lunes, 28 de diciembre de 2009

Navidad


Sonaré absolutamente amarguete, y en realidad sé que lo soy, pero creo que con respecto al tema de Navidad, soy bastante objetiva: LA ODIO.
Razones, hay varias, mi infancia no hizo que fueran muy amenas, pero sobre todo, porque me parece una burla. Se supone que es una época para estar con la familia, convivir, disfrutar una buena cena, y por supuesto, utilizar los regalos como una forma de expresar amor. No sé si esto sea universal, o sólo pasa en mi familia, pero la verdad es que esto no sucede. La comida en sí, me choca, no me gusta el pavo (a menos que lo haga la mamá de Aremy), me choca la simple idea de los romeritos, por no mencionar el horrible olor de los camarones secos que alguien cree que es buena idea meter en algo tan especial y exquisito como el mole, y después, el bacalao (por supuesto, el de la mamá de Aremy no se incluye, pues es sin duda alguna el mejor que alguna vez he tenido suerte de probar), que siempre está salado, no tiene gran sabor, y las aceitunas y piñones no son suficientes. Cuando pregunté por qué no mejor comíamos algo que a todos o la mayoría nos gustara, me contestaron que eso se comía en navidad, y que como sólo era una noche, pues que me chingara (con la diplomacia que caracteriza a las familias, es decir, sin groserías, pero con sarcasmo, autoritarismo y desprecio). Así, en cuestiones alimenticias, no me queda más que llenarme de botana.
Después, en la cuestión de la convivencia en familia, qué decir! (ironía, por supuesto), la mitad de la familia "tiene" otras actividades familiares que satisfacer, por lo que convivir se vuelve más en un arreglo o contrato, inamovible, y que siempre puede traer aparejado embargo (recordemos a Jesús Andrés) en caso de incumplimiento. No sé por qué, pero en mi familia no se platica de uno, no se convive tal cual, siempre son temas generales que no nos afectan, o, en su defecto, afectan a quienes sí son importantes (ya saben, cuestiones de jerarquía). Pero no hay tiempo para hablar de cómo estamos, qué hemos hecho, qué pensamos, qué queremos de la vida. Ningún detalle (como chica escolta, cero particulares, puro "trabajo" ja ja ja) personal que pueda comprometer el interés en otra persona.
Finalmente, los regalos. Me encantan los regalos, pero siempre tienen un problemita, atinarle a lo que de verdad me gusta o quiero, es difícil (tampoco imposible, y sería facilísimo si la gente preguntara o pidiera una lista, o algo así). Además, comienzan las comparaciones, ¿El regalo más grande será para la persona que más se quiere? ¿O el más caro? Inminentes son las comparaciones. Mi abuelo, durante muchos años dio el mejor regalo: dinero. Antes nos compraban cosas, casi siempre padrísimas, hay que aceptarlo. Si alguien te regala dinero, te hace feliz!!! Así puedes ir a comprar lo que TÚ quieres, mo lo que alguien más cree que podría gustarte, porque a ellos les parece que "eso" es lo que te gusta o gustaría. Demasiada proyección y adivinación. Me gustan también los regalos de Ángel, porque siempre me pregunta qué quiero, y me lo compra. Sin duda alguna, SIEMPRE LE ATINA. Creo que más que la emoción de la sorpresa, debería ser importante la emoción de la acertividad.
Así, todo parece indicar que no me gusta, ni me gustará algún día navidad. Bueno, tal vez podría gustarme si dejáramos las pretensiones y pautas quesque navideñas, y concentrarnos realmente en el otro, en los demás, en la convivencia, y que lo importante es la oportunidad de estar juntos. El año pasado le comenté a mi prima que debíamos aprovechar esa navidad, pues sería la última con la abuela, y así fue. Murió en septiembre, y esta navidad y las siguientes ya no estará. Pero, a pesar de esto, no aprendimos (el plural es para ser menos agresiva, porque yo no soy así), este año no aprovechamos la oportunidad de estar juntos, de convivir realmente con los demás.
Así las cosas, y ante la realidad de que no cambiarán las cosas, afirmo nuevamente: ODIO NAVIDAD.

Las aventuras de Sherlock Holmes


Así es, todas, y cuando digo todas, me refiero a ese absoluto de TODAS, las he leído. Mi papá le regaló a mi abuela todos los libros de Sherlock, y aprovechando, con cierta vergüenza, que ella ya no los va a leer, pues los tomé, y los leí todos.
Siempre me había interesado el detective deductor, pensativo y siempre certero, pero sin duda alguna, ahora que ya leí todo lo que de él se ha escrito, puedo afirmar que es absolutamente increíble y maravilloso. Me impresiona cómo Sir Arthur Conan Doyle pudo escribir tan bien cada detalle, situación, imagen. Padrísimo sin duda alguna.
Ahora, con todo el conocimiento necesario, me preparo para ver la película. Aunque, tengo un poco de miedo, pues los cortos que he visto lo representan como un hombre de acción más que un hombre de cerebro, y eso no me gusta. Pero, ay de ver...

jueves, 17 de septiembre de 2009

Réquiem


Quien me conoce, sabe que no creo en lo sobrenatural, en Dios, o en cualquier ente que implique actos de creencia y no de raciocinio. A pesar de esto, también conocen mi capacidad extrasensorial de "adivinar" el futuro. Soy conocida en el bajo y pequeño mundo como Guru-Ari, y puedo preveer muchas situaciones, que terminan haciéndose realidad. No sé si es porque tengo la capacidad de leer en las personas su "inconsciente" (necesitamos nombres y términos científicos, por supuesto) y poder así inducir lo que harán después; o, si es que soy tan poderosa que no es el futuro lo que veo, sino que al nombrarlo, mis afirmaciones se convierten en realidad. Esta última opción es más interesante, porque implica un genio de los deseos o algo así, lo que nombro, se hace realidad. Por supuesto, como el Rey Midas, tiene su lado bueno y otro malo.
He podido preveer lo que le pasa a los demás, y a veces lo que me va a pasar a mí, siento con horas de antelación que voy a encontrarme con alguien, y así sucede. Pero, también siento las tragedias antes de que acontezcan. Esto me pasó el domingo... mi abuela llevaba dos semanas muy mal, un poco por la edad (91), otro por las consecuencias de ser fumadora pasiva, y otro más por razones que yo no alcanzo a comprender (mi conocimiento médico es en realidad bastante reducido). Yo sabía desde octubre que estuvo internada en el hospital, que le quedaba relativamente poco tiempo, pero no podía saber cuánto. En navidad, le comenté a mi prima que debíamos aprovechar esa navidad porque sería la última de mi abuela. Así, el jueves pasado fui a verla; ya estaba muy mal, no caminaba nada, estaba conectada al tanque de oxígeno (que amorosamente compartía con su marido), y no se le entendía lo que decía. Estuve un rato ahí, con ella, la tomé de la mano y le sonreí... lloré un poco porque era ya inminente el futuro... platiqué con mi abuelo lo maravillosos que han sido siempre conmigo, cómo nos consintieron, quisieron, educaron, y dieron mucho más de lo que pueda yo decir. Me sentí triste pero contenta. Sin asuntos pendientes. Tal vez, sólo decirle a mi abuela lo mucho que la quiero y adoro, lo importante que ha sido para mí, y lo feliz y dichosa que me siento de haberla tenido por abuela y casi-madre.
Finalmente, el domingo, leyendo y pasando el tiempo en Tlalpan, me puse triste, tenía una necesidad incontenible de llorar, platiqué con Ángel mucho sobre la eventual muerte de mi abuelita, de cómo me sentía al respecto, de todo... Estaba muy triste, más de lo que podía entender...
Ese día, por la tarde, falleció. Me llamó mi prima a las 7, y lo supe en cuanto sonó el teléfono... ella lloraba tanto que no podía hablar, así que me lo dijo su novio: tu abuelita acaba de fallecer... así de rápido, el mundo se me vino abajo, comencé a llorar y me apretó algo dentro, aún no sé qué, pero me aprieta y apenas me deja respirar. Yo lo supe todo el día, lo sentí todo el día... debí correr a verla, despedirme de ella (otra vez, pues lo hacía cada vez que la veía), decirle en voz alta que la quería... tomar su mano mientras moría, no sé... algo. Hacer algo para prolongar la realidad inevitable.
La muerte es un absoluto, creo que el único que existe. Nunca más volveré a verla, no la escucharé más, ni podré reirme con ella como lo hacíamos antes... su casa está llena de recuerdos y familiares muertos que nos acompañan. Ella ya está, como lo pedía, con sus hermanos y padres. Está muerta y con esto tranquila, sin sufrimiento ni dolor. Yo no creo en el cielo ni que haya algo más después de la muerte, por lo menos no para su cuerpo o alma. Dejó en cada uno de nosotros, y de forma diferente, algo. A mí me dejó llena de buenos y hermosos recuerdos, de amor y cariño, de palabras y leyendas. De todos los buenos actos, sentimientos y palabras que alguien pueda dar a otra persona. Me dejó llena de ella, aquí la tengo, conmigo, todos los días estará conmigo.
Me gustaría que alguien me dijera lo que yo significaba para ella, que no sea sólo yo quien interprete esto como un amor absoluto, porque lo sé, me amaba y estaba feliz y orgullosa de mi. Una de mis tías me lo dijo: eras todo para ella, te adoraba y fue la más feliz cuando naciste. Espero que así hayan sido todos los días, que yo haya sido capaz de ser todo lo que ella esperaba. Porque así, sólo ella me importa en esto, sólo esperaba SU aprobación y satisfacer sus expectativas. Por qué, no sé, pero así es. Para mí no hay ni habrá nadie más importante y trascendente, y espero que ella, antes de morir, lo supiera. Porque no era cualquier persona, era la mejor y más importante.
Su papá murió el mismo día hace 42 años... y ella que sí creía en esto, debió de sentirse acompañada porque su papá vino por ella, para llevársela... con ellos...
Nosotros, aquí, nos quedaremos con todo lo demás, dentro de mí, en todo lo que soy y hago.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Disertaciones educadas


Ultimamente María y yo hemos platicado mucho sobre las buenas costumbres y la educación social. No es que ella esté del todo en contra del Manual de Carreño, pero sí cuestiona varias normas, sobre todo las que ya no son vigentes (como bajar del caballo y cosas así); pero, me preguntó brillantemente cuál era la causa de las buenas costumbres, y yo contesté que sirven, básicamente, para evitarle a los demás molestias, saber cómo comportarse para no incomodar al otro. Así de sencillo, es sólo para vivir en armonía.
Sin duda, se presentan conflictos de intereses, como en todos los conjuntos de normas, pero yo no creo que sea demasiado complejo resolverlas.
En cuestiones de hospitalidad, es decir, cuando invitas a alguien a tu casa, yo soy de la idea de que uno debe atenderlos (por eso los invitas), hacer de su estancia en tu casa un momento agradable. Esto implica, ofrecerles algo de tomar o comer, y estar a cargo del orden y limpieza durante la reunión. Esto implica que, si los invitas a comer, no debemos permitir que sean ellos quienes levanten sus platos o los laven. Claro, uno como invitado, debe ofrecerse a ayudar a limpiar, levantar el plato de la mesa cuando terminas de comer, llegar con algo para la reunión o los anfitriones. En realidad es sencillo lo que uno debe hacer... o por lo menos eso creía yo...
He descubierto que las buenas costumbres parecen entes extraños y desconocidos para muchas personas. Han venido a nuestra casa varias personas y demostrado, en cada una de sus visitas, una falta absoluta de educación y buenas costumbres. En una ocasión, una invitada se metió a la cocina, y sin pedirlo, se sirvió café... Por supuesto, quien me conozca podrá saber que ganas de matarla no me faltaron (para suerte suya, yo me enteré hasta después). ¿En qué mundo uno puede hacer eso? Yo, ni siquiera en casa de amigas de toda la vida, o de mi familia me atrevo a hacer algo así, NUNCA, sería motivo de traición a la patria, pena de muerte, y cualquier tortura aplicada por la Inquisición.
¿De verdad es tan complejo portarse educadamente? ¿Soy yo la que exagera? O, simplemente, las buenas costumbres dejaron de ser importantes, y ahora lo socialmente aceptado es ser groseros, violentar al otro, y vivir en un egoísmo descarado. Espero que no.

martes, 25 de agosto de 2009

¡Agua va!


