En qué mundo uno puede hacer eso? Yo, ni siquiera en casa de amigas de toda la vida, o de mi familia me atrevo a hacer algo así, NUNCA, sería motivo de traición a la patria, pena de muerte, y cualquier tortura aplicada por la Inquisición.
¿De verdad es tan complejo portarse educadamente? ¿Soy yo la que exagera? O, simplemente, las buenas costumbres dejaron de ser importantes, y ahora lo socialmente aceptado es ser groseros, violentar al otro, y vivir en un egoísmo descarado. Espero que no.