Me fascinan las plumas fuente más que cualquier otro artículo de papelería (y déjenme decirles que amo la papelería en general, en particular, y como entelequia). Recuerdo la primera que tuve, me la compró mi papá para mi cumpleaños 9, recuerdo no sólo que era un modelo muy popular (que aquí quiere decir que mi tía Coquis también tenía una), sino todo lo relacionado con ella: estábamos en la asamblea (era viernes, y en la primaria todos los viernes había asamblea) cuando volteé a una de las puertas y ahí estaba mi papá, sonriéndome mientras, lentamente, metía su mano en la bolsa de la camisa y sacaba con mucha sutileza la pluma... se me cortó la respiración, ahí estaba mi preciada y añorada Pluma Fuente... todavía lo recuerdo como si fuera ayer, todo, un momento tan importante en mi vida (aunque yo no lo supiera en ese momento, como siempre pasa). No recuerdo qué pasó entre ese momento, la presentación, y que comencé a escribir, mis siguientes recuerdos son con la pluma, usándola y disfrutándola. Tampoco recuerdo qué le pasó (yo nunca he sido de perder las cosas, así que seguro no se me perdió, o recordaría ese trauma), pero a partir de ella desarrollé un vínculo invisible con las plumas fuentes.
Sí, uno podría pensar que es sólo una pluma, que es una farolada y que no hay motivo alguno para su existencia, pero no es así. Para mí, que soy zurda, las plumas fuente han sido el único medio que tengo para escribir sin sufrirlo (porque, para mí, escribir en la compu no es lo mismo, no es escribir) y además uno que disfruto muchísimo (escribir, aunque termine con mi pobre callito adolorido y lleno de tinta).

Uno de mis deseos ocultos es comprarme una pluma fuente antigua, con todo y tintero, y usarla para escribir... eso sería digno de una gran historia, tal vez, hasta podría ser mi vida, siempre y cuando no se quede sólo en el tintero (que es aquél lugar en el que se quedan los asuntos pendientes).
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¿Soy sólo yo?