Sé que es un problema nacional, y particularmente de la ciudad, pero tengo que confesar que hasta este fin de semana, no nos había tocado vivirlo en "agua" propia. El domingo y hoy por la mañana, no tuvimos agua, y es extraño, en realidad, porque aquí hay cisterna automática, así que siempre hay agua. ¡Pero no el domingo! A las 8 de la mañana, tuvimos que bañarnos a mentada de madre, y hoy casi.
El asunto es, que esta situación, no sólo la mía sino la del agua en general, me hace pensar muchas cosas. Primero, me pregunto por qué nadie hace nada para purificar el agua, y que se pueda usar (acepto que mi conocimiento científico en purificación de agua es prácticamente nulo, por eso sólo me lo pregunto, hipotéticamente); o, por qué no hay una buena orientación y educación sobre el uso del agua... algo, para que la situación cambie. Porque, no es sólo que hay poca agua, sino que el uso que hacemos de ella es poco responsable y nada sustentable. Yo, puedo regodearme en que hago un uso mesurado de ella, procuro nunca desperdiciarla, lavo los trastes con la mínima cantidad posible, y así; pero, no hago otro tipo de actividades que podrían disminuir el desperdicio, como poner botes o cubetas en la regadera para usar el agua que se tira mientras espero a que se caliente... o utilizar agua de lluvia para el escusado (la idea de usar lluvia ácida para lavar los trastes no me convence, podría usarla para lavar la ropa, pero no tengo lavadora). No sé bien por qué no lo hago, podría escusarme diciendo que porque no tengo suficientes contenedores, pero sé que eso es muy fácil de solucionar.
No sé, tal vez me gustaría vivir en una sociedad, o por lo menos comunidad, en que el desarrollo sustentable y el uso racional de los recursos fuera una práctica común y seria, me sentiría más dispuesta a hacer cambios y mejorar la situación...

lunes, 24 de agosto de 2009

Boris


Hace tres años mi papá adoptó un bulldog, curiosamente los dueños ya no lo soportaban, y mi papá, que siempre quiso uno paraa usar de taburete, decidió adoptarlo. Digo curiosamente porque son perros muy caros y difíciles de conseguir, por lo que, cuando uno los compra, se sabe que son enfermizos, babosos, toscos, hacen mucho ruido (mucho), y otros pormenores.
Feliz era mi papá con Boris, su bulldog que hablaba (es decir, respondía con gruñidos cuando se le hablaba), se sentaba en una silla a la mesa para jugar rummy, y era feliz. Desgraciadamente, su salud no era muy buena, se enfermó varias veces, tuvo una gingivitis complicada que se le pasó al cráneo o al cerebro, perdió varios dientes, muchos kilos, pero seguía vivo, dando lata y haciendo ruido.
El sábado, se murió. Yo me enteré hace rato, y me quedé pensando mucho en esto, en lo triste que es cuando una mascota se muere. Sé que no es igual que la muerte de una persona, más cuando es alguien querido, pero como nadie que yo quiero se ha muerto, no sé cómo se siente. Sin embargo, he perdido varias mascotas queridas. Es muy triste y difícil, sobre todo cuando creamos lazos "humanos" con el animal, cuando lo concebimos no sólo como un animalito o una cosa (legalmente, son cosas), sino como un ser vivo, que siente, piensa, quiere, necesita y da. Sobre todo la última parte, le dan a su dueño muchas cosas alegrías, compañía incondicional, una sensación de maternidad (en mi caso).
Todos estos lazos hacen que la pérdida sea muy difícil, sin duda. Yo todavía recuerdo con nostalgia a varias mascotas que quise mucho, y murieron. Sin embargo, algo curioso me pasa: me duele, pero lo supero relativamente pronto. No sé si porque bloqueo la realidad, pero en cuanto muere una mascota, comienzo a pensar en cuál será la siguiente que la sustituirá, qué perro, raza, sexo, y cómo va a ser. Qué le voy a enseñar, y cómo nos vamos a acompañar. Tal vez, esta sea la gran ventaja de las mascotas, que pueden ser reemplazables sin gran dificultad, a diferencia de las personas, que una vez perdidas, dejan un agujero en nosotros que nada, nadie ni el tiempo podrán tapar.

lunes, 17 de agosto de 2009

La vida nueva, Orham Pamuk


Me avergüenzo de mi: olvidé que había leído este libro antes de leer La visión del ahogado. Cuando me di cuenta, no cupe de indignación ante mi inconsciente, pues el libro me encantó. Así, ahora enmendaré mi terrible olvido.
Parte de mi formación como lectora implica leer premios Nobel, no tanto porque como los premiaron DEBEN ser buenos, si no, más bien, por curiosidad científica, conocerlos, saber lo que escriben, y después poder opinar sobre ellos. Afortunadamente, me han gustado todos los escritores ganadores del Nobel (Menos Jellinek, su escritura fue para mi un suplicio), y Pamuk no es la excepción. Esta novela cuenta cómo un libro cambia la vida de Osman completamente, y acompañado de una chica, deciden ir por todo su país buscando ángeles. La historia, descrita así, resulta ñoña y poco interesante, lo acabo de notar, pero la técnica de escritura, y el cómo son completamente increíbles.
Fue, un libro que causó sólo placer en mi... menos el final, que no era el que yo esperaba (no en calidad, sino en lo que pasó), y lo recomiendo ampliamente.

jueves, 13 de agosto de 2009

Locas de amor


Como ya había visto el capítulo que pasaron hoy de Dr. House, decidí ver la nueva serie de Televisa, Locas de amor. No, no me estoy volviendo fan de esas cosas, no no no; es sólo que me llamó mucho la atención ver el trabajo de Cecilia Suárez en esta serie (porque me fascinó su personaje y actuación en Capadocia, y en el teatro). Así las cosas, hoy vi un capítulo. No sé si el primero, o cuál (el que pasaron hoy, pues), y tengo que confesar que me gustó, y mucho. Las actuaciones están bien, la historia suena interesante (tres mujeres locas), y sobre todo, el guión me gustó. Completamente recomendable para quien todavía crea, o necesite saber, que en México se pueden hacer series y programas con excelente calidad.

La visión del ahogado


Finalmente lo conseguí, después de más de un año, lo encontré en una librería de libros viejos (terrible fue que costara más que nuevo, pero los "nuevos" están ahotados, y esa era mi única opción). Además de bailar como duendecito feliz, me emocionó mucho comprarlo y leer otro más de los libros de mi súper favorito y más maravilloso escritor de habla hispana (Juan José Millás). Desgraciadamente, no duró mucho la emoción, el domingo lo comencé desde temprano, y antes de la hora de comer lo había terminado TODO, con todo y que me puse a leer, con todo y que me distraje un rato... no duró. Por supuesto, eso significa que es maravilloso, como debe ser.
Esta es su segunda novela y libro, y tiene más o menos la misma línea: es crudo, intenso, emotivo, y no pretende trascender (esto lo escribiré otro día, una más de mis disertaciones basadas en epfanías), pero es absolutamente apasionante, atrapa desde la primera frase hasta la última.
Sólo tengo un gran reclamo, descubrí hace poco que Millás ha escrito 24 libros, y en nuestro hermoso país sólo venden (o, con mucha emoción y perseverancia) 9 de ellos... los cuales, ¡ya tengo! Necesito, todos los demás. Hay cosas indispensables, y esta es una de ellas.

miércoles, 29 de julio de 2009

Pascua


El domingo fuimos a ver el montaje de la compañía nacional, Pascua, basado en la obra de August Strindberg, del mismo nombre. El texto, por supuesto, es excelente; la escengrafía exquisita, como suelen serlo las escenografías de Phillip Amand; el vestuario estaba bien, acertado. Me gustó mucho que hicieran dos intermedios, uno entre cada acto (es una obra en tres actos).
Las actuaciones, tengo que confesar, no me dejaron del todo satisfecha. El teatro de Strindberg es realista, por lo cual, es necesario que el personaje tenga similitudes con el actor que lo representará, pero me parece que en este caso, la realidad se salió de ficción. Me dio un poco la sensación de que cada uno de los actores actuó como él/ella lo hace, no había una homologación en las actuaciones, un ritmo común. Sé que cada uno de los personajes tiene una personalidad diferente, y que esto implica tonos diferentes, pero no era eso; más bien parecían actores actuando en obras diferentes, con un director diferente, extraño.
Aún así, me pareció un buen montaje, y recomendable. Eso sí, como montaje de la compañía nacional, yo esperaba algo más grande... no sé cómo explicarlo, pero recuerdo los montajes anteriores de la compañía, y eran espectaculares (no forzosamente excelentes), y este montaje parece más algo pequeño, aunque no por ello falto de calidad.
Me gustó mucho ver un público diferente al que suelo ver en las obras. Casi siempre es gente de teatro, y aquí había muchas personas "normales", espectadores reales, y eso me gustó. Estoy convencida que lo que el teatro mexicano necesita son espectadores, como tales, gente que disfruta el teatro y por eso va a verlo, no personas del mismo gremio.

Sabiduría legal


NOTA IMPORTANTE: Este escrito contiene palabras antisonantes, salidas de una boca infantil.

Hace un año, aproximadamente, platicaba con mi madrastra sobre los títulos ejecutivos (cheque, pagaré y demás), y la maravilla de que tengan aparejada ejecución. Por supuesto, expliqué extensamente que la ejecución que traen aparejada significa que si el deudor no paga, uno puede presentarse ante el juez y solicitar inmediatamente que lo embarguen para satisfacer la deuda... justo en ese momento mi hermanito Jesús comentó (con ese aire de sabio inocente que tiene): sí, te envergan. Las dos nos quedamos asombradas y calladas, no estábamos seguras de lo que había pasado. Al preguntarle nuevamente qué había dicho, Jesús contestó que cuando te embargan te envergan. Así, en dos segundos y con una sencillez digna de Sócrates, mi hermano explicó las consecuencias reales de un embargo...

La "otra" clase social

No vengo de una familia adinerada, ni mucho menos con pedigree, mis abuelos tuvieron buenos ingresos (ahora sólo viven de mantenidos por el gobierno, según palabras de mi abuelo, porque está pensionado) y estos les permitieron darle a sus hijos muchas comodidades y una buena vida. Así, crecimos en una familia de clase media, estudiamos en escuelas privadas, viajamos (aunque nunca a Europa o lugares así), tuvimos algunos lujos, pero sobre todo y gracias a mi madre, buenos modales. Ella siempre decía que los modales eran indispensables, pues nos permitirían mejorar nuestra condición (es decir, subir de clase social, convivir con los ricos, y no desentonar).
Mi papá, por el otro lado, siempre estuvo preocupado por que tuviéramos una excelente educación, pues esto era lo que en verdad nos permitiría tener el mundo. Tengo que aceptar que la tuvimos (una excelente educación). Los amigos y compañeros que tuve a lo largo de mi educación básica fueron educados más o menos igual, los papás estaban muy preocupados por la calidad de la educación y la posibilidad de que tuviéramos un futuro profesional satisfactorio.
Me parece curioso, porque todo esto se mueve como si fuéramos otra clase social, no forzosamente relacionada con la economía, sino con la cultura y el conocimiento. Como patadas de ahogado: como no les pudimos dar vida de ricos, les damos educación, para que se puedan realizar. Así, en esta clase social, esta maravillosa burguesía, tiene mejor nivel aquél que haya realizado estudios de posgrado, y por supuesto quien tenga doctorado en una de las 10 mejores universidades del mundo, será el rey.
Esta mentalidad, por supuesto, la tengo muy arraigada. Me gusta estudiar, mucho, pero sobre todo, la posibilidad de algo mejor y diferente. No forzosamente económico, sino de satisfacción personal, de poder llegar por las noches a mi casa y sentirme exitosa, pensante, grande. Desgraciadamente, me he dado cuenta de que no es tan sencillo, tener estudios de posgrado, trabajar y ser independiente es muy difícil, a mi papá se le olvidó mencionar que este plan necesitaba, prima facie (ja ja), a alguien que me mantenga (y no sólo con lo básico, sino también con los estudios).
Quien me conoce, sabe que no es mi caso. No he encontrado a alguien que quiera pagarme mi formación psicoanalítica (sobre todo las 3 sesiones semanales de análisis), y así, estoy atorada en un limbo en el que cuento con una licenciatura, pero que no es suficiente, ni para mi ni para mi mundo. Cualquiera tiene una licenciatura. Muchos de mis conocidos tienen estudios de posgrado (por lo menos una con doctorado y estudios en Harvard). Yo quedé, tristemente, relegada en un mundo en el que no soy todavía lo que quiero ni todo lo que puedo ser, por un pequeño detallito: el sustento económico...

lunes, 20 de julio de 2009

Mujeres asesinas


Por pura curiosidad científica (que debo dejar porque siempre termino metida en problemas intelectuales) he visto los primeros dos capítulos de la segunda temporada de Mujeres Asesinas. Tengo que decirlo: es una PORQUERÍA. Podría, sin duda alguna, utilizar otros adjetivos, pero creo que todos son considerados groserías, así que dejémoslo en que es una porquería. Aceptaré que la producción se ve costosa, que el vestuario y escenografía son buenos, pero las actuaciones son las peores en términos seriales (es decir, de las series). No entiendo quién está haciendo el casting, para empezar, porque una cosa es famosas, y otra muy diferentes es buenas actrices (o siquiera actrices), y me da la impresión de que no lo han distinguido aún. Es indispensable recalcar (podría contradecirse con algo más que he escrito, pero en realidad no es así) que la actuación es una profesión, así como la medicina, requiere teoría, práctica, ejercicios, estudio, mucho esfuerzo, y como cualquier otra profesión, capacidad para ejercerla; en nuestro país se ha desvirtuado mucho esta profesión, pareciera que lo único que uno necesita para ser actriz/or es estar bien buena o "bonita" (hablamos sólo de actores frente a la televisión), y por eso todo lo que se presenta en tele nacional es una basura.
El primer capítulo de la serie, trata de una mujer con una psicosis paranóica (o algo así, no me acuerdo del término médico, ni del que ellos le inventaron) y celotípica, que mata a una vecina porque cree que es la amante de su marido. Lo único rescatable del capítulo fue la maravillosa actuación de Carlos Aragón como el psiquiatra (sin duda, si no hubiera sido actor, ser psicoanalista le hubiera sentado perfecto).
El segundo capítulo, ni qué decir, ninguna de las asesinas es actriz, así que podrán imaginarse.
Me da la impresión que procuraron darle un toque de realismo, pero no se ve, todo lo contrario. Los diálogos son falsos, las poses me remiten a Laura Zapata en María la del barrio (es decir, pésimas), la fluidez del diálogo es como una sequía (no fluye ni tantito). Malo malo malo.
Por donde se vea, es mala la serie, y esto resulta muy triste, por lo menos yo lo veo así, tanto dinero invertido para que no reditúe, y desmerite la calidad e imagen de los demás actores y actrices cuyas actuaciones son dignas de todo el reconocimiento, respeto y admiración de cuanto humano exista en el planeta.
Así, mejor vayamos al teatro, ahí es más probable encontrar lo que nos falta.

miércoles, 24 de junio de 2009

Escritura responsable

La gente afirma que cuando uno tiene un blog, adquieres una obligación de escribir en él todos los días, o casi todos. El argumento que sustenta dicha obligación, no me queda del todo claro, no sé si es para no perder "seguidores-lectores", o porque uno simplemente debe hacerlo.
Yo escribo sobre temas específicos, es decir, sobre ideas o afirmaciones que escucho, leo, y otras también que pienso. Sobre libros y obras de teatro. No me gusta escribir sobre mi vida, pues me parece que eso es privado y sólo le interesa a mis amigos, y ellos no deben entererarse de lo que hago por aquí, sino directamente.
Así las cosas, a pesar de que no escribo diario, escribo algo un poco más trascendental.

lunes, 15 de junio de 2009

Nadie te querrá como lo hago yo...

Mientras jugaba a la Cenicienta (en este caso jugaba significa cumplía irremediablemente con mi obligación y necesidad de limpiar), recordé o pensé, no sé bien si fue un nuevo pensamiento, la frase de "nadie te va a querer como lo hago yo" y sus respectivas variaciones, que nadie te va a dar lo que yo, nadie te va a besar como yo, y demás.
Me parece una frase muy curiosa, por un lado es una verdad irrefutable, pues cada uno de nosotros sentimos y externamos nuestros sentimientos y emociones de manera diferente, nos conectamos con el otro según nuestra personalidad, pasado, inconsciente, etc., y por esto, sin duda, queremos de manera exclusiva y diferente a todos los demás. Pero, si lo pensamos así, resulta tonto hacer énfasis en un pleonasmo de esta magnitud. Por supuesto, si nadie va a querer a nadie como yo, entonces qué más da decirlo, tampoco yo querré a esa persona como cualquier otra persona, así que soy única, pero al mismo tiempo igual a los demás. Entonces, ¿por qué lo decimos? ¿Por qué existe una necesidad de reafirmarle al otro (yo pienso que más bien a uno mismo) que somos únicos? ¿No deberíamos más bien, en caso de pérdida, apelar a algo más? Y digo pérdida, porque esta suele ser una frase enunciada sólo en casos desesperados cuando sentimos que estamos perdiendo al otro.
Pensado así las "cosas" (más pronto cae un hablador que un cojo), me parece obvio que uno apele a esto. Por supuesto, pierdes a alguien, o estás a punto de perderlo, y entre tanto dolor y angustia, lo único que puede ayudar es reafirmarnos, verbalizar y externar nuestra individualidad, nuestra existencia como individuos y la necesidad del otro. Porque, si lo pensamos bien, sólo existimos y hacemos si hay alguien del otro lado que lo pueda apreciar. Qué triste, deberíamos bastarnos.

martes, 9 de junio de 2009

Cuentos africanos


Este libro me tomó más tiempo del previsto (3 domingos), pero valió cada uno de los días y horas. No he leído más de Doris Lessing, y como algunos premios Nobel no han sido de mi agrado, decidí comprar este libro para "probar", pues estaba muy barato. Fue una decisión excelente, y no sólo no me arrepiento, sino que quiero leer más de ella.
Esta compilación, como su nombre claramente lo dice, relata historias que suceden en África. En su mayoría son sobre las diferencias que hay entre blancos y negros, la discriminación constante y el maltrato físico y moral. Todas son historias desgarradoras, pero la forma en que fueron escritas las hace maravillosas, como dolor y tristeza bonitos... no sé.
Mi favorito es El pequeño Tembi, y con excepción de uno que ni siquiera quise terminar, todos los cuentos valen la pena.

Delirium tremens


Después de pensarlo mucho, creo que la única palabra que podría describir esta puesta en escena es exquisita, sin duda alguna, una obra de teatro digna de reconocimiento y repetición (para quienes ya la vimos, los demás, deberán ir).
Está basada en un libro que describe las visiones que varios alcohólicos han tenido en su delirium tremens. En la puesta en escena se presentan 5 historias, representadas excelentemente por los actores. La actuación de Jorge Ávalos es absolutamente exquisita, todos sus movimientos, postura, voz, maravilloso. Aída López, como siempre, encantadora: tal vez el único problema fue que salió sólo al principio de la obra, y yo me quedé esperando que volviera a salir, o que el orden hubiese sido otro. Ni hablar.
Podemos concluir diciendo que es la mejor puesta en escena en este momento, completamente recomendable, y reprochable a quien no vaya.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Un buen puro


No estoy segura de qué motivó mi pensamiento, probablemente fue el sol y el ocio el domingo en Tlalpan, pero de repente me encontré pensando en el puro y los cigarros.
Los cigarros son fumados por hombres o mujeres indiferentemente, pero la pipa y el puro son exclusivos para los hombres. Esto, no lo entiendo. Sé que es una extensión del falo, pero si lo pensamos abierta y ampliamente, somos las mujeres quienes más necesitamos un falo externo (porque no tenemos uno incluido). Aún así, fumar puro es un hábito que las mujeres no tienen; o bueno, casi ninguna lo tiene.
Muchos hombres famosos han fumado puro, obvio no los recuerdo a todos, pero a dos que para mi son importantes, sí: Sigmund Freud e Ignacio Burgoa. Del primero me parece que no cabe acotación alguna, pero el segundo, un gran abogado y defensor de la justicia y legalidad, no hay palabras que puedan describirlo. Recuerdo mucho que a todas las clases llegaba con su puro, apagado, a veces lo prendía con un encendedor (nunca entendí por qué no con cerillos de madera) le daba una bocanada, y lo dejaba apagar. Una clase estuvo hablando de las buenas costumbres, y como ejemplo de costumbre dijo: como mi puro, miró su mano por ambos lados y notó que no traía uno, se veía extrañado, y se excusó por no traerlo. Maravilloso, un hombre con una costumbre que justo ese día había perdido...
Así es, los puros le dan a los hombres un cierto aire de intelectualidad, caché, como si supieran algo que los demás desconocemos... aún...
Por supuesto, vemos una mujer con un puro y no pensamos lo mismo. De hecho, creo que sólo conozco dos mujeres que fuman puro, y ambas son vistas de manera extraña, pareciera que roban un derecho que sólo un hombre intelectual puede tener. Pero, ¿si las mujeres también lo tuviéramos?

Mujeres soñaron caballos


Esta obra, dirigida por el argentido Veronesse, se presentó en la ciudad para el Festival del Centro Histórico, y después tuvo una pequeña temporada en el Centro Cultural del Bosque. El sábado fuimos a verla, y tengo que decir que estuvo muy buena, recomendable. La escenografía era pequeña y parecía descuidada, pero esa era la intención. Las actuaciones, en general eran excelentes, con personajes perfectamente elaborados y bien llevados. Con excepción de una actuación, que parecía estar actuando en algún otro lugar, sin energía, era como si no quisiera estar ahí.
Sin duda alguna es un excelente montaje, que merece el tiempo, dinero y esfuerzo que se requiera para verla.

jueves, 21 de mayo de 2009

24 horas en la vida de una mujer


Hace un año, aproximadamente, paseábamos entretenidos entre los libros de El péndulo, yo quería algo de Heinrich Böll y Ángel buscaba un buen libro de teatro, de los que rara vez consigues. Me acerqué al chico que resuelve dudas, y pregunté por los libros que me interesaban, no había ninguno, pero él se mostró asombrado de que alguien preguntara por libros de Böll, pues dijo, pocas personas lo leen (y muchas menos siendo tan jóvenes como yo) y, me recomendó a Stefan Zweig, Carta de una desconocida, específicamente, citando sus palabras dijo: es un libro que dice todo, sin necesidad de decirlo.
Al llegar a casa, lo leí. Decir que es uno de los mejores libros que alguna vez mis defectuosos ojos han podido leer, sería poco descriptivo. Es sublime, de aquellos que te cambian la vida (Aremy me preguntó un día qué libros habían cambiado mi vida, y este sin duda lo es), perfecto. Nos hicimos lectores devotos de Zwieg, he leído Confusión de sentimientos, cuentos (una compilación), y recientemente (el domingo) 24 horas en la vida de una mujer. Como los anteriores, y espero los posteriores también, es hermoso y perfecto. Una historia corta, en la que una inglesa le relata al narrador 24 horas de su vida, y cómo estas la cambiaron. Las descripciones son siempre atinadas, me cuesta trabajo encontrar las palabras que califiquen un libro como este; pero, podríamos decir que todas y cada una de las palabras, situaciones y descripciones son el justo medio siempre, me da la sensación de que nadie más podría nunca describir perfecto cualquier situación o persona, como si él fuera el detentor de los absolutos literarios y nunca dejara de usarlos.
No sé en qué lugar de los libros de Zweig que he leído está este, sé que hasta ahora el favorito es Carta..., pero después, no es claro. Son tan hermosos que jerarquizarlos sería ofender a la perfección.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Puras letras

De ociosa por la red, encontré un blog muy interesante, llamado Puras letras de Wendolin Perla. Leí dos de las entradas, y confieso que me conmovió hasta la médula. Transcribo aquí una parte que me pareció hermosa:
Cuando amo, escribo. Cuando escribo, lloro. Cuando siento, escribo. Cuando extraño, escribo: porque no hay distancia que invalide el poder de la palabra, de las letras que van hilvanándose unas con otras para traducir lo que va sintiendo el alma. Antes de morir, en vez de gritar, pediría escribir. Dejar de escribir, para mí, es señal inequívoca de que el amor se ha extinguido.

Este que ves, Xavier Velasco


El primer libro que leí de Xavier Velasco fue Diablo Guardián, un amigo me lo recomendó como una novela excelente, de temas cotidianos y escrita de manera divertida, sencilla, pero muy interesante. Aremy tuvo la amabilidad de prestármelo (ahora me arrepiento de no haberlo comprado), y me fascinó. No hay otra palabra. Es sin duda alguna, uno de los libros más divertidos y bien escritos de un autor mexicano contemporáneo, que he leido. Cuando salió el Materialismo histérico, esperé la opinión de Aremy sobre él, y no le gustó; pasó lo mismo con el siguiente, cuyo nombre ni siquiera conozco. Buscando unos libros para el regalo de cumpleaños de Ángel, me topé con Este que ves, y leí la contraportada; sonaba muy interesante, y podría ser un tema que a él le interesara. Lo compré, y pareció contento con su regalo (aunque apenas lo esté leyendo, y su cumpleaños haya sido en abril. Pero entiendo, leía Opiniones de un payaso y éste merece todo el tiempo y respeto que se le pueda dar a una de las mejores novelas escritas en el mundo).
Soy una mala regaladora, si regalo libros, quiero leerlos yo también, y en esta ocasión, así sucedió. Un domingo a medio día, después de terminar La vuelta al mundo en 80 días, comencé a leer Este que ves. Maravilloso, no lo solté hasta terminarlo (dos horas y media, no más), y me encantó.
Está muy bien escrito. No es una escritura compleja y rimbombante, son situaciones cotidianas escritas de manera cotidiana. Mantiene siempre el ritmo de la historia, las situaciones están muy bien planteadas y desarrolladas. Y, por lo menos para mí que las historias de la infancia me pegan (muy emocional resulto yo) y apasionan, fue una lectura inolvidable.
Espero, que a Aremy le regrese la buena opinión que tenía de Xavier Velasco, pero también espero que todos puedan leerlo, pues vale la pena. Lo venden en versión económica y práctica (cabe en la bolsa, no pesa mucho, la letra es grande), y puede leerse en el baño, el sillón, la cama, el camión, la escuela o en la oficina si consigues que el jefe (o maestro)no te cache.

martes, 19 de mayo de 2009

Horario de oficina


Nuevamente, me he visto en la necesidad de recurrir a la manera ortodoxa de recibir dinero: mediante un trabajo de oficina. No es, en realidad, algo que me guste mucho, pero la necesidad y las pocas opciones que ofrece el mundo profesional bien pagado, no dejan más.
Esta situación me provoca varias emociones encontradas, por un lado la satisfacción de un ingreso estable, la comodidad de trabajar sentada y en un espacio "decente" (no los hay así tal cual, pero uno lo va arreglando para que sea agradable), y creo que ya; pero, por el otro, tiene varias negativas, la obligación de cumplir con una vestimenta (no entiendo por qué uno tiene que vestirse formal, para trabajar todo el día frente a una computadora. No propongo trabajar en bata y pantuflas, pero la comodidad debería ser importante.), y sobre todo, y la más conflictiva y molesta para mí, cumplir con un horario establecido, independientemente del cumplimiento de tareas y labores.
Sé que no todo el mundo es eficiente y productivo, pero yo lo soy, puedo realizar mis actividades en mucho menos tiempo del requerido para ello; y esto me deja con muchas horas diarias sin algo qué hacer. Por supuesto, un jefe diría que siempre hay algo que hacer, pendientes o nuevas cosas por realizar, y que todo el tiempo debe ser bien aprovechado. Pero seamos honestos, llega un momento en que no hay nada más por hacer, pues si hay algunos pendientes y los hacemos ese día, ¿qué haremos el resto de la semana? Por no mencionar que no se nos contrata para inventarnos actividades, sino para realizar unas preestablecidas, o congruentes con el puesto y demás. A mí, en todos los trabajos con horario de oficina que he tenido, me sobre mucho tiempo, y me molesta no poder usarlo de manera útil o práctica, o tener que esconder lo que estoy haciendo porque no está bien visto que uno "pierda el tiempo" en la oficina.
Comprendo que hay ciertos trabajos que no permiten un horario abierto o enfocado sólo a resultados, pues es parte del puesto estar disponible por si algo más se ofrece. Éste es mi caso, y es triste. Si yo pudiera, en estas horas que no hay nada qué hacer, sacar mi libro y leer, escribir, trabajar en algo más, o simplemente chatear y navegar sin destino por internet, sería feliz; pero no es así, seguramente si mi jefe me viera haciendo algo así, se molestaría, porque "no te pagan para hacer tus cosas, sino para hacer lo que se requiere en la oficina, y para eso estás, para trabajar". Mala idea. Tener trabajadores perdiendo el tiempo entorpece su desesmpeño, pues desanima a querer si quiera venir a trabajar.
Después, existe otro terrible problema: el tiempo empleado en trabajar. Yo, entre mis 8 horas de trabajo, la hora de comida, y la hora y media de transporte (podría ser más, lo sé), estoy diez horas y media ligada a mi trabajo; cuando finalmente llego a mi casa, estoy cansada y no tengo ganas de hacer mucho, pero en casa también tengo cosas que hacer, limpiar, arreglar. Tengo pareja y perros con los que quiero pasar tiempo, y necesito energía para hacerlo (sobre todo si deseo sacar a pasear a los perros, o salir con el novio). Pero también, tengo el deseo de hacer más de mi vida, ver a mis amigos, tejer, estudiar idiomas, psicoanálisis, y hacer ejercicio. ¿En qué momento podré hacerlo? ¿Nadie se ha dado cuenta que trabajar implica un sacrificio terrible hacia la superación y satisfacción personal? ¿No sería mejor fomentar la productividad y reducir las horas de trabajo? Sé que yo sería muy feliz así, trabajaría mejor y siempre con disposición, y tendría mucho tiempo para hacer cosas que me causan satisfacción y felicidad.
Yo, no nací para esto...

lunes, 18 de mayo de 2009

"Cosas" que pasan


Aprovechando el tiempo en el que me transporto, pensaba el otro día el extraño uso que hacemos de manera coloquial de la palabra "cosa". Según la Real Academia, significa: Todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, real o abstracta; objeto inanimado, por oposición a ser viviente.
Dicho así, y entendida como un objeto o entidad, una "cosa" no podría ser algo que nos suceda, ni que sintamos (esto podría ser debatible, según la definición, lo concedo); pero uno suele decir que le pasaron cosas extrañas, avisamos que diremos una cosa: déjame decirte una cosa; o como deberes: tengo muchas cosas que hacer. En fin, muchas expresiones que me causan conflicto, pues no puedo concebir que soy capaz de sentir cosas, siento emociones y sentimientos; tampoco digo cosas, utilizo palabras que implican una referencia (significado, significante), y tengo obligaciones, deberes o pendientes por hacer, no hago cosas (bueno, a veces mis acciones consuman en objetos o entidades).
En cuestión de sentimientos, me parece que decir que siento cosas es una forma de negar lo que en realidad se siente, o de no aceptarlo como es, y pretender que sea algo externo a nosotros, objetos que como tales pueden transformarse o alejarse y, sobre todo, que al ser objetos, carecen de conciencia, voluntad y decisión. Así, sin duda sentir odio o tristeza o angustia es más sencillo: es sólo una cosa que se transformará, no tiene nada que ver conmigo, y yo tampoco debo hacer algo al respecto, el cambio será independiente a mi voluntad, pues es externo a mí.
No sé, tal vez a mí me gusta complicarme las "cosas" y quiero ver explicaciones oscuras y satisfactorias de una costumbre social, como lo es pedir un vaso de agua, o ver pasar un camión de bomberos, o tener un dolor en mi pierna.

Otelo


El sábado, finalmente y después de unas semanas de espera por la influenza, fuimos a ver Otelo, dirigida por Claudia Ríos, en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón (UNAM). Debo confesar que llegué con prejuicios, había escuchado críticas negativas de la obra, y esperaba que fuera algo más bien malo.
Afortunadamente, no fue así. Es decir, no fue buena tampoco, pero no era mala. La actuación de Carlos Corona como Yago fue más que maravillosa, excelente en todo momento. El resto de las actuaciones dejaron mucho que desear, Cecilia Suárez sonaba muy telenovelesca, Hernán Mendoza hacía cosas muy extrañas en escena (no sé si él las propuso, o así fueron marcadas por la directora, pero las convulsiones, los pantalones encima de la barriga, la postura, raro), y Ana de la Reguera, se veía chiquititita en escena.
La escenografía estaba muy bien, sencilla pero funcional, con poca utilería. El vestuario falló con los vestidos de Desdémona, los cuales no eran ni remotamente bonitos, la hacían ver pequeña, gorda, y no me gustaron. Tampoco comprendí por qué las mujeres eran las únicas que no utilizaron vestuario de época, como los hombres.
En general, puedo decir que es un montaje decente, aunque no lo más recomendable que hay en cartelera.

viernes, 15 de mayo de 2009

¿Quién nos posee?


Ayer, mientras platicaba con Aremy salió otra vez a colación la respuesta usual que obtengo cuando externo que yo no pretendo vivir mil años, sino que quiero una vida con calidad, placer y satisfacción, y retirarme antes de que pierda calidad de vida y humana, o mi cuerpo deje de cumplir con los cánones sociales. Dicha respuesta es: uno no decide cuándo se va a morir.
Yo, por supuesto bastante más en silencio que con cuerdas vocales, respondo que esa es una de las más grandes estupideces y mentiras del mundo. Una cosa es que no sepas a ciencia cierta cómo y cuándo pasará, pero otra muy diferente es que uno no toma muchas decisiones que nos llevan hacia un tipo de muerte (salvo, por supuesto, cuando llega sin avisar, por accidente, como que se caiga el avión en el que viajábamos, y demás). Por ejemplo, si yo tuviera diabetes, tengo dos elecciones a priori antes de morirme: acepto mi enfermedad y evito las consecuencias negativas que ella acarrea, o no la acepto y voy por la vida cual temerario creyendo que seguro a MI no me afecta. Si, decidimos por la primera, lo más probable es que no me muera de diabetes (o como consecuencia de ella, no estoy segura de cómo funciona); si, decido negar la enfermedad, la probabilidad de que mi calidad de vida se vea afectada considerablemente, y pueda incluso morirme, aumenta exponencialmente. Pongamos, en mi maravilloso ejemplo, que decido hacerme el temerario, vivo la vida loca y tomo coca todos los días y demás... mi diabetes empeora, y me cortan la pierna derecha completa (derecha porque le tengo menos afecto que a la izquierda) puedo vivir cojeando por el mundo, o (¡¡¡y aquí viene la parte interesantísima!!!) puedo suicidarme, porque no tener pierna (repito, como consecuencia de mis actos, no de un accidente) afecta mi vida, su calidad, y el futuro.
¿Ven? De que puedo decidir cómo y cuándo morirme, de diferentes formas directas o indirectas, puedo. El problema es, siempre, por qué la gente en general ni siquiera lo tiene consciente (el tener la decisión sobre la vida o muerte de uno); por qué la idea de ser dueño y amo, poseedor y propietario de su vida no es posible, así de fácil, posibilidad=CERO. Qué daño les ha hecho la idea del infierno y el suicidio... de creer que alguien más posee y es dueño del alma y demás... así, terminamos todos sufriendo de forma patética nuestros últimos años de vida, y lastimando irreparablemente a quien nos rodea.
Dios bendiga el libre albedrío, sobre todo para estas decisiones.
P.D. Que haya salido a colación esto con Aremy, no quiere decir que Aremy me lo dijo, al revés, apoyamos la misma teoría.

jueves, 14 de mayo de 2009

Tuve una epifanía


(Sentada en un diván, con las manitas cruzadas, comienzo a hablar, un poco asombrada y otro poco indignada):
Leí un artículo en el Publímetro hoy, que me hizo entender muchas cosas. Hablaba sobre la generación de hijos nacidos a partir de los 80´s propensos al éxito... o algo así, el caso es que decía que somos una generación educaca sólo para ser exitosos, y no para aceptar o manejar el fracaso. Frases como: eres muy inteligente; eres muy bueno en matemáticas; eres el mejor y más inteligente de tu grupo, y otras, ocasionan a los niños una imagen sobre ellos mismos como seres invencibles, y que esto causa muchas frustraciones cuando fracasan.
Oh sí... ja ja ja... (silencio pensativo). Yo fui educada así, siempre me dijeron que era la mejor, la más inteligente, la más bella (nunca la de mejor voz, o la más agradable, eso sí), y alguien que conseguiría todo en el mundo. Honestamente, mi familia como Oráculo, se moriría de hambre, o tal vez, yo soy el opuesto a Edipo en cuestiones de Destino (sólo en eso, nada de inerpretaciones edípicas explícitas al respecto, por favor), pues no sólo no gozo de muchas de las características que ellos veían en mí, sino que otras se me han ido quitando (la belleza, con unos kilitos de más, se va perdiendo, digan lo que digan). Tal vez, el gran problema conmigo fue que nunca me preguntaron qué pensaba yo de mí, no me dejaron decidir sola qué cualidades y aptitudes tenía, sino que me predispusieron a algunas, que al final, no me gustan, y por eso no he seguido.
No sé, tal vez, en mi caso, tenían razón, y el día que decida dejar de sentir que fracaso porque no soy perfecta (triste, lo sé, pero creo que no lo soy, por más que lo intento), y consiga todo lo que me proponga. Podría, por ejemplo, aprender a cantar ¡y hacerlo bien!

Relatividad


He afirmado, y sigo haciéndolo, que odio la literatura comercial mal escrita y cuyo único fin es la ganancia económica (best-sellers); pero, tengo que confesar que dicha afirmación tan tajante, también es relativa, porque me fascinan las películas malas, algunas de ellas basadas en libros que son best-sellers.
Antes de adentrarme en este vergonzoso tema, debo decir que me gusta el buen cine, el cine de arte y algo del cine de culto, disfruto mucho verlo, y me considero un decente espectador.
Ahora, sobre el otro tipo de cine, el comercial dominguero, tengo mucho que decir... Primero, me gusta el cine comercial gringo, películas románticas, dramas, pero sobre todo, y aquí tengo que confesar una verdadera afición, las de acción. Podría escusarme diciendo que me gustan porque a toda mi familia le gustan, y que así fui educada, pero es mucho más que eso. Me gustan, por un lado, las de aventuras y acción "clásicas"(Indiana Jones, Duro de Matar, Arma Mortal, James Bond, Los Piratas del Caribe, Hellboy); las apocalípticas, inclusive las malísimas como Poseidón, El día después de mañana, y otras sobre desastres naturales; pero, y esta es mi peor vergüenza, las basadas en best-seller. Compro boletos para las películas de Harry Potter con antelación, para poder verla el día del estreno (o al siguiente, no tardo más), veo varias veces en casa, casi cada que las pasan por cable, películas como El código Da Vinci, y otras cuyo título no puedo ni escribir.
Alejandra solía decirme que era muy exigente y ortodoxa, y que esto no siempre es bueno; que no puedo juzgar tan terriblemente a Paulo Cohelo si nunca lo he leído (y otros ejemplos sobre malos autores), pero yo creo que es como la caca, no sé de alguien que la haya probado, pero todos sabemos a priori, que sabe fea; o como el olor a muerto, aún sin haber olido alguna vez un cuerpo pudriéndose, el día que se huele, encontramos sólo una explicación a dicho olor. Así me pasa con esos libros. Sobre todo, porque caí en la tentación, y después no sólo no pude evitarla, sino que me fascinó (sí, Harry Potter es la tentación, lo leí por curiosidad científica, y terminé siendo GRAN aficionada a sus libros y películas). En materia de películas, considero que existen, según el ánimo del día en cuestión, diferentes tipos de películas, que satisfacen las necesidades (me podría excusar diciendo que es el cumplimiento del deseo inconsciente, pero también pensar que ver El código Da Vinci cumple algún deseo inconsciente, habla MUY mal de mi inconsciente), los días que estoy cursi o triste, nada como una película gringa romántica; si estoy intelectualoide, algo oriental o europeo, inclusive cine de arte gringo; si estoy echada de panza y lo único que quiero es entretenerme sin usar más de dos neuronas, no hay como una película gringa dominguera.
Así, y no de otra manera, es la situación. Además, Jesús Andrés dice que es padre verlas juntos, porque podemos burlarnos de la película todo el tiempo, y platicar mientras la vemos, sin perdernos algún detalle interesante.
Soy el remedio que me recetó el doctor para los días de cero actividad neuronal...

martes, 5 de mayo de 2009

Telenovelas


En estos días de encierro y paranoia (yo sólo he tenido lo primero) he pensado mucho en todos mis deseos oscuros y prohibidos, en todas esas cosas o situaciones que nos gustan mucho, pero nos avergüenza no sólo hacerlo en público, sino siquiera aceptarlo. Yo tengo varios, pero creo que con el tiempo algunos han dejado de estar escondidos, no sé por qué, tengo una necesidad perversa de contarle a mis amigos las cosas vergonzosas que me gusta hacer.
Por ejemplo, amo las telenovelas, la posibilidad de ver historias completamente ficticias y fuera de realidad, sobre personas que sufren de manera estúpida durante meses, sólo para terminar los protagonistas felices para siempre, y los malos en las peores circunstancias (cuando son arriesgados los escritores y directores, pueden hasta matarlos terriblemente, o morir en accidentes tontos). Me encanta que actúen tan mal, sobre todo porque sé que algunos de esos actores son excelentes (cuando uno los ve en teatro representando perfectamente un buen personaje, te das cuenta que lo otro también es actuación, no falta de capacidad o calidad), la idea de ir a trabajar y hacer tu trabajo de la peor manera, me parece fascinante. Por supuesto, es triste que sólo ahí se pueda, pues no me imagino a un médico llegando al hospital y decidiendo que ese día diagnosticará mal a todos sus pacientes y les recetará medicinas que los maten, sólo porque así gana más dinero (como pasa en las telenovelas). No pasa, triste, pero así es. Supongo que son las ventajas de que el trabajo actoral siempre implique ficción y temporalidad (sólo un personaje en un momento y lugar delimitado), porque los demás, que trabajamos fuera de ficción debemos siempre dar lo mejor de nosotros y hacer las cosas bien, pues de otra manera hay consecuencias perjudiciales para uno, o para los demás. Por supuesto, y he ahí el éxito de las telenovelas, hay mucha gente que cree que lo que sucede en ellas es real, o puede convertirse en realidad. Muchas personas, sobre todo mujeres (pues son quienes más ven telenovelas) saben que lo que sucede en la tele puede pasarles a ellas, que sólo se necesita mucha paciencia y desearlo de verdad. Maravilloso sería si así fuera el mundo, pero si este fuera el caso, seguro que nadie querría ver telenovelas, pues serían sólo documentales o parte de las noticias, y esto le quitaría el encanto.
Es como las películas de Disney, pasamos toda la infancia viendo princesas que se enamoran de príncipes que corresponden a su amor, pasan momentos de tristeza y dolor, pero todo es soportable porque después, cuando se casan, son felices para siempre. Es como pagar con un poco de dolor la felicidad que nos espera. Por supuesto, los golpes de la vida y el dolor que se vive realmente, no es tan hermoso como en la ficción, podemos pasar años, o toda nuestra vida sufriendo, esperando siempre el momento en que mágicamente nuestra situación va a cambiar, ¡como si eso fuera posible!
Tal vez, la razón por la que uno ve las telenovelas y las películas de Disney es más sencilla y no implica emitir un juicio tan terrible sobre el espectador; podría ser que uno las disfruta porque es la única manera en que podemos vivir historias con finales felices, pues sabemos que en realidad, estamos destinados al sufrimiento eterno, y sólo un poquito de felicidad...

lunes, 27 de abril de 2009

La limpieza ya no sera problema


Hoy estoy imaginativa, no sé si es el poder que tiene en mi el casco de la motocicleta (es decir, el casco que utilizo cuando me subo a la motocicleta), o la paranoia, o qué, pero lo importante es mi capacidad sublimatoria (licencia poética). Entonces, escribía yo, que tuve una epifanía: iniciaré un negocio maravilloso. (Importante es decir lo mucho que esta idea está influenciada por el cortometraje de Pedro Almodóvar, la Concejala antropófaga). Mi negocio se llamará: La limpieza ya no será problema.
Descripción del negocio: Una compañía encargada en prestar el servicio de limpieza de casa u oficinas, en el cual, los prestadores de servicio serán muchachos guapos y bien torneados (sus madres sí tomaron ácido fólico).
Sé que para los hombres esto no tendrá ningún atratictivo, pero para toda ama de casa, o mujer independiente, será un placer inigualable tener a un chico coquetón haciendo la limpieza... qué imagen más emocionante verlo fregar los pisos a la Cenicienta. Exquisito, pienso yo. Además, podremos promocionarnos con una publicidad comparativa: trabajamos en cualquier lugar en que la Vitacilina debe estar. ¡Ah, qué buena medicina!

Adivinanza


Antes de escribirla, confieso que soy pésima inventando chistes y adivinanzas, pero éste me pareció creativo y culto, pues implica un conocimiento en dos áreas de la ciencia.
¿Cuál es el ácido del chile?
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¡¡¡¡¡El ÁCIDO FÁLICO!!!!!

Ácido folico

Han estado pasando un montón de comerciales que promueven el consumo de ácido fólico, para evitar las malformaciones en los hijos (para cuando uno los tenga, antes no hay riesgo de malformación). Los comerciales, son muy ... no sé, supongo que raros, porque me hacen pensar cosas raras. Toda la temática es, que el niño(a) es bueno haciendo algo, pero querría hacer otra cosa y no puede porque su mamá no tomó ácido fólico antes y durante el embarazo.
Todas las respuestas a mis llimitaciones se encuentran en la falta de consumo de ácido fólico, por mi madre. Tantos años en análisis (tantos que el otro psicólogo con el que la mía comparte consultorio, se burla porque llevo TODA la vida yendo) tratando de entender qué puedo hacer, qué me gusta hacer, qué me ancla y delimita, para que la respuesta sea: ácido fólico. Así, tan sencillo. Si alguien conoce a quien hace estos comerciales, por favor pídale que me invite a actuar en uno de ellos. El guión podría ser algo así: Ariadna, le encanta leer, y es muy buena escribiendo (después, las siguientes escenas: yo cantando, yo tratando de resolver un problema matemático, yo corriendo un maratón, yo siendo amable con la gente), pero le encantaría saber cantar, entender la geometría analítica, correr un maratón, ser amable con la gente. Toma ácido fólico.
¡Maravilloso! JA JA JA. Está mal elaborado el discurso de ese comercial. Si todo lo que no podemos hacer es por el ácido fólico, en unos años, cuando la campaña funcione y todas las mujeres lo consuman, el mundo se llenará de genios y humanos capaces de hacer lo que sea; me aterra la posibilidad. Por supuesto que no estoy en contra del consumo de ácido fólico, todo lo contrario; pero tal vez deberían especificar que un niño tiene limitaciones por varias razones, no sólo porque su mamá no se lo tomaba; y bueno, al final, le fue bien, una de ellas sabe tocar el piano, el otro es bueno en ajedrez, podrían haber nacido con problemas en músculos y extremidades, y además, ser unos reverendos pendejos...

Leido y escribeido

Ambos padres míos leen ávidamente y buena literatura, y esto ha influido mucho en mi vida, pues yo leo mucho y me parece algo absolutamente necesario para vivir. Podría decir, que la mayor parte de la gente con la que me relaciono lee, mis amigas leen, Ángel lee mucho (no tanto como yo, jijiji), y esto es importante. Podría parecer algo insignificante cuando se trata de amistades, pero para mí es mucho más que eso, pues leer en general, y en particular lo que se lee, influye en la vida de quien lo hace, define su manera de hablar y en parte, de ver el mundo; por esto, creo que los lectores pueden dividirse en dos conjuntos diferentes, que tienen a su vez, dos subconjuntos, que pueden conjugarse con los otros conjuntos o subconjuntos.
Existen, primero, los que tienen un hábito de lectura, que siempre están leyendo un libro, y los que sólo leen de vez en cuando, o por moda. En el segundo conjunto, están los que leen literatura comercial, y los que leen "buena literatura".
Ahora, sobre el primer conjunto, evidentemente, consideramos reprobables a aquellos que sólo leen de vez en cuando. Del segundo conjunto, a los que leen literatura comercial. Lo siento, pero leer sólo Harry Potter, Crepúsculo, Paulo Cohelo, Carlos Cuauhtémoc Sánchez, Caldo de pollo para el alma, y cosas así, es vergonzoso, no todos ellos están bien escritos y son famosos no porque sean buenos, sino porque su publicidad es buena.
Reconozco que mis prejuicios literarios son grandes, me gusta leer premios Nobel, clásicos de la literatura, y también algunos muy reconocidos (con premios y reconocimientos internacionales), y otros que no son ni tan famosos ni tan reconocidos, pero cuyo estilo y temas me apasionan. Pero, no creo que mis prejuicios sean malos, es decir, tenemos una vida limitada, con tiempo para leer aún más limitado, y hay muchísimos libros que DEBO leer antes de morir (que, como esto es incierto, uno tiene que apurarse a hacerlo), y no es opción desperdiciar tan poco y preciado tiempo, en malos libros, o en pésimos autores.
Retomando la afirmación de que leer te brinda un nivel cultural y de lenguaje, tengo que escribir que esto está relacionado con la calidad del libro, la manera en que se lee, así como del tema (Me encanta leer las obras de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, pero sé que esto no me brinda un mejor vocabulario, en términos culturales). En la escuela siempre nos dijeron que leer mejoraba la ortografía, pero son pocas las personas que conozco que leen y tienen una muy buena ortografía o redacción, y mi explicación es que su manera de leer no es a conciencia.
Me parece indecente no reconocer, de entre mis conocidos, a una persona que lee excelentes libros, para ella leer es una necesidad existencial sin la que estaría incompleta, le dedica tiempo, dinero y todo su ser a los libros, y me hace sentir que no soy la única persona que se siente así cuando lee. Siempre recuerdo a quien ya no está, que también era así, pero ahora, sólo quedamos dos.
Propongo que todos nosotros dediquemos por lo menos dos horas a la semana a la lectura, a los buenos libros, y a sentir lo que otros escriben, esto engrandece el espíritu (¿?) y brinda muchas ideas, palabras y pensamientos que son imposibles conseguir de otra manera. Leo, luego escribo.

jueves, 23 de abril de 2009

No somos pobres, somos nacos


En palabras de mi padre, la naquez es un valor universal, así como la libertad y la vida, puesto que no respeta raza, religión, estado civil, condición social o económica, nadie está exento a ella y puede presentarse en cualquier situación. Así las cosas, deberíamos respetar y demandar el respeto a nuestra naquez en cada momento de nuestras vidas. Pero, antes, tal vez, deberíamos estar seguro de que entendemos el concepto, puesto que, para mí, es bastante ambiguo. La Real Academia de la Lengua Española define la palabra "naco(ca)" como indio, para los fines de nuestro país (divertido que en Uruguay signifique excremento sólido, especialmente el humano). En todoarquitectura.com tienen un diccionario de modismos que lo define como ignorante, pobre, mal educado. Finalmente, en el portaldemexico.com, lo definen como palabra despectiva, para denostar a quien se considera ordinario o de poca cultura. (y ponen, una maravillosa cita: pareces tambora de pueblo, hasta los nacos te tocan).

Con estas tres definiciones, podríamos generalizar que un naco en nuestro país es aquella persona pobre, de mal gusto, ordinario y con poca cultura. Yo, me atrevería a definir naco, en la actualidad, como aquella persona que no cumple los estándares sociales en determinadas situaciones, como son la vestimenta, la manera de expresarse y finalmente, de comportarse ante los demás. En dicho caso, me pregunto, quién define los estándares sociales (mi cabeza, en este momento, contesta: ¡el Manual de Carreño! dah...). Creo que esta pregunta no tiene una respuesta (sólo una, pues), por lo que daremos por sentado que los estándares sociales se basan en el Manual de Carreño y otros de buenas costumbres.

Antes, cuando mi abuelita era joven (y otras mujeres mucho más jóvenes que ellas), andar por la vida con minifaldas que exponen el código postal y la honra de toda una familia, estaba mal visto, pues sólo las señoritas de la vida alegre se vestían así (podemos catalogarlas como personas pobres, con poca cultura y demás, sin ánimo de ofender, por supuesto); pero ahora las mujeres, inclusive de buena familia, se visten así, porque está de moda. ¿Cómo poder llamarle a eso? ¿Son nacas? ¿O los estándares sociales han cambiado? Así sucede con muchas situaciones, ahora se utilizan palabras que antes sólo usaban los nacos; leer "literatura" (porque yo no creo que lo sea) sin calidad, y que no brinda una mayor cultura, es de nacos. Todo parece indicar que ser naco es el estándar social. ¿Esto quiere decir que los que respetamos los antiguos estándares somos los nacos?

Una amiga el otro día me comentó que sus primos decían sobre ellos mismos, que no es que fueran pobres, que eran nacos. Así de simple: ser naco es una forma de ser que, como valor universal, debemos respetar...

Y, ¿entonces qué seré yo?

lunes, 20 de abril de 2009

El Mundo de Toti

Jesús Andrés, mi hermano menor (de 12 años), es el mejor hermano que uno pueda desear, es cariñoso, divertido, inteligente, platicador, apapachador, sarcástico, un tipazo, pues. Sin duda, tiene muchas virtudes, pero la mejor de ellas es su capacidad de inventar cosas maravillosas, algunas de las cuales, han trascendido su existencia. Una de ellas, es el Mundo de Toti, el mejor y más maravilloso lugar del mundo.

Todo comenzó una tarde de domingo, hace 8 o 9 años, cuando viajábamos en el automóvil a casa de los abuelos putativos (míos, de él, sólo abuelos), mi hermano venía diciendo un montó de cosas sin sentido, cuando, de repente, una luz lo iluminó, se escuchó música celestial, y él abrió la boca para decir: En el mundo de Toti, se diría Toti Twan Tetoti. Nada más, así de genial fue todo... se creó un mundo solo para poder decir Obi Wan Kenobi de otra manera... el mundo de Toti. Escucharlo fue increíble, reí y reí hasta que mi estómago dolió, y después, me dí cuenta que mi hermano era una criatura especial, y que era un honor para mí estar tan cerca de él y poder vivirlo. Constaté la creación de un mundo mágico, utópico, en el que todas las situaciones imposibles de este mundo, eran posibles y bellas. Así, no más, el mundo de Toti es el lugar creado por Jesús para todas las necesidades que podamos tener.

Con el paso de tiempo, el concepto del mundo de Toti se ha expandido. Mis amigos, y toda la familia lo conoce, y desearian poder vivir ahí, o por lo menos, eso es lo que yo deseo. Si yo pudiera vivir en el mundo de Toti, además de hacer mi voluntad y someter al mundo a ella, correría por los campos cual Heidi, cantaría con una melodiosa voz (como la de la Sirenita, o de menos la de Billy Holiday), y podría dedicarme de lleno al ocio y los placeres... si yo pudiera vivir en el Mundo de Toti, jugaría todas las tardes Rummy con Jesús, y platicaríamos sobre los deseos que nos quitan el sueño, para incluirnos en su mundo. Algo así, si existiera el mundo de Toti, probablemente, yo no sería yo, o tal vez, sería capaz de trascender mi existencia y encontrar sufrimiento en un mundo perfecto, con la mejor compañía, pues al final, ésa es mi mejor virtud (¡¡y eso que tengo varias!!). Pero, me pregunto, qué haría su gran Creador en él, sería tan sarcástico y cariñoso como hasta ahora, o lo habríamos perdido todo...

Cuando sea grande quiero ser policia


El viernes por la tarde, disfrutaba yo de mi lectura y la vida pueblerina de Tlalpan, cuando una señorita me regaló la edición vespertina del periódico Crónica. Al principio, no le hice caso, pues estaba yo muy interesada leyendo la caza de ballenas (seguía leyendo Moby Dick), pero despues algo me distrajo en la plaza (la necesidad latente de estar enterada de los chismes) y decidí aprovechar esa distracción y hojear el periódico. Fue una excelente decisión, sin duda alguna, uno de los artículos comentaba la propuesta que existe de las compañías farmacéuticas (no estoy segura si de ellas tal cual) de regalar o "donar" liposucciones y medicamentos para los policías obesos y con sobrepeso. No pude contener las carcajadas, ni el movimiento piesero de felicidad, era simplemente ¡maravilloso! ¡Una propuesta para regalar liposucciones! Esta es la clase de cosas que me hacen amar a mi patria, estos pequeños detalles que me hacen sentir orgullosa del país en el que vivo; ahora, en plena crisis mundial, con problemas económicos en todos los niveles y posibilidades, alguien quiere regalar liposucciones.
Uno de mis tíos es cirujano plástico estético, y cada vez que lo veo cotizo alguna opción cuchillera para mejorar mi belleza, tristemente, siempre recibo por respuesta una negativa, ningún procedimiento médico para mí, no no no, que así estoy bella y no necesito nada más, que no sea exagerada, y cosas así, que por un lado me frustran, pero por el otro me levantan el ego. Ahora, con esta nueva propuesta policiaca, decidí que siempre escogí el camino incorrecto: la familia. Lo que yo deberia hacer es convertirme en policía, engordar mucho, y después esperar una liposucción gratis.
Antes de desarrollar todo el plan macabro para hacerme bella, delgada y gracil (sí, también creo que soy una señorita casadera, como las Hermanastras de Cenicienta), pensé que era el colmo de los colmos y una verdadera vergüenza esta propuesta, no por quien la propuso, sino por lo que implica. Uno no nace obeso (bueno, algunos si, pero no es de a gratis), y si los policías están obesos, es porque ellos mismos así lo han decidido, inconsciente o conscientemente, pero su decisión al fin y al cabo. Nadie puede tener una mala alimentación y una manera poco sana de vivir y pretender un cuerpo como el de Brad Pitt; si esto fuera posible, estaría yo aún mas feliz de vivir aquí, y por supuesto, cometería cuanta infracción me fuera posible para pasar por lo menos unos segundos admirando al poli-Bradpittense. Pero no, no pasa, ni en el mejor de los sueños o película de Disney, eso no pasa. Si uno vive de manera poco sana, los resultados serán iguales, poco sanos.
Por supuesto, muchas veces me pregunto cómo es posible que no exista un control sobre la salud de los policías, exámenes, horarios de ejercicio, no sé, alguna opción para que tremendos toneles no anden por la vida con nuestra seguridad en las manos. ¿No sería esto mucho más sencillo y congruente? Además, si la salud es una responsabilidad del Estado, entonces las liposucciones y los bypass gástricos deberían poderse incluir en los seguros sociales y de gastos médicos. Por que, si para un policía es indispensable esto, y solucionarlo vía liposucción es el único camino, debemos promover (supongo, que en el Mundo de Toti, seria el Partido Verde quien lo promovería) una ley que obligue al Estado a pagar a quien por salud lo necesite, un bypass o una lipo, ¡Sí que sí! Que no se diga que no somos un Estado Benefactor.
Si esta propuesta se concreta, me veré en la terrible necesidad de convertirme en policía, enlistarme para la liposucción, y después, con mi cuerpazo cual Olga Breeski en sus buenos tiempos, pararme en un semáforo de Insurgentes a organizar el tránsito, deseando escuchar los mejores piropos existentes (y por existir) y, literalmente, parar el tránsito; y cuando mi horario de trabajo terminara, subirme a mi motocicleta policial BMW. Sí, cuando sea grande, voy a ser policía...

lunes, 13 de abril de 2009

La bella durmiente


Todo parecía indicar que la noche de mi domingo sería maravillosa, finalmente iban a pasar La Bella Durmiente en el canal de Disney y, como deberán saber, ya que es mi película favorita, la emoción que corría en mí era prácticamente incontenible. En cuanto apareció el Castillo de Disney, mis piecitos comenzaron a moverse, y en el primer compás de música que aparece en la película (cuando presentan los créditos) comencé a cantar. Era maravilloso, después de tantos años podría volver a ver a Aurora y cantar cantar cantar. Se abrió el libro, y el narrador comenzó a hablar, ¡qué emoción! Pero, en cuanto los personajes empezaron a "actuar" (una licencia poética, puesto que una caricatura NO puede actuar, lo sé) noté que las voces habían sido cambiadas; ya no eran las de antes, sino que habían contratado a otras personas para hacerlas, y esto no me gustó. ¿Qué derecho tiene Disney de hacer eso?

Ojalá ahí hubiese terminado mi frustración, pero no fue así. Rosa caminaba por el bosque buscando fresas, y platicaba con los animalitos sobre ése hombre que había conocido una vez, en un sueño y... entonces... se escucharon las primeras notas de la canción que más me apasiona... y ¡DEMONIOS! ¡la letra de la canción tampoco era la misma! ¡Alguien se atrevió a cambiarla! Por poco y se me salen las lágrimas, no era para menos, pero el desconcierto que me ahogaba podía más, así que no lloré y comencé a pensar. Ángel, al verme, me preguntó cuántas veces había visto la película (supongo que era una pregunta retórica, pues recité TODOS los diálogos de ella, así que lo obvio sería que muchas veces, suficientes como para sabérmela de memoria), y al responder que por lo menos 150, no pudo argumentar que tal vez yo no me supiera la canción bien; tenía yo razón: cambiaron la letra de la canción. Y no sólo de ésa, sino de todas las canciones de la películas ¡TODAS!
Estoy deshecha, alguien se atrevió a corromper algo sagrado (una película de Disney vista en la infancia SIEMPRE es algo sagrado), todavía sería soportable que sólo hubieran cambiado las voces, pero ¿qué necesidad había para cambiar la letra de las canciones? ¿Por qué? ¿Cómo podemos los ahora adultos basar nuestras vidas en películas que cambian? Y sí, digo basar, porque cualquier vivencia en la infancia, a quien la vive le parece trascendental, y lo es. La maravilla del cine, a diferencia del teatro, es que es un arte que permanece, no algo que también puede cambiar con el tiempo.
Me gustaría pensar que existe una razón de peso para que este cambio se haya realizado, pero, la verdad, me gustaría más que no existieran, y que todas las películas de Disney permanecieran como yo las recuerdo...

jueves, 9 de abril de 2009

Derechos sobre la propia familia

Matando un poco la espera y el insomnio (es decir, no tener sueño a media noche después de dormir casi todo el día) navegué por el Hi5 de algún conocido y, al leer lo que alguien escribió, recordé mi teoría sobre los derechos que tenemos sobre nuestra familia. Que el título de esto se llame derechos sobre la propia familia , especifica que son derechos que sólo tiene y puede ejercer un miembro de una familia, nadie más, ni siquiera la familia política.

Por supuesto, este derecho es el de pendejear o tratar mal a los miembros de nuestra familia. Eso está bien, todos los hermanos nos tratamos mal entre nosotros, nos ofendemos, si tenemos suerte los golpeamos (yo nunca la he tenido... aunque mi hermano mayor sí), y enunciamos con diligencia digna de Premio Nóbel los defectos de nuestra familia, de todos los miembros que la integran. Tengo que hacer una aclaración, no todos lo hacen, sin duda los que tienen un gran Edipo no son capaces de aceptar los defectos de su respectiva Yocasta, pero todos los demás, sí.

Eso me pasa a mí con mucha frecuencia, entre mi capacidad de análisis, mi memoria cuasi-Funesta y mi intuición, logro notar los defectos de mi familia, y desgraciadamente, a veces descarto la prudencia de no comentarlos con los demás, lo cual ocasiona graves problemas (de ahí, la necesidad de escribir esto). Yo puedo hablar tan mal como quiera de mis padres, hermanos, tíos y el resto de mi familia, pero maldito sea aquél que se atreva a decir algo así (con excepción de las ocasiones en las que necesito apoyo y empatía, y no de cualquier persona, en realidad sólo de tres). No creo que exista alguna persona que pueda permitir escuchar a alguien más pendejear a su familia, o criticarlos. Eso no se hace, y mucho menos si se ha expresado molestia ante esto. ¿Cómo puede alguien pensar que nos gusta que lo hagan, que nos parece aceptable o incluso que podemos escucharlo con gusto? No no no no no.
Existen ciertos temas y comentarios que sólo debe hacer quien tiene una relación con el agresor. Es como hablar mal del novio(a) de alguien cuando están peleados, en cosa de nada ya se reconciliaron, pero las palabras que uno expresó sobre esa persona permanecerán para siempre en la mente del amigo, a quien sólo se lo dijimos por ser empáticos. No es prudente, pero más aún, puede ser contraproducente, pues en un descuido, escucharemos a esa persona hablar mal de quienes más queremos, y nosotros tampoco podremos olvidarlo nunca.

sábado, 4 de abril de 2009

La vida muda


Sé que uno debe ser prudente cuando emite juicios sobre el trabajo profesional de otras personas, sobre todo, porque uno nunca sabe qué pasará después, y cómo puede afectarte lo que hayas dicho; así, procuro ser reservada cuando opino sobre teatro, pues es el mundo de Ángel, y no me gustaría que su trabajo se viera afectado por mi verbalización. Hoy, violentando dicha producencia, he decidido escribir MUY MAL sobre una obra de teatro.
La obra, titulada La vida muda, se presentó en el Teatro de la Paz (afortunadamente la temporada terminó el domingo), era un unipersonal (por favor, alguien dígame qué significa esto) de Trejoluna, un actor que alguien dijo que era famoso, y digo alguien, porque yo no lo había visto nunca en teatro, ni había escuchado su nombre. La obra comienza de manera extraña, un poco de juego corporal, el personaje (Ciriaco) comienza a hablar sobre los cambios en la vida, los diferentes tiempos, y otras cosas que pretendía ser intensas y profundas pero no eran más que un mal viaje digno de un adolescente marihuano; por un motivo incierto, el personaje comenzó a jadear y toser (supongo que tenía tuberculosis, o enfisema, o algo así) durante 10 minutos ¡COMPLETOS!, caminaba de un lado al otro del escenario sólo jadeando. Ahí debí de haber huído del teatro, pero el lugar en que decidimos sentarnos implicaba molestar a otros espectadores, y eso no es correcto. Tosió y tosió hasta que dejó de toser y siguió hablando... y ahí Dios nos agarró a todos no confesados... Siguieron 25 minutos ETERNOS del actor haciendo malabares o alguna pendejada en una hamaca (en las que uno SÓLO debe echarse, pues para eso se crearon) vestido sólo con un pañal para adultos, mientras pasaban imágenes de "algo", que no era claro ni el motivo ni el fin ni la causa ni nada de nada. Afortunadamente, dejó de hacerlo... para convertirse en un boxeador que brincó cual duendesito feliz otros 10 minutos... yo deseaba que eso terminara, o por lo menos que todavía entregaran tomates podridos con el programa de mano para poder aventárselo al actor, pero no sucedió; él felizmente comenzó a bailar con un vestido, después a ponerse máscaras; y depués yo cerré los ojos para contener a mi bestia.
Por supuesto, no aplaudí cuando terminó la cosa esta, salimos lo más pronto posible, y comenzamos a mentar madres. Estoy molesta por ese montaje, primero porque dicen que es teatro y no, éso no es teatro, no tiene un discurso, no tiene lógica, congruencia, y parece que el director no vio la obra nunca, es más, que ni la leyó. Es indignante que engañen así al espectador, que no muestren ningún respeto por nosotros; todo montaje (teatro, danza, performance, música, etc.) debe ser lo que ofrecen que es, no algo más. No se puede cobrar un boleto para que el espectador pase hora y media viendo cómo un actor hace pendejadas que sólo él entiende y disfruta. Todo esto es un claro ejemplo de lo que Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio escribió en su blog titulado "De qué se ríen". Ahí estamos los espectadores manteniendo porquerías que dicen ser teatro, permitiendo que ellos utilicen recursos públicos, y además acaparen espacios que bien podrían ser utilizados por actores profesionales (es decir, que saben llevar con ética y dignidad su profesión) en cualquier cantidad de montajes que sí valen la pena.
Levanto la voz y expreso mi absoluta molestia ante este montaje, esperando que quien me lea y quiera o sea espectador teatral, se manifieste también en contra de esto que dicen llamar teatro.

viernes, 3 de abril de 2009

Tejedoras

Como consecuencias de la liberación femenina y la necesidad de igualdad de sexo, a las mujeres ya no se nos enseñan muchas cosas durante la infancia: coser a máquina, bordar, tejer, planchar y demás actividades meramente de ama de casa. Ahora todas sabemos hacer las cosas que hacen los hombres, jugamos futbol, americano, juegos de video, y cualquier otro que anteriormente estaban destinadas a los niños.

Es un poco triste, a mi parecer, que las mujeres ya no realicen actividades creativas como las mujeres de antes. Mi bisabuela, por ejemplo, tejió el mantel que sigue en la mesa del comedor, bolsas con chaquira, rafia, pañuelos femeninos, vestidos, blusas, y un montón de cosas maravillosas. Mi abuela (su hija), no es y parece que nunca fue, muy creativa con las manos, es más bien una mujer tosca y práctica (sigue comentando que cuando se casó, no quería dejar de trabajar), pero aún así sabe tejer y bordar. Su hija (mi tía, hermana de mi papá) sigue tejiendo con regularidad, y es una experta en estos menesteres. Mi madre también sabe tejer, y gusta mucho de bordar a punto de cruz cuanto patrón se le atraviesa.

De niños, mi hermano Adriano y yo, pasábamos mucho tiempo en casa de mis abuelos, y ahí aprendí a hacer como que tejía (soy zurda, y mi abuela no pudo nunca enseñarme cómo tejer, y no nunca supe aprender de una diestra), a bordar punto de cruz, coser, remendar, planchar, y otras actividades femeninas. Con el tiempo, dejé de hacerlo, un poco porque como adolescente tenía otras prioridades y gustos, y otro poco porque no era productivo hacerlo (o eso sentía yo).

Hace tres años decidí que tenía que aprender a tejer, así que le pedí a mi tía que me enseñara; nos costó mucho trabajo encontrar una técnica en la que yo pudiera aprender, pero finalmente lo conseguimos (se sentaba ella frente a mí, y como espejo, repetía yo lo que ella hacía, por supuesto, al revés). Al mismo tiempo, mi mejor amiga aprendió a tejer con su mamá, así que decidimos tejer juntas, para hacer nuestras horas viendo películas y chismeando algo más productivo. Creo que ella ya no teje, pero yo seguí tejiendo, cada vez más, y aprendiendo a hacer diferentes puntos y moldes.

Me encanta, tejer me parece una actividad muy relajante, productiva, y funcional, pues lo puedo hacer mientras veo la tele, escucho música, o pierdo el tiempo. Es un hobby productivo, que además puede después usarse (literalmente), así que no me siento desperdiciando dinero y bienes en algo que permanece guardado en algún lugar de mi casa y recuerdos. Lo que no me gusta, y de ahí el motivo de escribirlo, es que ninguna otra de mis amigas lo hace, y socialmente, sólo las señoras lo hacen.

Seguramente todos hemos visto en el metro o el camión a la señora que viene teje y teje mientras llega a su destino, pero de ahí en fuera, no se ve. A mí me gustaría ir al cine y en vez de comer palomitas, tejer mientras veo la película, o sentarme en un cafesito y tejer, pero me da pena. Tal vez no debería sentirme así, pues podría decir que tampoco es costumbre ver a alguien sentado solo en algún café leyendo Moby Dick (mi lectura actual), y lo hago sin vergüenza alguna, pero tejer, eso sí me da pena.

Ayer decidí ir a comprar estambre y unos ganchos para tejer un nuevo punto que descubrí en internet (ahora ya puedo aprender en youtube y en blogger un montón de patrones, explicados fácilmente), y qué sorpresa fue entrar en la tienda: estaba repleta de mujeres de más de 50 años, todas ellas en clase (en todas las tiendas de estambre dan clases de tejido, sólo hay que comprar ahí el estambre, y la clase es gratis), platicando y comprando estambres, mientras otras mujeres (no tan mayores, pero sin duda ninguna de menos de 30, y yo, mucho más joven) esperábamos que nos atendieran para comprar estambre. Me engenté inmediatamente, pero decidí controlarme porque Ángel parecía querer asesinarlas a todas a punta de crochet, era como estar en el metro a las 6 de la tarde, o entrando a un partido Pumas-América. Me sentí completamente fuera de lugar, invadiendo un espacio que pertenece a las señoras, no a las jovencitas inútiles de ahora, pero decidí que no sólo no me importaba, sino que además lucharía contra esta situación.

Todos, hombres y mujeres, podríamos tejer y crear muchas cosas hermosas y producto de nuestra imaginación (o necesidad), podríamos también, como lo hago yo todas las noches, tejer cual Penélope esperando a nuestro amor frente a la ventana, salir a platicar y bordar unas casitas a punto de cruz y, después, sentirnos productivas y un poco más autosuficientes. ¿Por qué ya no pasa? ¿Qué hemos perdido con esta necesidad de igualdad?

¿Que ya nadie tiene sentimientos por tejer?

jueves, 2 de abril de 2009

Tecnicas de limpieza

He notado, con mucha frecuencia, que las personas tienen diferentes definiciones del concepto limpio (no pretendo justificarlo apoyando duchas definiciones en la teoría de Lacan) y esto me produce un desconcierto. A mi entender, existen tres tipos de conceptos, los claros, los ambiguos y los inentendibles; por supuesto estos últimos no me causan conflicto, puesto que nunca he pretendido compartir con otra persona lo que yo entiendo por esa definición, pero los primeros me confunden mucho.

Al decir que un concepto es claro, me refiero a que en general la gente entiende lo mismo cuando se le nombra, por ejemplo el cielo, nunca he escuchado que alguien conciba el cielo como el espacio que existe entre las frutas (por decir). En el conjunto de conceptos claros yo incluía limpio, puesto que no me parece difícil definirlo, encontrar su opuesto, o reconocerlo.

Desgraciadamente, hoy fracasó mi generalización, pues me di cuenta de que puede ser un concepto claro, pero que sólo se encuentra en el Topus Uranus y que no hay manera alguna de alcanzarlo. Terrible derrota es esta para mí, pues la limpieza y el estado limpio que deben guardar los objetos es muy importante en mi vida (procuro mantener así mis posesiones y espacio), y saber que es casi imposible lograrlo, me hace sentir perdida en un mundo sucio del que no podré salir.

Si tuviera una varita mágica, o mejor aún, la posibilidad de someter el mundo a mis deseos, todo podría estar limpio, y digo podría porque si todo estuviera todo el tiempo limpio, no podría limpiarlo y esto tampoco es un deseo mío, pues acepto que la satisfacción no es sólo que esté limpio, sino haber llegado hasta allá.